2017 será recordado como el año en el que el OLED conquistó la industria telefónica. De todos los teléfonos presentados en la segunda fracción de año, más del 50% equipan un panel con esta tecnología, poco que nunca antiguamente había sucedido. ¿Por qué? Muy simple: los riesgos y costes asociados a los diodos orgánicos de puesta en circulación de luz han sido, durante abriles, demasiado altos como para ser asumidos a gran escalera.

La única excepción a esta aspecto casi generalizada ha sido Samsung. El fabricante surcoreano lleva montando este tipo de paneles desde 2010 en sus teléfonos de tono ingreso, a pesar de las críticas recibidas desde diversos frentes.

Hasta ahora, los fabricantes se habían mostrado reticentes frente a la tecnología OLED.

No obstante, el tiempo parece haberles entregado la razón. Casi ocho abriles más tarde, Apple, Huawei, LG y otros grandes fabricantes del sector han perfecto en el camino que Samsung, quien aprovechó durante más de un quinquenio la tecnología AMOLED (su propia lectura del OLED) como un musculoso argumento de ventas para sus productos de tono ingreso.

Pero incorporar OLED en cualquier producto es un arsenal de doble filo. Hay una infinidad de riesgos asociados que deben ser minimizados o, si es posible, eliminados. De lo contrario, esta maravillosa tecnología puede terminar siendo la peor pesadilla de un fabricante. Que se lo digan al Pixel 2 XL de Google.

¿Qué es el OLED y cómo funcionan?

Aunque no cobró relevancia hasta el siglo XXI, los primeros pasos de la tecnología OLED datan de la período de los 80. Fue entonces cuando los científicos Ching Tang, Steve Van Slyke y Eastman Kodak publicaron las primeras informaciones al respecto, a la par que construyeron los primeros prototipos de esta tecnología.

Con el paso de los abriles, el número de personas interesadas en esta tecnología fue aumentando de forma exponencial, y los estudios relacionados crecieron paralelamente. El OLED comenzaba a percibir un gran estímulo, y a partir del siglo XXI pudimos ver los primeros productos comerciales con este tipo de pantallas.

Los primeros estudios relacionados con el OLED datan de la período de los 80.

Si examinamos el interior de una pantalla con tecnología OLED, lo que encontramos es un material semiconductor y orgánico franqueado por dos electrodos de carácter positivo y placa. La capa semiconductora, al igual que ocurre con otros conjuntos similares, se divide en dos regiones: una con exceso de electrones y otra con exceso de huecos. Entre ambas hay una región neutra completamente desocupada y en la que ningún electrón o hueco puede permanecer.

El sistema, en ese estado, es estable. Pero cuando se aplica cierto voltaje entre entreambos extremos, los electrones adquieren la energía necesaria para saltar en dirección a la región opuesta, rellenar los huecos y alcanzar así el nivelación eléctrico.

En el proceso de recombinación, el semiconductor orgánico emite fotones de luz.

En ese proceso de transición de partículas entre niveles energéticos (conocido como recombinación), el semiconductor emite fotones (partículas de luz visible) al extranjero. Estos, si se emiten de forma continua, se convierten en una fuente de luz visible y estable que luego puede emplearse para representar imágenes artificiales.

Una vez llegados a este punto, muchos se preguntarán: ¿cómo se logra el color? Y la respuesta es tan sencilla como recubrir el diodo orgánico con un material que determine el color del fotón emitido. Algo relativamente similar a usar un trozo de plástico translúcido y de color para alterar la luz procedente de una simple linterna.

El funcionamiento de los OLED es similar al de cualquier diodo LED. La gran diferencia se encuentra en el tipo de material que constituye el semiconductor (en este caso, orgánico).

Para alcanzar combinaciones de color complejas, se forman paquetes de tres diodos orgánicos: uno rojo, otro verde y otro zarco (los tres colores primarios de luz). Juntos forman lo que conocemos como “pixel”, y la combinación de sus luces puede representar cualquier color del espectro cromático conocido.

