Tiburón 5 y otras secuelas absurdas que se hicieron sin permiso

Secuelas en el cine hay muchas. Incluso muchas de ellas mejoran la película flamante. Obviamente igualmente, hay secuelas muy malas, productos horribles que no sabemos como pudieron salir delante. Y luego están las “otras” secuelas. Este es el peña de películas que se hicieron “porque sí”, sin permiso alguno.

Lo cierto es que no todas las secuelas son tratadas con el mimo y reverencia que deberían. Es más, a veces las cuestiones sobre los derechos u otros factores legales no tienen ninguna importancia para los directores decididos a resistir a mango una secuela. El resultado, como podemos imaginar y ahora veremos en los trailers, es que muchas de ellas son difíciles de inmovilizar incluso como película de serie “b”. Empezamos:

Raging Bull 2

Hacer una secuela está adecuadamente, pero si vas a hacer una secuela de un clásico del cine como fue la obra de Scorsese debes intentar hacer poco digno. Claro que si eres el propio Jake LaMotta, el pugilista en la vida auténtico al que daba vida De Niro, la cosa cambia.

En el 2012 LaMotta firmó un acuerdo para adaptar su manual, Raging Bull 2, para una película producida por RB II Productions. Esto era aparentemente una violación de un acuerdo que hizo LaMotta con MGM para la flamante, el cual concedía al estudio el derecho a negarse para una posible secuela.

En el 2012 MGM archivó la demanda y los productores de la secuela acordaron cambiar el título a The Bronx Bull y proponer públicamente de que no tenía falta que ver con la flamante. La película acabó lanzándose en vídeo en el 2017.

Easy Rider: The Ride Back

Una cosa parecía clara, el destino de Peter Fonda y Dennis Hopper en el clásico de los 60 no hacía presagiar la posibilidad de una segunda parte.

Eso no disuadió al abogado de Ohio Phil Pitzer. El hombre decidió que quería rodar una secuela de bajo presupuesto en el 2004 basándose en la premisa de que los derechos estaban disponibles luego de que una transferencia de propiedad enrevesada, una especie de malogrado reglamentario según el hombre.

El resultado: Pitzer acabó haciéndola, aunque estaba consternado al descubrir que no le permitían usar fotogramas del flamante. La película se puede adscribir como un truño.

Zombi 2

El clásico de George Romero del 78, Dawn of the Dead, igualmente sufrió una secuela al año venidero. Zombi 2 fue obra del director italiano Lucio Fulci, quién se embarcó en una secuela que no tenía conexión reglamentario ni con el film ni con Romero. Por cierto, la película estaba ubicada en una isla caribeña habitada por no-muertos e incorporaba vudú. Le siguieron Zombi 3 y Zombi 4.

Jaws 5: Cruel Jaws

Tras el final intento (reglamentario) de Universal con Jaws: The Revenge por explotar la pita de los huevos de oro del clásico de Spielberg, parecía que la dinastía del tiburón había llegado a su fin.

Resulta que no. El director italiano Bruno Mattei decidió hacer una contribución al arte incongruencia y sin permiso en 1995. Lo hizo con Jaws 5 : Cruel Jaws, una película que utiliza los existencias con moderación, principalmente porque utilizó imágenes de las otras películas de la dinastía prestadas. Mattei igualmente se “agenció” como tema principal el tema musical de Star Wars.

War, Inc.

Esta es curiosa. En 1997 John Cusack protagonizaba Grosse Pointe Blank, un film donde hacía de un homicida a sueldo que acudía a una reunión de antiguos alumnos de su instituto. La película no era gran cosa pero fue un éxito de taquilla.

Resulta que el 2008 Cusack co-escribió y produjo War, Inc., otra comedia negra sobre un sicario (Cusack). La película era una secuela del film de los 90, pero una secuela no autorizada.

Road To Hell

En 1984 se estrenaba una pequeña película de culto: Street of Fire. Una especie de película del Oeste urbano dirigida por Walter Hill con pandilla sonora de Ry Cooder. La película consiguió muchísimos fans como el director Albert Pyun.

¿Qué haces si te mueres por hacer una secuela de una película de culto pero no tienes los derechos? Pues la haces. Pyun, un admirador de la ópera rock flamante de 1984, contrató a la hado Michael Paré para una producción de bajo presupuesto en el 2008 bajo el título de Road to Hell.

Never Say Never Again

Vale, esta es la única de las versiones sin permiso que no podemos adscribir de absurda. De hecho, es quizás la secuela más audaz y la primera que efectivamente trastornó a los titulares de derechos correcto a su éxito.

El productor Kevin McClory usó utensilios de la historia desarrollados durante las filmaciones de la peli de Bond Thunderball para hacer su propia película del agente. [MentalFloss]


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