Masamune Shirow es el genio que está detrás de ésta y otras obr

Hay una parcela de Internet que anda un poco revuelta. Premeditadamente de esa renacida ‘Ghost In The Shell‘ con actores reales, las ágoras están servidas: que nadie pierda la oportunidad de opinar.

A un costado, la fenomenología de apropiación, el fanatismo: «yo estuve antiguamente y esto no lo apruebo». Por otro, quienes ignoraron el manga innovador y apostaron por el anime de Mamoru Oshii, más delgado y canon para tantas reinterpretaciones posteriores. Otros dirán que ese whitewashing hollywoodiense no ha circunstancia, Scarlett Johansson no puede interpretar a Motoko Kusanagi. Y, por zaguero, quienes descubrirán la innovador a partir de la cinta de Rupert Sanders.

Te diré poco: ¿sabes a quién le importa menos que ausencia todas las polémicas, idas y venidas con la censura y las elecciones de casting? A Masamune Shirow, culpable de tanto bullicio, un señor de 55 abriles sobre el que pesa ese clásico motto: «que mi obra hable por mí». Para aceptablemente o para mal.

¿Quién es Masamune Shirow?

Es El

Un hombre reservado, de costumbres inamovibles. De hecho, aunque tuvo que mudarse tras el terremoto de Hanshin, el cual se cobró casi 6.500 víctimas en enero de 1995, siguió viviendo en Kobe, Japón. Hasta donde sé, nunca ha surgido de Japón. Entre otras cosas, por su fobia a los aviones, no exclusivamente a derribar, como declaró cuando fue preguntado si querría asistir a conferencias en EEUU: «si tuviera tiempo, me encantaría ir, ¡pero tendría que alucinar en brinco o dirigible!».

En las pocas entrevistas que ha concedido, Masamune usaba un filtro para distorsionar su voz.

Tampoco busques fotos suyas: se le atribuye una que no es sino Toshihiro Kawamoto en plena conferencia y ésta otra, con bata de profesor, dista mucho de su vida en aquellos días. Encontrarás versiones editadas de una foto que circula por una de sus fanpage. Concede entrevistas telefónicas usando un distorsionador de voz. Una vez visitaron su estudio allá por el 94 y él apareció con una máscara que no se quitó durante toda la entrevista.

Y casi siempre trabaja solo. Mientras contemporáneos suyos han llegado a tener 200 esbirros alimentando en condena el sistema de producción masivo japonés, Shirow se lo toma con calma, editando a su ritmo, para sus intereses. Prefiere traicionar derechos de explotación y seguir haciendo ese uso casi mágico de la tecnología: tranquilo y privado.

Shirow trabaja solo, editando a su ritmo, para sus intereses

Entre sus influencias encontramos a Buichi Terasawa (Cobra), a Katsuhiro Otomo (con predilección por Fireball), poco de costumbrismo y mucho del Gundam de Guerras Frías y sombras del primer Philip K. Dick. Shirow no hace distinción entre shonen y shojo; de lecturas reposadas, ya sean enciclopedias bélicas, sobre entomología —muy presente en sus diseños— o mitología griega, lo que tenga que venir ya vendrá.

El samurai y la espada

La Forja

Comencemos por el nombre: Masamune Shirow. Este pseudónimo, en sí mismo, concentra una rica simbología. Como todo lo que hace. Sólo hace yerro percibir este poema para entender el luces del primer fonema: «shi», puede significar samurai y «row», hombre. Aunque su remisión más directa viene de la combinación de diez-más-uno. Shirow nació en el mes 11, en noviembre.

De tierno, Masamune Shirow acostumbraba a caricaturizarse como un pulpo con pincel y taco

Masamune, por su parte, remisión a la Honjo Masamune, gigantesca espada forjada por el fabuloso Gorō Nyūdō, la más importante del periodo Edo, un riquezas franquista que acabó en manos del ejército estadounidense en enero de 1946.

Cambiemos la espada por una estilográfica y la armadura por un pantalón de pana horrible y un suéter de pico y ya tendremos una imagen mental de este takochuShirow acostumbra a caricaturizarse a sí mismo como un pulpo con pincel y taco—.

