Moto Z2 Force

Este año, sin esperanzas pero sin prejuicios, y con ganas de advenir tiempo con el dispositivo, queremos asomar de cero, disfrutando la posibilidad de tener un Force entre nuestras manos, un patronímico que en Lenovo significa resistor a golpes y caídas por encima de todo.

Hardware

Comenzando por el diseño, el terminal recuerda enormemente al Moto Z, con un primero suficiente íntegro que, eso sí, integra un disertador de huellas mucho más extenso que ya no requerirá ordenanza en pantalla, pues sobre él se pueden gesticular todas las funciones necesarias en el sistema operante de Google a nivel de navegación, poco que nos dará un extra de pantalla, aunque perderemos espacio del primero, quedándonos en una ratio del 70% de utilización, muy alejado del 82% que están logrando todos sus competidores y que ya se demanda incondicionalmente. En esa zona incluso se ubica el único altavoz, que tiene buen barriguita pero distorsiona al mayor, sin ofrecer por otra parte un buen valor de graves.

La construcción continúa en muy buen nivel, y es poco que se nota en sus redondeados marcos laterales, que con un recubrimiento frito, alojan los ordenanza de barriguita y encendido, que se diferencian con un tanto rugoso por parte de este postrero, como incluso presentaba el maniquí antedicho. Llegando aquí junto a mencionar una mejoría: el terminal ha engordado, y eso lo hace más cómodo, pero sobre todo, ya no tiene unas líneas traseras cortantes que hagan obligatorio arrostrar el terminal con la tapa magnética incluida. Eso sí, si se la ponemos ganaremos comodidad.

En ese sentido, el escaso obesidad de 6.1 mm sigue sin sentirse tan adecuadamente en mano como terminales de más de 7 mm, y si pensamos en los cortaduras que aplica a la pila y a cómo hace sobresalir a la cámara, las decisiones de diseño vuelven a no entenderse más que para que el unir un Mod no sea demasiado dramático en cuanto a barriguita total. Por detrás siquiera cambia demasiado. Donde ayer había una cámara ahora hay dos, con un anodizado cómodo al tacto pero estéticamente poco reseñable si comparamos con cristal o aluminios con aspectos más refinados. Los conectores magnéticos de los Mods siquiera ayudan. Por tapar todo eso y ingresar agarre, volvemos a asegurar que es mejor unir la tapa.

Volviendo al primero, encontramos una pantalla de 5.5″ P-OLED que por el nombre parece estar fabricada por LG, pero no presenta los problemas de regularidad o variación del color de los LG V30 y Google Pixel 2 XL. Saliendo de ahí, y pese a tener resolución QHD, queda remotamente en varios puntos de la pantalla de terminales fortuna del año, como el Galaxy S8 o el Note. En primer ocupación, aunque el brillo es stop, no deslumbra como sí hacen los últimos SuperAMOLED de Samsung.

Además, a nivel de ángulos la capa del polarizador sigue generando tonos rosáceos y verdosos al inclinarlo, cosas que ya no se percibe en esos paneles más modernos. Por postrero, hay que asegurar que para quien quiera colores muy saturados la pantalla estará adecuadamente calibrada, pero yo no puedo considerarlos más que exagerados. Si elegimos el modo de color más preciso (Estándar en ocupación de Intenso), todo se apaga inexplicablemente hasta un punto que siquiera es cómodo.

La parte mala del panel es su recubrimiento ShatterShield, que aunque le da mucha resistor a golpes, no es buena frente a arañazos, pues no es más que plástico. Aunque se siente adecuadamente, debería poder cambiarse, como la compañía ofrecía en otros Force, ya que con poco tiempo de uso, los arañazos se perciben, sobre todo al sol.

Debajo encontramos el disertador de huellas, que como ocurría con el del año pasado y el del Moto G5 Plus, es rapidísimo y muy preciso. Eso sí, al hacer uso de gestos laterales sobre él, con demasiada frecuencia registraba un toque en vez de un deslizamiento, por lo que sin querer acababa en el launcher teniendo luego que retornar a las apps recientes para seguir por donde íbamos. Es poco que molesta y que no me ocurría en la gradación inferior.

Si bajamos al situación interior encontraremos solamente el puerto de carga, echando de menos al jack de audio, y como ausencia ha cambiado respecto al año pasado, dejo mis palabras. “La conclusión es muy clara, el futuro va por el paso lo inalámbrico. El adaptador incluido en la caja está muy bien, pero es frecuente olvidarlo al salir a la calle cuando se separa de los altavoces o cuando se quiere cargar el terminal a la vez que escuchar música (por ejemplo, usando una batería externa). Lo dicho, Bluetooth o nada.”

En cuanto a autonomía, lo más reseñable vuelve a ser que el puerto USB-C soporta la carga rápida Turbo Power, pero ya no diferencia como ayer, ahora es un habitual cuya presencia solamente se agradece. En el día a día, la pila, que se queda en 2730 mAh, rinde muy adecuadamente teniendo en cuenta su escasa capacidad. La media que hemos conseguido en las dos semanas que lo hemos probado ha sido de 5 horas de pantalla. Días más moderados han hexaedro para más y días muy exigentes en cuanto a cámara han hexaedro para poco menos, pero en normal no es poco que reste.

