‘The Idea Factory’, una (no tan) breve historia de las Telecomunicaciones

Hoy en día damos algunas cosas por sentadas. Por ejemplo que en las empresas tecnológicas hay departamentos de I+D que investigan y desarrollan productos de una forma estructurada. O que las telecomunicaciones funcionan, simplemente. Y cuando nos planteamos si hay alguna relación entre ambas cosas podemos descubrir que más de lo que pensamos.

El volumen The Idea Factory: Bell Labs and the Great Age of American Innovation cuenta, de una forma amena y clara, la historia de las investigaciones, descubrimientos e invenciones de los Bell Labs de AT&T, desde principios del siglo XX hasta que la gran compañía de telefonía chaqueta fue partida en las Baby Bells por monopolio. Y no solo cuenta lo que investigaron, descubrieron e inventaron, sino todavía por qué lo lograron, cual fue su maniquí. Y estoy convencido de que para los habituales de Xataka este volumen sería una ojeada apasionante.

Los Bell Labs inventaron las telecomunicaciones

Es cierto que Graham Bell puede que no fuera el único inventor del teléfono en 1875, solo el que logró registrar la cédula ayer y la defendió con todos sus fortuna en los tribunales. Y ese fue el inicio de las telecomunicaciones, si exceptuamos sistemas poco más primitivos como la telegrafía óptica y eléctrica.

A partir de ahí sí podemos sostener una cosa: lo que es cierto es que desde la empresa que fundó Graham Bell, la American Telephone and Telegram Company (AT&T) se inventó mucho, muchísimo. Soy ingeniero de telecomunicaciones y podría sostener que el 99% de lo que se estudia en la carrera surgió en dicha compañía.

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Pero no solo esto, todavía se creó en dicha empresa una forma estructurada de investigar e inventar. Crearon lo que hoy es suficiente popular en las empresas tecnológicas, laboratorios donde investigadores de múltiples disciplinas crean nuevos productos y servicios a partir de una inversión potente en fortuna humanos y materiales. Algo que hoy es ordinario no lo era a principios del siglo XX, donde las invenciones eran poco reservado a “locos” apasionados por un tema.

Pero desde AT&T se crearon los Bell Labs y con estructuras que nos parecen hoy suficiente comunes (como espacios abiertos, laboratorios multidisciplinares, espacios comunes para bonificar el intercambio de ideas) lograron una serie de avances tecnológicos que hoy se estudian sin mirar mucho al pasado como los fundamentos de las comunicaciones modernas.

Es cierto que algunas de las cosas que salieron de los Bell Labs fueron investigaciones individuales, como la teoría de la comunicación de Shannon. Pero ahí estaba AT&T pagándole el sueldo por pensar y crear un maniquí matemático que permite, por ejemplo, que el aumento de la velocidad de las redes de comunicaciones sea una existencia.

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Otros inventos, como las comunicaciones por comparsa, fueron una colaboración público-privada con la NASA. Y otras a las que llegaron tarde, como la fibra óptica, fueron impulsadas por investigadores desde fuera de la compañía, pero los Bell Labs fueron los que lograron hacer un producto viable.

La pregunta obvia que se pueden hacer nuestros lectores es si hacen yerro conocimientos técnicos para disfrutar de este volumen. Y la respuesta es que no. Está todo explicado muy proporcionadamente, desde una perspectiva histórica, y sin entrar en exceso en detalles técnicos. Sí, hablará de lo que son los amplificadores de estado sólido, pero simplemente en un par de líneas y luego explicará por qué son importantes y el proceso hasta ganar inventarlos. Y así todo.

Bell Labs, grandes inventos pero con época de caducidad

¿Queréis aprender cómo los Bell Labs inventaron las telecomunicaciones modernas? ¿Queréis aprender cómo inventaron el I+D empresarial innovador? ¿Queréis aprender cómo se inventaron las válvulas de malogrado, las antenas de claxon, los radioenlaces, el transistor, las guías de onda, la teoría de la comunicación, el teorema de Nyquist, la modulación PCM (en normal muestrear y transmitir en digital), el fotodiodo y las placas solares, la fibra óptica y las comunicaciones ópticas, los cables submarinos, los satélites y las comunicaciones por comparsa, la telefonía móvil (tanto de forma conceptual como experiencia)? ¿Queréis aprender la historia de Shannon, Nyquist o Shockley? Entonces no os podéis perder el volumen The Idea Factory: Bell Labs and the Great Age of American Innovation, una estupenda ojeada de historia tecnológica que define nuestro presente.

También es importante descubrir el volumen para entender cómo los monopolios logran impulsar muchas veces los desarrollos tecnológicos, ya que los ingresos “garantizados” generan un sobrante de fortuna suficiente para investigar que posiblemente no existiría en un entorno competitivo (de ahí que haya tanto I+D e inventos en los Google, Facebook o Apple, que en sus respectivas áreas tienen cuotas casi monopolíticas).

Y es que este es un tema fundamental, digno de un observación profundo sobre quién lidera la innovación y por qué. En un entorno ultracompetitivo las empresas son tan eficientes que no tienen beneficio para investigar en temas que se salgan un poco de su foco. Y son estas investigaciones las que pueden traer grandes beneficios a la humanidad. Sin AT&T no hubiera sido un monopolio no tendríamos la penetración que tenemos a día de hoy de las telecomunicaciones modernas. De no ocurrir existido una subvención de las llamadas de larga distancia a las locales no habría habido un despliegue tan vasto de usuarios, no habría tenido los ingresos que tuvo y no habría dedicado fortuna a cosas tan raras como las comunicaciones por comparsa, que a día de hoy casi nada se usan para comunicaciones de voz pero sí para datos, televisión o sistemas GPS.

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El volumen todavía explica en detalle cómo logró poco tan impopular en EEUU, ganar ser un monopolio calificado durante décadas. Y esto es por unas relaciones políticas muy importantes, por ejemplo investigando pasivamente en proyectos militares, sabiendo que el Departamento de Defensa les apoyaría para impedir su partición. Pero en 1984 no lograron evitar que la empresa se partiera y que los Bell Labs acabaran en una de las baby Bells, Lucent.

Curiosamente Lucent luego se fusionó con Alcatel. Es difícil sobrevivir siendo pequeño en un entorno competitivo. Y ahí se queda el volumen, pues no llega a la compra de Nokia. Es sostener, los Bell Labs ahora pertencen a una empresa finlandesa, líder mundial en abastecimiento de red pero más famosa por su gran dominio la decenio pasada en la fabricación de teléfonos móviles.

Imagen | Amanjeev


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