Seis meses usando una e-bike como medio de transporte único: mi experiencia

Cada vez más atascos y con unas infraestructuras que no dan para más, moverse por la ciudad poco a poco fue transformándose en una experiencia angustioso y cara, muy cara. Y no hablo especialmente de una gran ciudad: mi ‘pesadilla’ de la movilidad urbana se encuentra en San Sebastián, una ciudad que no llega a los 200.000 habitantes, pero no por ello consigue eludir los zarpazos de una cuestión física: cada vez más coches saturan unos viales que ya no pueden crecer. ¿Tenía aquello sentido? El transporte sabido era una gran alternativa, pero muy limitada en muchos aspecto (horarios, horas punta, zonas a las que no llega…). ¿Por qué no la bicicleta?

San Sebastián es una ciudad que cuenta con una extensa red de carriles-bici mediante la cual se puede entrar a la gran mayoría de los barrios sin tocar el asfalto, pero es además una ciudad con zonas altas y bastantes cuestas cuando se quiere alcanzar a ellas. Lo de la bici parecía un buen plan, pero si era eléctrica la alternativa al coche como medio de transporte único parecía mucho más seria. En mi caso opté por una Orbea Katu E, una bici eléctrica urbana con una gran cesta de carga anclada al chasis.

Un paso razonable

Lo primero que hay que admitir a la hora de optar por la bici como medio de transporte único es que los tiempos netos de traslado, dependiendo de la distancia, son prácticamente idénticos en traslados medios (yo diría que por debajo de los 4 kms). Es asegurar, que con el coche uno tiene que ir al parking o parking, circular por las vías convencionales (atascos, semáforos, etc.), para luego entrar a destino, agenciárselas aparcamiento e ir andando el zaguero tramo hasta el destino. Con la bici, uno se monta, circula por los carriles bici (casi nada hay semáforos) y llega hasta la puerta de destino sin pasos intermedios.

Con el paso de los días fui descubriendo que en muchísimos casos, los tiempos netos en bici eran muy inferiores, y por otro flanco, el “factor estrés” prácticamente desaparece: montarse en bici es una experiencia relajante y tremendamente enriquecedora en la que uno poso de la individuo los inconvenientes del tráfico saturado (bocinazos, atascos, malos hábitos…). Por otro flanco, el motor eléctrico amplía mucho el pericón de uso del transporte: ya no llegarás sudado, pero sobre todo, no hay distancia ni cuesta que pueda suponer una obstáculo. Con el selector del dedo puedes ir escogiendo la potencia de la público y que nadie piense que con una ebike no se hace gimnasia, sino que éste es simplemente pausado y dosificado, lo valentísimo para una conducción de disfrute.

Adiós coche, hola e-bike

Llegó el día del brinco oficial y dejé el coche en el parking. Pronto mi entorno comenzó a habituarse a gusano en bici en todo tipo de situaciones (trabajo, cenas, encuentros familiares…), de hecho, el coche pasó a ser ese “mal necesario” para fines de semana en desplazamientos de comunidad. Pasaron los días y con ellos las semanas: la nota mensual de consumo de combustible se redujo a una tercera parte de lo que linealmente venía pagando a lo grande de los primaveras; sí, tres veces menos y esto era solo la parte monetaria del asunto. Aunque me considero una persona proporcionado activa físicamente (camino entre 8 y 10 kilómetros al día -gracias, Galleta-, con la e-bike la actividad se multiplicó y con ella una agradable sensación de entrar “a tope” a los sitios.

Por otro flanco y aunque muchos puedan considerar esto poco beocio, la enorme sensación de estar haciendo poco responsable con el respeto por el medio medio ambiente, o por lo menos, no contribuir al despropósito de sufragar por saturar las calles y contaminar tu ciudad. Pronto me habitué a circular a toda pastilla cercano a vehículos atrapados en enormes atascos y conductores que miraban con envidia, a calcular adecuadamente los tiempos de trayecto y a averiguar los aparca-bicis municipales (sí, aquí corres el peligro de ver tu bici ‘amablemente’ retirada si la aparcas al utillaje urbano). Todo estaba siendo muy positivo, pero era consciente de que el asunto además tendría sus claroscuros.

Lo “no tan bueno” de la bici urbana

Lo estarás pensando, viviendo en un clima eminentemente huracanado… ¿es una buena idea usar la bici como medio de transporte? La respuesta la encontré pronto: sí y no. El primer chaparrón me obligó a hacer lo que inicialmente podrías pensar, y retornar al coche o transporte sabido. Al extremidad de varios días de tempestad entendí que aquello siquiera tenía sentido: unos pantalones de agua, un chubasquero y una bolsa de plástico (luego explico esto) fueron suficientes para seguir utilizando la bici sin exigencia de mirar al Gloria.

De hecho, los días de tempestad casi nada hay peatones y los carriles bici están casi vacíos. ¿La bolsa de plástico? Por aquí verás muchas tapando los asientos de las bicis los días lluviosos… Pero sí, la tempestad supone un gran hábitat en contra para aquellos no quieran excesivos sacrificios. Aquí uno tiene que poner su moldura particular: comodidad personal, o envite concienciada.

El otro gran inconveniente en mi experiencia lo he antagónico en la escasa concienciación existente en dirección a esta forma de transporte: la gran mayoría de los coches y motos invaden los espacios de seguridad en los semáforos de las zonas 30, y buena parte de los conductores siguen “acosando” al ciclista en estas calles. Al final, lo más cómodo y seguro es el carril-bici, pero ¿por qué rendirse delante los coches? La bici no contamina, no desgasta el asfalto y no crea atascos: los invasores son los coches si lo miras adecuadamente. Por otra parte, me encontré con una inesperada paradoja: a peligro de ampliar, los ciclistas son sus propios enemigos al no respetar las normas. Sí, soy de los pocos que respeta la prioridad peatonal y se para en los semáforos y lo hago desde la convicción de que el respeto, como en todo, hay que ganárselo.

Da el paso, pero con individuo

El comprobación, pese a los inconvenientes encontrados, no puede ser mejor, y desde luego animo a todo el mundo a dar el brinco (cuánto mejor serían las ciudades con menos coches), sin secuestro, debe darse con individuo y me estoy refiriendo a dos medios: respeto y seguridad, y no sé en qué orden deben ir. ¿Seguridad? Conviene no olvidar que la bici es un medio de transporte como otro cualquiera y una caída puede resultar nefasto. La primera medida y más evidente es utilizar siempre el casco, pero no uno cualquiera, mejor modificar en uno de calidad y probárselo en la tienda.

Es posible que seas el único en toda la calle con el casco, pero mejor sentirse extraño que gemir desgracias evitables por una cuestión de vergüenza. Lo segundo: que te vean, y no solo los coches. Yo he comenzado a encender las luces ya en zonas peatonales para ser visible a los peatones que vienen de frente y os aseguro que se apetencia en tranquilidad. Pero si pisas el asfalto, la iluminación adecuada es una obligación y te va la vida en ello.

En cuanto al respeto, por mi experiencia personal, he comprobado que los conductores te respetan mucho más si tu comportamiento es además de respeto. Esto es: ir con casco, señalar los giros, respetar las señales de tráfico y no hacer el “cabra” con la bici. Si te habitúas a hacerlo verás que los coches son más pacientes contigo e incluso intentan facilitarte las cosas. En esquema, la bici puede ser una seria alternativa al coche si la zona de tus desplazamientos está preparada para ello y las distancias no son excesivas; aunque esto zaguero es matizable y si no me crees, haz una búsqueda en Google con el texto “London bike commute”…


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