Mi nuevo ‘televisor’ se llama iPad (o por qué ya no veo la tele)

Con la reforma del salón llegó el turno del mueble del televisor. Un momento… ¿Desde cuándo necesitamos un mueble para la tele? De hecho, ¿necesitamos verdaderamente este dispositivo? Aunque cueste creerlo, este tipo de dudas te asaltan cuando tiras todo y empiezas de cero. Las micción se imponen y acaban con los moldes heredados del pasado, y en algunos casos, el espacio del salón dedicado al televisor es uno de ellos. Un repaso rápido a los hábitos te hace replantearlo todo: yo ya no veo la tele (más delante lo matizo) y mi pareja siquiera. ¿Por qué entonces pagar parné y espacio en un dispositivo que nadie iba a utilizar?

Fue así como tomamos la valor: en oportunidad del televisor pondríamos un cuadro y plantas, y el salón pasaría a ser una zona de cruce y lección; poco más concorde con nuestra sinceridad particular. Un cambio completamente transgresor en las costumbres, ya que los dos -como el resto de los mortales- provenimos de hogares en los que el televisor era el punto global de cruce por las noches. Hasta hoy.

La ‘televisión’ se vuelve personal

Ha sido una cuestión de hábitos que nos ha ido invadiendo poco a poco: la retransmisión convencional de TV ha poliedro paso a la televisión a la carta, y ésta se ha gastado vitaminada y transformada por completo con la presentación de los dispositivos móviles. Ya no hay canales: ahora son apps y ya no somos receptores de contenido, sino que lo elegimos a la carta. ¿Quiere esto asegurar que dedicamos menos tiempo al consumo de series y películas? En mi caso es al contrario: el ‘momento series’ es intocable y todas las noches ayer de acostarme, le dedico una hora aproximadamente.

Y en casa sucede lo mismo: los más pequeños optan por sus móviles para ver Netflix o YouTube. No hay conflictos, no hay debates y cada uno con sus auriculares vive esta experiencia a voluntad y cuando lo elige. Esta visión puede parecer individualista y solitaria, pero proporcionadamente pensado, en parte es así: uno ve una serie porque le apetece y cuando le apetece y se acabó aquello del “Un, dos, tres… ” arremolinados en torno al televisor. No junto a duda de que, en este sentido, la televisión se ha vuelto más personal que nunca.

La ‘tele’ es el iPad y los canales, las apps

Esta transformación en nuestra sinceridad ha remolcado al resto de equipos: al no ver series en pareja, mi nuevo ‘televisor’ es ahora el iPad Pro de 12,9 pulgadas con los AirPods conectados. En un primer momento pensé que la experiencia sería más escueto que la que se vive frente a un televisor, pero es acordado al contrario: la calidad de la imagen y resolución en pantalla que ofrece un dispositivo móvil ofrece una experiencia única, y al escuchar el sonido mediante auriculares, no hay ni interrupciones ni despistes: es mucho más ‘inmersivo’.

Y luego está el universo de los ‘canales’ que ahora son apps de los principales servicios en streaming. Lo que han cambiado las cosas: ayer uno se dedicaba a sentarse frente al televisor y esperar que comenzara la serie o película en cuestión (casi nunca a la hora), y ahora es al revés, uno elige el momento y contenido. Mi esquizofrenia particular comenzó con Netflix, pero pronto siguió con HBO y ahora ya se ha colmado con Amazon Prime Video. No sobra ninguna porque al final vemos todos los canales, que tienen, adicionalmente, el precio exacto para que no se considere un despilfarro y sea asumible por un amplio pericón de usuarios.

De todos ellos, Amazon llega en sinceridad como una extensión del servicio Prime, más que una escazes auténtico, pero poco a poco se ha manada un hueco en nuestro corazoncito: lo usamos fundamentalmente para descargar películas y series completas e ir viéndolas en los viajes. ¿Necesitamos verdaderamente un televisor o podemos sustituirlo por el móvil o tablet?


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