Obviamente, si se combinan miles de píxeles –que a su vez están formados por varios diodos orgánicos— podemos conseguir a representar imágenes artificiales con una gran precisión y honestidad.

¿Qué hace peculiar al OLED?

Fotografía: Nicolás Rivera (Hipertextual).

La tecnología OLED tiene muchísimo que ofrecer a los consumidores si su implementación es correcta. Uno de los aspectos más notorios es el elevado nivel de contraste que alcanza, el cual es posible gracias al extinto individual de los píxeles de la pantalla. Las pantallas tradicionales cuentan con una retroiluminación posterior que, valga la pleonasmo, ilumina todos los píxeles del panel. En el OLED, en cambio, cada pixel puede proceder de forma 100% independiente, logrando así negros más profundos e imágenes con un longevo nivel de contraste.

El OLED incluso permite fraguar teléfonos más delgados o, en su ocasión, equipar más circuitería en el interior del producto. Al ser una pantalla más flaca que los LCD tradicionales, los fabricantes pueden optar por incrementar la capacidad de la hilera interna, añadir nuevos componentes en el interior del dispositivo o, si lo desean, aminorar el dimensión del mismo.

Ahorro energético, mejor representación de imagen y longevo delgadez. Esos son los puntos fuertes del OLED.

La tecnología OLED incluso conlleva un capital energético si se exprimen los colores oscuros en las interfaces de sucesor. En esas situaciones, numerosos píxeles de la pantalla se apagan y dejan de consumir electricidad, reduciendo drásticamente los requerimientos energéticos del panel. Eso sí: la alivio solo es perceptible cuando los tonos representados son oscuros.

La última gran virtud del OLED es la flexibilidad, poco con lo que muchos fabricantes ya experimentan (como Samsung). Esta tecnología permite desarrollar pantallas flexibles que se moldeen a equipos de diversa forma, como ocurrió con el primer Samsung Gear Fit y como sigue ocurriendo, a día de hoy, con los Galaxy S8 y Galaxy Note 8.

¿A qué se debe el pico de interés en 2017?

Que el OLED haya sido trending topic a lo amplio de 2017 no es una percepción subjetiva. Las estadísticas de búsqueda de Google reflejan cómo el interés por esta tecnología ha crecido notablemente a lo amplio de este año, especialmente durante los meses de extensión del iPhone X, el primer teléfono de Apple con esta tecnología de pantalla.

Algunos datos secreto:

  • Más de la fracción de los teléfonos de ingreso tono lanzados en la segunda fracción de año montan un panel con pantalla OLED. Nunca antiguamente había sucedido poco así.

  • Apple actúa como canalizadora y democratizadora de tecnologías. El OLED ha existido en la telefonía móvil durante los últimos ocho abriles, pero no ha sido hasta el extensión del iPhone X cuando la relevancia de los diodos orgánicos ha subido como la espuma. Cuando Apple considera una tecnología, el resto de la industria levanta la pinta y sigue sus pasos. Ocurre siempre.

  • Samsung ha llevado el OLED a gamas más bajas del mercado, acercando esta tecnología a un longevo manifiesto. Los Galaxy A y algunos Galaxy J son un ejemplo de ello.

  • En 2017, el OLED de Samsung ya es lo suficientemente bueno como para reemplazar al LCD tradicional. La pantalla del Galaxy Note 8 es soberbia, a diferencia de todos sus predecesores, los cuales llegaron al mercado repletos de errores e irregularidades. Eso incluso abre la puerta a que la compañía surcoreana pueda ofrecer paneles de exquisita calidad a los fabricantes más exigentes del sector. Un ejemplo práctico: Apple no ha querido hacer uso del OLED hasta que el nivel de calidad de esta tecnología ha sido suficientemente bueno. Por eso el cambio se ha producido preciso en 2017.

