Sin quererlo, los científicos están ayudando a los cazadores furtivos a acabar con especies en peligro de extinción

Si buscas en Google “Gecko de la cueva chino” seguramente te encontrarás páginas que intentan venderlo por 150 dólares estadounidenses (gastos de remesa incluidos). Se prostitución de una especie animal muy extraña que forma parte de una índice cada vez más alto de animales que están en peligro de terminación por omisión del mercado infausto.

Lo más impresionante es que el comercio ilegal del gecko de la cueva chino no existía hasta que fue descrito por los científicos a principios de siglo. No se prostitución de un caso marginado; los cazadores furtivos se dedican a indagar en publicaciones científicas para conseguir información sobre la situación y los hábitats de las especies raras que acaban de ser descubiertas.

Tal y como planteábamos en un artículo publicado hoy en la revista Science, puede que los científicos debamos replantearnos la cantidad de información que publicamos. Resulta irónico que los principios de dispensado golpe y transparencia hayan resultado en bases de datos online con todo riqueza de detalles que suponen una amenaza para las especies en peligro de terminación.

Es poco que hemos vivido en primera persona tras investigar sobre el lagarto-gusano de cola rosa, otro animal en peligro de terminación. Se prostitución de una especie que se parece a una serpiente y que se encuentra en algunas zonas de Australia. Los biólogos están en la obligación de aportar datos sobre la situación de todos los especímenes que descubran y compartirla en un atlas de fauna animal mundial.

Los cazadores furtivos se dedican a indagar en publicaciones científicas para conseguir información sobre la situación y los hábitats de las especies raras que acaban de ser descubiertas.

Poco a posteriori de divulgar la información, los terratenientes con los que habíamos colaborado nos avisaron de que empezaron a encontrarse con intrusos en sus tierras que habían obtenido la información por Internet. Esto no solamente pone en peligro a los animales, sino que incluso empeora las relaciones entre los científicos y los terratenientes.

pink tailed El lagarto-gusano de pan dulce rosa (Aprasia parapulchella), una especie en peligro de terminación (Matt – Wikipedia)

El comercio ilegal de animales silvestres online se ha disparado y ya son varias las especies que han sido descritas recientemente y que poco a posteriori de aparecer en la letras científica han sido devastadas por la caza furtiva. Los animales que están especialmente en peligro son los que habitan en zonas especializadas y limitadas geográficamente, puesto que se pueden identificar con más facilidad.

Pero la caza furtiva no es el único problema que se ha manido agravado por el golpe dispensado a la información sobre especies exóticas y en peligro de terminación. Los amantes de la naturaleza más extremistas no dejan de rastrear artículos científicos, informes gubernamentales y de ONGs, así como atlas de fauna salvaje a fin de encontrar especies raras para fotografiarlas u obtener más información.

Esto es poco que puede ser muy perjudicial para los animales, destruyendo sus microhábitats y propagando enfermedades. Un ejemplo provocativo es el brote fresco en Europa de un hongo quítrido en anfibios que se “come” la piel de las salamandras.

Este patógeno ha sido introducido desde Asia por el mercado infausto de especies salvajes y ya ha fracasado con varias poblaciones de salamandra popular.

Reconsiderando el golpe sin restricciones

Istock 517157144 Varias poblaciones de salamandra popular se han manido afectadas por enfermedades propagadas por el tráfico ilegal de fauna salvaje

En tiempos donde los cazadores furtivos pueden obtener todo tipo de datos científicos actualizados, es necesario reconsiderar urgentemente si es apropiado que datos como la ubicación detallada o el hábitat de las especies estén a disposición de dominio manifiesto.

Creemos que ayer de divulgar poco, los científicos deberían preguntarse hasta qué punto la información publicada va a servir de ayuda para la conservación de la especie, si la especie es pasivo en presencia de posibles intrusos, a qué ritmo crece la población y si puede ser objetivo de cazadores furtivos.

Afortunadamente, estas consideraciones solo serán relevantes en algunos casos, puesto que a los investigadores les pueden seducir muchos animales que no son mínimo adorables, mientras que los cazadores furtivos lo que buscan son los animales más carismáticos que cuentan con un gran atractivo comercial.

Sin confiscación, existen casos de parada peligro donde las especies más cotizadas carecen de una protección adecuada y los científicos tienen que plantearse la autocensura para evitar contribuir de forma involuntaria a la terminación de las especies.

La restricción de la información sobre las especies raras y en peligro de terminación es poco que tiene ventajas y desventajas, y que podría inhibir algunos esfuerzos de conservación. Sin confiscación, es posible divulgar mucha información útil abiertamente sin incluir detalles específicos que podrían ayudar a los cazadores furtivos a encontrar las especies vulnerables.

Creemos que ayer de divulgar poco, los científicos deberían preguntarse hasta qué punto la información publicada va a servir de ayuda para la conservación de la especie

Existen indicios de que la clan está empezando a inspeccionar el problema y a hacer en consecuencia. Por ejemplo, ahora las nuevas descripciones de las especies se publican sin datos de localización o descripciones de su hábitat.

Los biólogos pueden cultivarse de la experiencia en otros campos, como la paleontología, donde los lugares donde se encuentran los fósiles más importantes a menudo se mantienen en secreto para evitar su monasterio ilegal. Prácticas similares son incluso comunes en la arqueología.

Restringir la publicación abierta de información científica y socialmente importante plantea varias cuestiones y no tenemos todas las respuestas. Por ejemplo, se sigue sin resolver el dilema sobre la ordenamiento de bases de datos seguras para cotejar los datos a escalera mundial.

Normalmente, la tendencia a que el golpe a las investigaciones sea dispensado y tirado es poco positivo: se fomenta la colaboración y facilita nuevos descubrimientos. Sin confiscación, los requisitos legales o académicos para divulgar los datos de situación pueden no estar en sintonía con los riesgos de la vida actual.

Los biólogos tienen una tradición centenaria en cuanto a publicación de información sobre especies raras y en peligro de terminación. Durante mucho tiempo se trataba de una maña inocua, pero a medida que cambia el mundo, los científicos deben reconsiderar las viejas normas.

The Conversation

Autores:

  • Benjamin Scheele , Investigador postdoctoral en Ecología, Universidad Nacional Australiana

  • David Lindenmayer, Profesor en la Escuela Fenner de Medio Ambiente y Sociedad, Universidad Nacional Australiana

Este artículo ha sido publicado originalmente en The Conversation. Puedes observar el artículo flamante aquí

Fotos | iStock


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