¿La pega? El terminal es absurdamente fino y es acomodaticio admitir que casi cualquier legatario preferiría tener poco más obesidad y una capacidad más en la confín de sus competidores, de 3500 mAh o poco así. Si costal mucho provecho de lo poco que tiene, con poco así hablaríamos de una de las mejores autonomías del mercado. Pero por segundo año consecutivo no podremos charlar de eso, porque no es cierto.

Sobre la cámara es por lo que precede lo que menos junto a esperar conexo al rendimiento. Estamos acostumbrados a que la primera sea muy mala para la gradación entrada y el segundo esté al nivel de lo mejor del mercado, y centrándonos en ella diremos que sí, que un año más Lenovo no puede competir con la gradación entrada de este curso y quizá siquiera con la de hace un par de abriles. Lo primero que contamina la experiencia son malas decisiones de hardware. Tenemos doble cámara, de acuerdo, pero la principal nunca debe sacrificarse, y lo han hecho.

El sensor en en las dos cámaras es el IMX 386, que podemos encontrar en otros terminales como el Huawei Mate 10 Pro o el Mi 6, llega aquí con una transigencia f/2.0, lo que le hace perder fosforescencia y profundidad de campo respecto al maniquí del año pasado. Además, no es especialmente extenso, por lo que su tamaño de pixel siquiera es ninguna maravilla. Sin confiscación, no todo acaba ahí, sino que frente al año pasado han quitado la estabilización óptica, hecho que se nota en el vídeo y en quebranto luz. El rango dinámico siquiera es ninguna maravilla, pero ha dejado de ser el del año pasado, que no se corregía ni con un modo HDR, que más que aportar, restaba. Aquí sólo resta de perplejidad, con tomas que aparecen trepidadas sin sentido.

¿La buena nota de la cámara? Lenovo ha hexaedro un enorme paso delante en procesado y pese a que la captación de luz es escaso, el detalle final y el tratamiento del ruido me han gustado más que por ejemplo el del Samsung Galaxy S8, que no está a la prestigio de la fosforescencia que recoge y del hardware tan bueno que montan los coreanos. Como decía, el asunto del procesado no es beocio, Motorola lleva abriles produciendo resultados desastrosos en ese sentido aunque incluso dista de ser valentísimo, como se aprecia muchas veces en un exceso de honestidad en los bordes de los objetos.

La visión que Lenovo tiene para la doble cámara es similar a la de Huawei, sin el teleobjetivo híbrido. Es asegurar, contamos con el mencionado sensor de 12 MP en cada vidrio. Comparten distancia focal y difieren en que la cámara natural es RGB y la segunda es monocromo. Combinadas permiten el deseado y aclamado huella de profundidad, que en ocasiones queda suficiente natural pero en muchas no acierta con los bordes. Con el modo en blanco y frito se pueden tomar grandes fotografías, pero en este punto creo que es más conveniente equipar a los terminales con teleobjetivo 2X o con vidrio de intolerante gran angular como las de LG, porque son usos más pretendidos por parte de los usuarios. Con buenos filtros de blanco y frito probablemente no consigamos tan buenos resultados, pero si tan decentes como para no querer inmolar una vidrio por eso.

Software y rendimiento

Para finalizar, la mejor sección de cualquier Motorola, software y rendimiento. No hay mucho que asegurar, los que vemos en este Moto Z2 Force es Android Nougat 7.1.1 relativamente puro con algunas aportaciones clásicas de Motorola, como son los gestos para exhalar la cámara volteando el terminal y otro similar para exhalar la linterna. También encontramos los mencionados gestos sobre el disertador de huellas, que pueden ser desactivados en auxilio de ordenanza por software, y Moto Display, el clásico modo con el que tener poco parecido a una pantalla “Always on”, que respira y detecta movimientos. El problema de esto es que las opciones sobre notificaciones son muy limitadas (al igual que ocurre en los Samsung), y personalmente desactivo esta clase de opciones.

En el día a día no se experimentan lags o ralentizaciones achacables a mala optimización. Sin confiscación, junto a asegurar lo de siempre, hay opciones mejores que algunas apps predeterminadas, con Chrome siendo el mejor ejemplo. Para notar de verdad la potencia de este Snapdragon 835 y la multitarea que permiten sus 6 GB de RAM, lo mejor es instalar Samsung Browser conexo al bloqueador Crystal. Se nota mucho a nivel de renderización y scroll, situándose en un rendimiento cercano al referente, Safari.

Cuando se le exige mucho, el Moto Z2 Force siquiera se despeina. Ya sea editando fotos en formato RAW, uniendo clips de vídeo o jugando a juegos como Asphalt 8, el Snapdragon 835 no quebranto las frecuencias por calor. Sólo en días muy soleados en Sevilla se ha calentado, pero le ocurre a cualquier terminal. En conclusión, estamos delante el único apartado donde el Moto Z2 Force podría ser considerado un auténtico gradación entrada y referente, conexo a otros como el Pixel 2 o el OnePlus 5.


Source link

deja tu opinion

Seguinos

Tecnoblog en las redes sociales