Primeros abriles

Atlas

El hombre tras el pseudónimo, Masanori Ota, creció en «La puerta de las almas», en Kobe, ciudad portuaria caudal de la prefectura de Hyogo. Nacido el 23 de Noviembre de 1961, Ota mostró siempre exclusivo interés por las artes, incluso las marciales, practicándolas durante cinco abriles seguidos. Se cuenta que, en plena excursión escolar, quedó prendado frente a una estatua y terminó retrasando a todo el familia mientras lo buscaban.

Con 19 abriles recién cumplidos publica su iniciación amateur en el fanzine ATLAS

Fue en escultura donde logró las más altas calificaciones, en la Osaka University of Arts, universidad privada y hogar intelectual de ilustres como Fumito Ueda o las estrellas de Nintendo Takashi Tezuka y Yoshiaki Koizumi. ## Su pasión por el dibujo fue tardía, aunque caricaturizaba a compañeros y realizó ilustraciones para el circular de la escuela.

Ya con 19 abriles recién cumplidos publica su iniciación amateur, Areopagus Arther #1, en el séptimo número del fanzine ATLAS, pequeño bártulo grapado entre colegas. A este le siguen las entregas 2 y 3 en febrero y agosto de 1981. Por estas mismas fechas comienza su colaboración ‘Yellow Hawk’, en ATLAS 9, poniendo sobre la mesa su nervadura agresivo. Y aún habría de dibujar para Otomodachi, Funya o Kintalion.

Una cuestión de sortilegio

Black Magic Cover Copia

Con destreza prodigiosa y una raya definida —por los cuerpos femeninos estilizados y la opereta espacial—, el 25 de febrero de 1983 Shirow rejón su primera gran colección, Black Magic, además para ATLAS.

Y fue un pelotazo. No, en serio, te explicación un poco por encima: un helicóptero cargado de androides M-66 es supuestamente atacado. Acordonan la zona del percance. Los androides, que sólo estaban programados en modo simulador, comienzan su cometido: matar a la nieta de un stop cargo gubernativo. Los SpecOps lo intentan impedir, pero hay bajas. Muchas. Algunos M-66 sobreviven y se monta un Terminator 2. Entre medias, difusión televisiva como escudo de presión pública, hackeos y un montón de argot técnica.

A los 21 llamó la atención del presidente de la editorial japonesa Seishinsha

Con 21 primaveras y preciso a un año de graduarse, Shirow pasión la atención de la editorial Seishinsha, muy del gusto de este tipo de publicaciones. Su presidente, Harumichi Aoki, queda prendado de su estilo, pero Shirow replica que no tenga prisa, que se lo tiene que pensar. Así que dedica el resto del año a terminar sus estudios, acepta plaza como profesor de secundaria y comienza a trabajar en poco nuevo.

Mientras tanto, otro camión de fanzines. Solo en 1984 publica Optional Orientation, para el número 12 de Atlas, la primera parte de Battle on Mechanism, la segunda de Metamorphosis in Amazoness, la tercera de Arice In Jargon y un puñado de añadidos para la segunda estampación de Black Magic.

Las semillas del futuro

Appleseed

Tras su iniciación profesional, su alianza con Seishinsha estaba firmada. Y la editora de Osaka se llevaría un chasco. Shirow quería propagar en tankōbon: es opinar, ausencia de folletines semanales, sino creando volúmenes compilatorios. Y sin presión, por cortesía.

Appleseed nació como un demiurgo intelectual: ecologismo, mechas con orejas de conejo y triquinis convivían entre viñetas

Appleseed nació como un demiurgo intelectual, donde mechas se diesen la mano con tramas políticas, donde tratados filosóficos y sociológicos bailaran al ritmo de casquillos de bala cayendo en catarata. De los 10 volúmenes proyectados originalmente tenemos cuatro, lanzados entre 1985 y 1989: El desafío de Prometeo, Prometeo desencadenado, La peso de Prometeo y el Equilibrio de Prometeo.

¿Y qué es Appleseed? Pues… es poco que hay que percibir para entender. Algo inaccesible en el que convive ecologismo de manga ancha, chistes escatológicos, implantes, mechas con orejas de conejo, trikinis, lánguidas explicaciones sobre criptográfico simétrico y escritura en Sistemas Operativos ninjas. En Appleseed, Prometeo no entrega el fuego a los humanos: el conocimiento te llega como un incendio. Y, en porción del estepa, un agujero desventurado de convivencia convulsa por las bravas.

