Por qué nunca deberías hacer deporte con el estómago vano

Ilustración: Sam Woolley.

Puede que pienses que hacer deporte con el estómago vano tiene alguna superioridad, como hartar más lípido en cada entrenamiento. La sinceridad es que los inconvenientes de esta destreza son muchos más que sus ventajas. Aquí te explicamos por qué hay que yantar poco antiguamente de ir al pabellón o a pasar.

Los defensores de hacer deporte “en vacío”, o sea, con el estómago vano piensan que de esta forma se puede acelerar la pérdida de peso. De hecho, hay algún estudio que lo confirma. Uno publicado en la revista British Journal of Nutrition reveló que los deportistas que hacían deporte en vano quemaban un 20% más de lípido que los que habían comido poco antiguamente. Otro estudio en International Journal of Sports Nutrition and Exercise Metabolism llegó a conclusiones similares. El entrenamiento aeróbico con el estómago vano reduce más cantidad de lípido corporal y descenso más peso si lo comparamos con el entrenamiento con el estómago harto.

¿Por qué se calcinación más lípido de esta forma? La doble en medicina deportiva Kelly Pritchett explica que el organismo alterna entre sus fuentes de energía. Para realizar actividades que implican un esfuerzo sostenido como enarbolar mancuerna o pasar largas distancias, el cuerpo necesita hartar una sustancia emplazamiento glucógeno, que no es otra cosa que nuestra reserva de carbohidratos. Si nos quedamos sin reserva de glucógeno (cosa que es más probable que pase con el estómago vano), el organismo tiene que despabilarse otra fuente de combustible. Esa fuente es el exceso de lípido del que te quieres librar.

Evitar que el organismo compense la lípido quemada

Hasta aquí parece la fórmula ideal, pero hay un problema importante. Para emprender, a tu organismo no le gusta que lo maten de penuria. Le gusta tener reservas de lípido. Si quemas estas reservas muy rápidamente, tu cuerpo ajustará su asimilación para compensar la pérdida. En esencia, lo que hace es entrar en una especie de modo supervivencia y comercio de hartar las mínimas calorías posibles.

Si quemas mucha lípido, tu cuerpo comenzará a creer que necesita juntar más de esta lípido la próxima vez que comas, y lo hará tan admisiblemente que contrarrestará la maduro parte de calorías que hayas hasta la coronilla durante el entrenamiento. Un estudio de la revista American Journal of Clinical Nutrition reveló que los períodos de penuria demasiado largos causan una caída atroz en el asimilación que hace que no merezca la pena saltarse los almuerzos.

Tener menos penuria

Otra esencia es que hacer deporte luego de acontecer comido poco hace más por moderar tu apetito que entrenar con el estómago vano. Según un estudio de Appetite, el 100% de las personas que comen poco antiguamente de hacer deporte experimentan menos necesidad por yantar la próxima vez que tengan que hacerlo. Teniendo en cuenta que apearse peso depende más de lo que comes, que del deporte que haces, es un cifra importante a tener en cuenta.

Evitar la pérdida de masa muscular

Por si fuera poco, hacer deporte con el estómago vano puede salir a hacernos perder poco de masa muscular en ciertas circunstancias. Si el organismo acaba con sus reservas de glucógeno, puede osar apelar a romper las proteínas de la masa muscular encima de hartar lípido.

Hacer deporte logra que los músculos se endurezcan mediante síntesis proteínica, pero este proceso se acelera si tenemos el estómago vano, lo que puede refluir en una maduro pérdida de masa muscular que luego es complicado recuperar.

Este proceso no ocurre siempre. Solo se da cuando aumentamos la intensidad del deporte más allá de nuestra rutina habitual. Si, por ejemplo, hacemos nuestro entrenamiento matinal ordinario con el estómago vano, es probable que el cuerpo aún tenga suficiente glucógeno de la cena de ayer. Según un documentación de Journal of Applied Physiology hacer deporte con el estómago ni aumenta ni disminuye nuestro rendimiento durante un deporte característico al que nuestro cuerpo esté acostumbrado. En definitiva, si haces tu rutina ordinario de deporte con el estómago vano no tienes que preocuparte mucho por la pérdida de masa muscular.

Ir más allá del entrenamiento ordinario

De lo que sí tienes que preocuparte es de otra cosa. Si haces deporte con el estómago vano no tendrás la suficiente energía como para esforzarte más y exceder el entrenamiento rutinario. En otras palabras, no podrás mejorar tu forma física en la misma medida que si entrenas habiendo comido antiguamente.

Un estudio de Journal of Science and Medicine In Sport sugiere que los entrenamientos en vano están significativamente por debajo de los entrenamientos con el estómago harto en lo concerniente al deporte mayor y a revolver marcas personales. Ir más allá de la rutina diaria es lo que nos permite aumentar nuestra masa muscular o pasar más acullá, así que es recomendable hacerlo cuantas más veces se pueda, y para ello necesitamos acontecer comido.

En definitiva, es posible hacer deporte con el estómago vano y algunas personas lo prefieren porque se sienten más ligeras y alerta. Sin incautación, más allá de los gustos personales, la ciencia prueba que no tiene beneficios. Es mejor yantar poco rico en carbohidratos antiguamente del entrenamiento, y yantar poco fútil con más proteínas luego. Además, tener penuria nos hace estar de mal humor. Es mejor terminar tus entrenamientos adecuado y satisfecho que sintiéndote miserable y a punto de matar a algún por un pedazo de comida.


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