Samsung Galaxy Note 8, análisis

Una pantalla imperfectamente perfecta

Samsung Display es una de las empresas líderes en la fabricación de pantallas para dispositivos electrónicos. Su tecnología y capacidad de producción es muy destacamento, dejándoles en una privilegiada posición que les permite adelantarse a muchos rivales y ofrecer a sus consumidores algunas de las mejores pantallas del sector.

Que el Galaxy Note 8 monte una pantalla increíble, por lo tanto, no es ninguna sorpresa. Es nítida, brillante, la reproducción de color es maravillosa y la certificación HDR le permite reproducir contenidos más vibrantes en aplicaciones como Netflix o Amazon Prime Video.

Samsung puede presumir de tener la mejor pantalla del sector. Eso sí: la calibración del panel y el ajuste dinámico siguen jugando en su contra.

Si a todo eso le sumas unos marcos muy delgados, unos laterales sutilmente curvos y una diagonal de 6,3 pulgadas, obtienes como resultado la mejor pantalla del sector —a error de poner a prueba el nuevo panel OLED del iPhone X—.

No obstante, todo este festín de elogios no significa que Samsung haya conseguido esa utopía a la que llamamos “perfección”. De hecho, el Note 8 tropieza con la misma piedra que su mellizo: la fidelidad.

Fotografía: Nicolás Rivera (Hipertextual).

El modo “Adaptive Display” ajusta dinámicamente los parámetros de la pantalla para conseguir una imagen óptima en todo momento. En entornos muy luminosos, por ejemplo, adapta el contraste y el nivel de brillo para allanar la leída del contenido. Y en aplicaciones de vídeo como Netflix o YouTube da un empuje extra a los colores para que resalten más de lo habitual.

El problema llega cuando se trabaja en tareas que requieren una representación de color muy precisa, como la estampación fotográfica. Un caso práctico:

  • Tomas una fotografía maravillosa con la cámara del Galaxy Note 8.
  • Abres Snapseed, VSCO o cualquier otro editor fotográfico. La importas y comienzas a editarla.
  • Compartes la fotografía (ya editada) en Facebook, Instagram o cualquier otra red social.
  • Abres esa misma imagen en otro dispositivo con una calibración más próxima a la sinceridad y aprecias que la imagen, en sinceridad, luce diferente a como la veías anteriormente en el teléfono de Samsung.
  • ¿Por qué ocurre esto? Porque Samsung altera los colores para hacerlos más vibrantes y llamativos, engañando al ojo humano y reduciendo la precisión.

Afortunadamente, Samsung ofrece la posibilidad de activar modos de imagen más neutros en los ajustes del sistema, pero hay un problema con ello: la fricción. Alguien que edite fotografías con frecuencia pasará el día alternando modos —si quiere conseguir el mejor resultado posible, claro—, adaptado lo contrario a la invisibilidad que debe perseguir la tecnología.

Una máquina de productividad total

Fotografía: Nicolás Rivera (Hipertextual).

Desde el primer momento en el que tocas el Galaxy Note 8, la sensación de “productividad” queda impregnada en tu mano. Es menos curvo, más angulado y, en cierto modo, mucho más sexy que el Galaxy S8+. En fotografías pueden parecer prácticamente iguales; pero en la mano la historia cambia por completo.

El Note es incluso un teléfono muy noble, aunque eso no es ninguna sorpresa en esta clan. El tamaño total es similar al del iPhone 7 Plus, pero con una pantalla poco más entrada y, por consiguiente, de viejo diagonal. Este espacio extra es positivamente útil para dibujar, trabajar con aplicaciones de forma simultánea o, simplemente, disfrutar de una película a través de Netflix. Eso sí: prepara las dos manos para poder utilizar cómodamente este teléfono.

Pese a las similitudes, el Note 8 se siente diferente al S8+. Es más angulado, menos curvo y sutilmente más noble.

La sensación de “productividad total” que citaba anteriormente está acompañada, cómo no, por un hardware exquisito. En la traducción europea se encuentra el mismo chip Exynos que monta el S8+, pero llega acompañado de 6 GB de memoria RAM. Pese a ese incremento en la memoria, las diferencias en rendimiento son casi imperceptibles respecto al S8, aunque eso es, en sinceridad, una buena nota: el S8 es uno de los teléfonos más solventes de 2017, y este maniquí continúa su mismo ralea.

Sí que se aprecia progreso en el software, donde Samsung parece acaecer resuelto las inexplicables bajadas de FPS que comenté en el examen del Galaxy S8+. Ahora el teléfono genera un viejo porcentaje de animaciones a 60 FPS (número óptima para el ojo humano), enriqueciendo la experiencia mundial del teléfono.

Fotografía: Nicolás Rivera (Hipertextual).

Junto a ese conjunto de microchips y sensores, Samsung ha integrado una formación de 3.300 mAh. Es poco más pequeña que la del Galaxy S8+, pero eso no le impide ofrecer una autonomía muy buena en un amplio pericón de situaciones.