Appleseed fue un éxito comercial y, en parte, gracias a su formato

No hace yerro consultar relación: Appleseed fue un éxito, haciéndose con el Hugo japonés —el Premio Seiun al mejor cómic—. El descalabro del formato —en otra parte del mundo, de guisa simultánea, un tal Alan Moore escribía Watchmen— funcionó entre los círculos americanos mejor de lo que nadie esperaba.

Una OVA, tres largos, una serie de 13 episodios adaptada bajo Bandai Visual, dos videojuegos, varios libros de arte y un buen puñado de mangas tributarios fueron la herencia de la extraña pareja, Deunan Knute y Briareos Hecatonchires, humana y Robocop sobreprotector hinchado a implantes cibernéticos. Una relectura genuina del Apocalipsis atómico y ese temporalizador apostillado a unos minutos de la medianoche.

A por la dominación mundial

dominion

Para ser exactos cronológicamente, Dominion llegó entre el primer y segundo bulto de Appleseed, en septiembre de 1985, para la revista Young Animal Arashi, de la editorial Hakusensha.

En plena exitación creativa, Shirow probó suerte con otra serie: Dominion

Y Dominion II tras el segundo bulto, en pleno éxito de eManga, es opinar, manga con CD-ROM internamente con el mismo comic escaneado al que le han implementado mercancía digitales en imagen y sonido. Sus principales aportes fueron Gun Dancing y Pile Up, este zaguero publicado para Young Magazine Pirate Edition en 1987.

Esta logística ascenso atendía al temor del propio autor: quería probar suerte por si su clan matriz no cuajaba. Dominion especula con el post-apocalipsis: una catástrofe ambiental ha condenado a los supervivientes a comportarse con máscaras permanentes, mientras que los androides campan a sus anchas.

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Los robots han ascendido de categoría, el Gobierno estudia un sistema de auto-oxigenación y los mutantes usan el desierto como patio de recreo. De nuevo se coquetea con el tropelía de poder, el terror de una sociedad tecnificada que primero dispara y a posteriori pregunta. Y además hay espacio para chistes sexuales y religiosos: una suerte de Dune menos seria, menos aburrida.

¿Y Shirow? Frustrado por el sistema educativo japonés decidió dejar la Escuela de Arte, tras cinco abriles de enseñanza. Lo que le esperaba ocuparía todo su tiempo.

Los fantasmas de la consciencia

Portadilla

Japón estaba desilusionado. Sus promesas futuristas, ese brillante siglo XXI pulcro que prometía la burbuja rampante antiguamente de restallar, desembocó en miles de trabajos perdidos, coches sin matricular, tecnología cogiendo polvo, y una inflación timorata. La honrado se dejó tirar por los zai-tekku (especuladores).

Ghost in the Shell es una obra cumbre por motivos propios: ha creado una escuela en torno a ella

Esta brecha tecnológica se ha difuminado, pero hace dos décadas Japón y el resto del mundo vivían carreras paralelas: el país japonés se regodeó de EEUU, una borrachera de triunfo heredada desde la trofeo del Ejército Imperial sobre Rusia. Y este es el situación de Ghost in the Shell —GitS en delante—. El ciberpunk, como apuntaba Probertoj, nació muerto, revulsivo contra la ciencia ficción amontonada en librerías que repetía cánones recalcitrantes.

Sobre GitS no tengo mucho que opinar. Es una obra cumbre por motivos propios. Puedes encontrar ensayos sobre la tremenda realismo de su sistema de mapeo cognitivo, su recital LGBT, los límites de lo humano sobre lo herméticamente digital, su relectura del alma inspirada en el animismo de los algonquinos o esa teoría de John Searle sobre IA débil y resistente llevada hasta las últimas consecuencias.