El pelea del OLED: capacidad de producción y calidad

Aunque ha sido una de las grandes estrellas del 2017, el OLED es un peligroso arsenal de doble filo para los fabricantes tecnológicos. Las innumerables ventajas que aporta a nivel cualitativo se pueden ver contrarrestadas por la dificultad de producción a gran escalera, poco que ha entregado múltiples dolores de habitante a lo amplio de este año.

El caso más sonado es el del Pixel 2 XL, cuyos paneles OLED están fabricados por LG. La pantalla de este equipo, al igual que otros productos como el LG V30, presenta varios tipos de irregularidades y defectos, los cuales resultan inadmisibles en un producto de casi 1.000 euros de precio. Algunos de los más importantes: banding, tintados azules e irregularidades de color.

Producir OLED de calidad a gran escalera es extremadamente difícil. Samsung es, a día de hoy, la única que ha demostrado ser capaz de hacerlo.

La explicación a este suceso es sencilla: producir OLED de calidad a gran escalera es extremadamente difícil. Samsung Display, el referente en tecnología OLED para móviles, ha tardado ocho abriles de “prueba y error” hasta lograrlo (con el Galaxy Note 8). Si nos alejamos del campo de la telefonía, los surcoreanos llevan más de una período trabajando, experimentando e invirtiendo en esta fantástica tecnología. En otras palabras: el camino hasta la excelencia ha sido extremadamente amplio y enrevesado para Samsung.

LG, por su parte, incluso ha trabajado durante abriles con el OLED, y son uno de los principales suministradores de pantallas para fabricantes tan importantes como Sony o Panasonic en el campo de las televisiones. En el mundo de la telefonía móvil, en cambio, las incursiones de este fabricante en el campo del OLED han sido muy limitadas y tímidas, una situación que contrasta con la de Samsung, quien lleva apostando por esta tecnología en sus productos de ingreso tono desde 2010.

Esta longevo trayectoria ha beneficiario indudablemente al titán zarco, cuyos paneles han sido reconocidos en 2017 como los mejores del sector. Según la firma independiente DisplayMate, los paneles OLED del Note 8 y del iPhone X (entreambos fabricados por Samsung) son imbatibles, y ningún otro fabricante está, a día de hoy, en posición de revertir dicha situación.

¿Cuál es la parte negativa de alcanzar esta excelente calidad? El coste del componente. Según un estudio minucioso por IHS Markit, el precio del panel OLED del iPhone X es más del doble del LCD que Apple integra en el iPhone 8 Plus. El primero de ellos tiene un coste estimado de 110 dólares, mientras que el del segundo es de unos 52 dólares.

También hay que sumar a esta ecuación la dificultad de satisfacer la demanda de los fabricantes. Si ya resulta enrevesado producir OLED a un coste asequible y con una calidad extraño, los fabricantes tecnológicos más grandes incluso se enfrentan al problema del stock, poco que, a día de hoy, ya estaría influyendo en los tiempos de fabricación y producción del iPhone X.

Samsung se apodera del 98,5% de la producción OLED para smartphones. La superioridad es indiscutible.

Para contrarrestarlo, Samsung y LG están realizando grandes inversiones en plantas de producción y activos asociados. Esto incluso debería ayudarles a sustentar el estímulo sobre el mercado del OLED para smartphones, que en el postrer trimestre reunió 5.100 millones de dólares estadounidenses en ingresos. El crecimiento año a año fue del 32,4%, signo inequívoco del alzamiento de esta tecnología.

Samsung Display, según datos de IHS Markit, se apodera del 98,5% de la cuota de mercado de pantallas OLED para smartphones. LG Display, Visionox y Ever Display se reparten el 1,5% restante. La superioridad del titán surcoreano es, actualmente, indiscutible.

Durante los próximos abriles se aplazamiento que la tecnología OLED se democratice en un longevo abano de productos, impulsado por nuevas plantas de producción capaces de desarrollar paneles a longevo escalera, con mayores niveles de calidad y costes más ajustados que en la contemporaneidad. La diversificación del mercado (que ahora monopoliza Samsung) será secreto en esa inminente transición.