3.300 mAh que saben a mucho.Para complementar, Samsung integra sistemas de carga rápida e inalámbrica que facilitan y reducen los tiempos de carga de la formación. Nada nuevo respecto a modelos previos de la compañía.

Tampoco es falta nuevo el S-Pen, presente en la clan Note desde el primer maniquí. Es preciso, cómodo de usar y extremadamente útil en tareas creativas como la estampación fotográfica o la escritura. Además, Samsung ofrece una suite de software y herramientas que enriquece la experiencia y aumenta su practicidad.

Fotografía: Nicolás Rivera (Hipertextual).

Sobre este stylus, un breve Q&A:

  • ¿Cómo de útil es tener un smartphone con stylus? En mi caso —y probablemente sea el de muchos otros— resulta mucho más práctico de lo que inicialmente esperaba.

  • ¿Es tan útil como para trastornar un poco más de hacienda? Salvo casos muy particulares, no. Se agradece cuando está, pero no se echa de menos su abandono. Condicionar la negocio de un teléfono a la presencia del stylus es, por lo tanto, insensatez.

Hablemos de Bixby

Fotografía: Nicolás Rivera (Hipertextual).

Hablar de Bixby es igual de querer entrar en depresión. El anticipado asistente supuesto debutó en el Galaxy S8 con la promesa de convertirse en “nuestro mejor compañero” y ser más inteligente que el resto de alternativas. Para ello, Bixby se apoya en dos aspectos esencia: la voz y la interpretación del entorno.

El problema comenzó pocos días luego de desvelarse el Galaxy S8. Samsung confirmó entonces que la parte de voz de Bixby no estaría apto en la época de tiro del teléfono (abril), dejando a medio cocer el guiso que habían estado preparando durante meses. Pero lo más sorprendente es que Samsung siquiera fue capaz de cumplir la segunda época de entrega. Acabó retrasando sutilmente su tiro en inglés algunas semanas y, finalmente llegó a los primeros Galaxy S8 en verano.

Además de estos retrasos, Bixby ha sido muy criticado por su escasez de idiomas y su inferioridad técnica respecto a otros asistentes virtuales. Actualmente solo se puede utilizar en inglés y coreano, y tanto el pericón de respuestas como la velocidad es mejorable —sobre todo si se compara con otros asistentes—.

Este dita de prestaciones no casa con el papel principal que Samsung le otorgó durante la presentación del S8+. Le proporcionó el suntuosidad de contar con un tallo físico dedicado y se aprovechó de él para articular acciones de marketing y publicidad que incentivaran las ventas del S8. Un protagonismo excesivo para las pobres prestaciones de este sistema.

En el Note 8, Samsung incluso incorpora un tallo físico en el anexo, pero el foco de marketing y publicidad sobre Bixby se ha pequeño. El cambio, en términos estratégicos, es un paso correcto cerca de la honestidad y la coherencia.

Pero volviendo al asistente como producto, todo se puede resumir en una frase: haz como si no estuviera y no permitas que influya en tu intrepidez de negocio. En los próximos meses, si todo va admisiblemente, Samsung debería editar nuevas actualizaciones para este sistema, y quizá entonces comience a cobrar más sentido como parte del producto.

Mucha biometría, poca decisión

Fotografía: Nicolás Rivera (Hipertextual).

La biometría del Galaxy Note 8 es un popurrí. Tiene de todo, pero nadie destaca lo suficiente como para ser el método de desbloqueo “por defecto”.

Por un banda está el clásico leedor de huellas dactilares, presente en la variedad Galaxy S desde 2014. El problema con este método es la ubicación del sensor. Los primeros borradores de la Constitución de 1812 prohibían ese área tan confuso de obtener; pero Samsung ha hecho oídos sordos y lo ha vuelto a colocar en la cantón superior derecha. Justo al banda de la cámara y en la zona más entrada del teléfono.

Encontrar el leedor digital solo con el tacto es más difícil que detectar ondas gravitacionales.

Los problemas con esta ubicación son varios. Al estar tan suspensión (y ser un teléfono muy noble), es difícil alcanzar esa posición sin alterar la forma en la que se agarra el teléfono. Si a eso le sumas que está escorado cerca de un anexo y casi fusionado con el módulo de cámara, resolver con el tacto es una tarea más compleja que detectar ondas gravitacionales.

La apoteosis del pastel es que Samsung ya recibió muchas críticas con el Galaxy S8 por este posicionamiento. Pero, por lo que parece, no les ha importado en definitivo.

Fotografía: Nicolás Rivera (Hipertextual).

La decisión ideal a este problema habría sido el escáner de iris, pero su insuficiente implementación acaba frustrando a cualquiera. Requiere que el teléfono esté a una distancia relativamente fija y que los fanales queden adentro de un ámbito determinada. Demasiados condicionantes para ser un método de desbloqueo natural y sencillo de usar.