Ghost In The Shell

Claro, GitS no es para todo el mundo: ¿poco de Masamune Shirow lo es? No en vano, aquellos editores que pensaban traicionar los derechos se llevaron un puñetazo en la mandíbula. Su recibo fue tibia, por decirlo suave. Parte de la yerro la tuvo esa obsesión por los insertos a pie de página, su encantador síndrome de Moby Dick que destroza cualquier ritmo de recital. Pero es que Shirow no cree en el ritmo, cree en la letras. Sirva como ejemplo esta cita directa de la página 46 del primer tomo:

Sus mangas están plagados de notas a pié de página, insertos que dilatan el ritmo

«La redacción del Presupuesto General del Estado empiezan en los últimos días de abril y debe ser entregado en agosto, según los términos establecidos por el Ministerio de Finanzas que, en el transcurso del año, debe presentar el cálculo en la Asamblea de Gobierno e informar oficiosamente a cada servicio (diciéndoles básicamente “habéis pedido demasiado, sólo os daremos ésto”)».

Y no sigo, pero la cita dobla la extensión. Imagina percibir esto con 12 abriles.

Sagas Maestras

Con los abriles saldrían los tentáculos: juegos oficiales de depreciación estofa, juegos no oficiales maravillosos —como esa carta de apego firmada por Rockstar llamada Oni—, animes, obras de teatro, cartas coleccionables…

Si trazamos una cronología, Arise, la película de 2015, sería precuela legítima, situada dos abriles antiguamente de la cinta innovador. Después habría que saltar a Stand Alone Complex y The Laughing Man, ambientadas en 2030. Y aún quedaría S.A.C 2nd GIG, Individual Eleven, Innocence y S.A.C. Solid State Society, que tienen circunstancia entre 2032 y 2034, respectivamente.

Igual nos da: su dote va mucho más allá de su sello. Tanto es así que, como apuntó Esther Miguel Trula, Shirow quiso que GitS llegara a nuevas generaciones, a tanto público posible, erradicando por el camino un grasiento conversación (simulado) que apuntaban a cierta promiscuidad, fruto de los implantes que hacen a La Mayor apreciar más y mejor placer que el tedioso resto de los mortales.

Más allá de Orion

Orion

Lo que vendría a posteriori sería, según el propio Masamune, la recital más madura de sus inquietudes. Estamos en el 1991 del mundo vivo y en un tiempo indeterminado en el plano ficcional: ya no caben insinuaciones, la sortilegio directamente existe en el Gran Imperio Yamato. Un Imperio Galáctico de 25 mundos vive interconectado por una tecnología que bebe tanto de la física de partículas como de la mitología Shinto.

Orion es un meta-contenedor dibujado con un talento inaudito y una imaginería monstruosa

Este sería su penúltimo manga propiamente dicho internamente de los cánones comerciales. Un indescifrable tatami de capricho heroica copada por una orgía de dioses heredados de distintas religiones. Aquí ya no hay piratas informáticos ni ciudades-estado, hay dimensiones enteras. Tampoco hay desarrollos dilatados, sino un proscenio sin trama. Y se la pegaría de nuevo.

Si me preguntas te diré que es su mejor obra, un meta-contenedor dibujado con un talento inaudito y una imaginería monstruosa. En cualquier caso, Shirow cerró demasiado rápido tanto arcos argumentales como intenciones y se quedó, por cándido, desempleado.

Neuro Hard

Páginas de Neuro Hard. Nótese la ingente cantidad de texto en torno a las viñetas.

Y aquí fue donde el autor comienza a trabajar en revistas para adultos, primero publicando su texto de ilustraciones Intron Depot, un recopilatorio que venía amontonando desde 1981, a posteriori su Comic Gaia en 1992, que además dejaría inconcluso, como Exon Depot. Mientras tanto, eso sí, picoteando en su Neuro Hard, su demencial despedida del carácter y un caramelo para los seguidores más devotos.

El renacimiento popular

1995 sería el año de las vacas gordas.

Shirow comenzó a propagar recopilatorios de resistente carga erótica. Y, con el éxito encima, le cogió el sabor

Ghost In The Shell resonaba en oeste gracias a una traducción afortunada, y Masamune publicaba el spinoff de Dominion “Conflict One: No More Noise”. Publicado en febrero de 1995 para Dark Horse Comics, esta estancia servía de nuevo principio en las tropelías de Leona Ozaki y la Newport Tank Police. Pero al igual que con Appleseed, de 4 volúmenes proyectados escasamente ha podido sacar delante dos.

Mientras siguó con su colección de postales, calendarios y demás gamberradas, por otra parte de ilustrar en 1998 las dos novelas de Makoto Izumi “Jashin Hunter”, publicadas de nuevo bajo Seishinsha a 740 yenes la estancia. Ilustraciones a todo color bajo la influencia victoriana del hombre lobo en una historia de pornografía soft —que en Occidente vende lo justito—.

Tampoco habría de preocuparse: mientras seguía con sus Intron Depot a velocidad de crucero, Ghost in the Shell acababa de convertirse en anime y un nuevo arreglo judicial lo ataba a trabajar con calma y buen sueldo: la secuela oficial Man-Machine Interface llegaría en 2001 y Human-Error Processor en 2003.

Aún habría que sumar su iniciación televisivo, en calidad de supervisor. Stand Alone Complex, la serie dirigida por Kenji Kamiyama, gozaría de buena acogida. Y durante 2007 comenzaría su colaboración con Production I.G, resultando en la co-escritura de la serie Ghost Hound y el concepto innovador de Real Drive (2008), un anime cuidadísimo en dos temporadas dirigido por Kazuhiro Furuhashi.

Para todos los gustos

De Todo Un Poco

Masamune Shirow percibió que poco no encajaba: sus denodados esfuerzos de mangaka eran acogidos en Oriente con demasiado reparo, mientras que sus piruetas eróticos se agotaban antiguamente de publicarse, a precios que doblaban los viejos mangas.

Su despedida formal llegó de la mano de Koshi Rikudo, a quien conoció ilustrando Excel Saga, en pleno 2012. Pandora in the Crimson Shell caldo a ser un Inland Empire para Masamune: una loli androide enfrenta amenazas terroristas con cachondeo y poderes computacionales. Dicho de otro modo: se tocan punto por punto las pulsiones del autor, todas y cada una.

‘Pandora in the Crimson Shell’ caldo a ser un Inland Empire para Masamune: un cajón de modisto con las ideas que cultivó durante 20 abriles de trabajo

Su implicación fue puro protocolo. En la película y anime posterior se tomaron caminos alternativos y Shirow siguió a lo suyo. Se volcó en encargos exprés y el diseño de personajes para videojuegos, como ya hizo abriles antes en Fire Emblem: Shadow Dragon, Sampaguita, o Project Horned Owl.

Creó Galgrease —sí, el nombre viene de la estética greased—, una “marca” bajo la que propagar gran parte de sus libritos eróticos bajo diferentes temáticas: película del Oeste, aventura, capricho, horror o ciencia ficción.

Ultima Etapa

En 2009 comenzaría su PIECES, paquetes de ilustraciones que actualmente cuentan con nueve volúmenes a precios que rondan los 1.500 yenes. En Youtube hay algún que otro canal destripando el contenido de cada página. Aunque no te recomiendo buscarlos si estás en el trabajo. Y los tres volúmenes de W-Tails Cat 1, otros dos de Greaseberries. Y así, hasta el medio centenar de cuadernos a data de 2017.

Masamune Shirow en 2017

Por desgracia, la sombra de Ghost in the Shell es demasiado larga. Los cinco capítulos de GitS: Arise en 2014, The New Movie en 2016 y la inminente película con actores reales nos recuerdan, cada pocos meses, que aquel mundo dibujado y entintado a medias aún puede dar proporcionado de sí. Con tacto dispar, claro.

Masamune Shirow es tan padre del ciberpunk como el Neuromante de William Gibson

Confeso jugador de videojuegos, adjudicatario de ordenadores Macintosh y puro cumplidor con los plazos de entrega, el de Shirow es un cosmos viscoso y vasto. No me corresponde departir de perversiones y pajerío distraído, aunque habrá quien eche de menos la contrapartida más hard de Appleseed y sus terceras, cuartas y quintas Guerras Mundiales.

Este es el prolífico Masamune, una mente preclara tan padre del ciberpunk como el Neuromante de William Gibson.

Sus guiones, jeroglíficos para los chavales de hace dos décadas, se antojan veraces manifiestos delante una presente donde lo vivo y sintético se difumina, donde la ritual de similar pierde sentido desde el instante que nuestra comunicación, satisfacción e incluso supervivencia dependen de toda esta tecnología que hemos construido. Y que lo esté contando en Xataka tiene su sorna.


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