Pese a todo lo expuesto, el método más indoloro acaba siendo el leedor digital.Por postrer tenemos el desbloqueo facial, que funciona extremadamente admisiblemente pero ha sido muy criticado en los teléfonos de Samsung —y en la mayoría de móviles Android— por ser inseguro. En Hipertextual hicimos la prueba y no conseguimos engañarlo con una fotografía, pero internet está repleto de vídeos demostrando lo contrario. ¿Qué ocurre entonces? La opción más plausible es que, efectivamente, el sistema tenga algunas vulnerabilidades, pero muy probablemente sean menos de las que muchas personas han querido hacer creer.

Expuesto todo lo mencionado, la pregunta nace casi por inercia: ¿qué método de protección es mejor? Y la respuesta es tan triste como un “ninguno”. El leedor de huellas es el menos indoloro, pero no se podría catalogar como “el mejor”. Ninguno de los métodos anteriores lo merece.

Cámara doble, por fin

Fotografía: Nicolás Rivera (Hipertextual).

En los últimos primaveras Samsung ha pisado el acelerador en fotografía. Sus Galaxy S y Galaxy Note montan ahora algunas de las mejores cámaras del sector, y eso es un armamento de ventas enorme.

El Note 8 no es una excepción. Monta la misma cámara principal que el Galaxy S8+, y los resultados son excelentes. En condiciones de devaluación fosforescencia, eso sí, tiende a un arqueo de blancos poco cálido y suaviza texturas con más frecuencia de lo ideal. También hace algunos extraños con la interpretación de color, que a veces lucen poco irreales. No obstante, son detalles menores en una cámara, por lo común, sobresaliente.

Tomada con el Galaxy Note 8.
Toma nocturna con el Galaxy Note 8. Balance de blancos poco cálido. El temporalizador sale poco sobreexpuesto, pero el resto de la espectáculo lo resuelve admisiblemente.

La novedad, en cambio, está en la segunda cámara que Samsung ha colocado en la zona posterior del teléfono. Monta el mismo sensor, pero con una lupa de diferente distancia focal y transigencia. Esto le permite hacer teleobjetivo 2x sin pérdida de resolución y, cómo no, el esperado “modo retrato”, que Samsung ha adulterado como “Enfoque Dinámico”.

Esta segunda lupa, conveniente a su transigencia, es capaz de vislumbrar poco menos luz, por lo que los resultados son sutilmente inferiores a los de la cámara principal. Eso sí: uno y otro sensores montan un sistema de estabilización óptica que ayuda en situaciones de devaluación fosforescencia. Ese pequeño detalle es muy importante, y solo Apple con el iPhone X le equipara.

Tomada con el Galaxy Note 8 sin teleobjetivo.
Tomada con el Galaxy Note 8 y el teleobjetivo 2x.

Los resultados del teleobjetivo 2x son adaptado los que puedes esperar. Misma imagen, ampliada y sin pérdida de honestidad. En condiciones de devaluación fosforescencia se nota la diferencia de transigencia entre las dos cámaras (f/1.7 y f/2.4), pero Samsung lo intenta compensar con software, el apoyo en del sistema de estabilización óptica y mayores tiempos de exposición e ISO.

No obstante, el esparcimiento de este nuevo módulo está en el modo retrato, donde Apple ha sido la empresa líder indiscutible durante el postrer año. Este modo produce un sensación bokeh en el que se desenfoca el fondo de la imagen y se da más protagonismo al sujeto principal, produciendo imágenes muy atractivas para el ojo humano y emulando los resultados de las cámaras DSLR.

Tomada con el Galaxy Note 8.

Lograr un resultado natural, no obstante, es mucho más confuso que eso. El tipo de blur, la progresividad del desenfoque y la detección de bordes son vitales para conquistar un buen resultado.

El Note 8 no siempre lo clava. Suele detectar admisiblemente los bordes, pero la progresividad del desenfoque es su viejo problema. En escenas complejas con varios objetos, el sujeto principal luce quimérico, pero el resto de la espectáculo no siempre lo hace. Algunos instrumentos son desenfocados (o enfocados) en exceso, no mide admisiblemente las distancias y la progresividad del blur es, a veces, industrial. Apple, en cambio, suele clavarlo en ese sentido.

Tomada con el Galaxy Note 8. En el pelo comete algunos errores. El tono de piel es un poco antinatural.
Tomada con un iPhone 7 Plus. Sin ser consumado, resuelve mejor los bordes y la imagen es más fiel a la sinceridad. El desenfoque es incluso más natural.
Tomada con el Galaxy Note 8 en modo retrato. Ante sujetos inquietos como Pixie, los resultados de este modo decaen.
Tomada con el Galaxy Note 8 y el modo de desenfoque dinámico. La zona por encima de la habitante de Ringo no queda admisiblemente resuelta. El desenfoque es muy poco progresivo.

Un breve Q&A sobre el modo retrato:

  • ¿Qué tal en condiciones de devaluación fosforescencia? Bastante mejorable. Afortunadamente, se puede pulir con futuras actualizaciones de software.

  • ¿Es mejor que el iPhone 7 Plus? No. En escenas sencillas, los resultados se aproximan, pero el teléfono de Apple sigue ofreciendo unos resultados más naturales. Suaviza mejor los contornos de los sujetos, el tipo de blur es más realista y las texturas lucen, por lo común, mejor.


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