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Los riesgos de una popular técnica de ingeniería genética en humanos anticipan uno de los grandes debates del futuro

Una de las buenas noticiario del año 2016 fue que, por primera vez, creamos un bebé con tres progenitores. No sólo era el primer paso de una serie de técnicas que nos iba a permitir eliminar algunas de las enfermedades hereditarias más terribles del mundo; sino que es un gran ejemplo de todo lo que hemos aprendido en los últimos abriles.

Pero igualmente de lo poco que sabemos. Los últimos estudios hablan de los serios problemas de una técnica que ya se está aplicando por medio mundo. ¿Qué pasará cuando lo que vendemos como grandes avances empiecen a fracasar? ¿Estamos preparados para admitir los problemas derivados de la ingeniería genética?

Contra las enfermedades hereditarias

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Existen más de 150 enfermedades mitocondriales que pueden afectar de forma muy variada a las personas que las tienen (desde pérdida del control motor o dolor muscular a problemas generalizados en casi todos los órganos). Son enfermedades genéticas y, hasta ahora, incurables.

Estas enfermedades se originan por la deficiencia de alguna proteína de las mitocondrias y están directamente relacionadas con el ADN mitocondrial. Este material hereditario es extranuclear y se encuentra ‘danzando’ en el citoplasma del óvulo.

Este año será el año en que la genética y sus aplicaciones se vuelvan mainstream

Por eso, la técnica consistía básicamente en extraer el núcleo del óvulo que tiene problemas mitocondriales y transferirlo a un óvulo donado sano. De esta forma, el embrión resultante tiene el ADN del padre, el de la religiosa y una pequeña fracción del ADN de la donante.

El problema fundamental es que era muy hacer esa “transferencia del núcleo” sin usar poco del material hereditario ‘defectuoso’. Tras diez abriles de progreso de la técnica, el “éxito” en México (donde se fueron para evitar la prohibición estadounidense) ha hecho que se extienda rápidamente y ya goza de aprobación en Reino Unido.

Igual nos hemos apresurado

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El mes pasado, Nature publicó un estudio en el que se estimaba que la técnica podía fracasar hasta en un 15% de los casos. Como algunos investigadores habían predicho, podían darse conflictos entre el material mitocondrial hereditario del donante y el material trasplantado (aunque este final fuera muy poco).

A menudo olvidamos que al punto que estamos iniciándonos en la genética y que aún queda muchísimo por memorizar.

No sólo eso, si no se realizan estudios de compatibilidad, las interacciones genéticas entre todos esos materiales pueden darnos sorpresas muy desagradables. Y muy peligrosas. Al fin y al límite, como acertadamente sabemos, pequeñas variaciones en el ADN mitocondrial la pueden desconcertar muy parda.

El trabajo de Mitalipov ilustra muy acertadamente estos peligros. En sus experimentos, aunque había menos de 1% del ADN mitocondrial problemático, éste se hizo con el control de toda la célula. Es proponer, volvíamos al punto de partida (enfermedad incluida).

¿Es un callejón sin salida?

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No, por fortuna. La propuesta de Mitalipov es usar un procedimiento similar a los trasplantes de órganos o núcleo: desarrollar procedimientos para encontrar donantes compatibles. Según sus resultados, las diferencias entre las mitocondrias son un divisor esencia en ese rechazo.

Ya se trabaja en este ámbito, pero quizá lo más interesante del caso es lo que nos dice sobre el futuro cercano y sobre cómo lo afrontaremos. Un futuro donde las consecuencias negativas de las técnicas que hemos desarrollado se van a hacer evidentes.

El lucha de preparar a la sociedad para la tecnología que viene

Gattaca

A finales del XIX y principios del XX, cuando las ciencias biomédicas dieron el brinco esencia, las consideraciones éticas eran mucho menores y la difusión de los fracasos y problemas era casi inexistente. ¿Qué pasará cuando las técnicas biotecnológicas comiencen a fracasar? ¿Corremos el aventura de que la sociedad, alarmada, rechace todos estos avances? Sobre todo, en un escena como el coetáneo donde no existe la posibilidad de controlar su uso de forma efectiva.

Si he de ser sincero, la batalla coetáneo en torno a los transgénicos no hace presagiar nadie bueno. En cuanto las técnicas de ingeniería genética permitan perfeccionar a nuestros niños y niñas de forma efectiva, la polémica será terrible. ¿Estamos preparados para el debate que se nos viene encima?

Creo que fue Richard Dawkins el que decía que “lo que deben hacer los expertos en bioética es quitarse de en medio y dejar que la ciencia siga avanzando”. No tiene razón. Lo que deben hacer, en todo caso, es preparar a la sociedad para el larguísimo camino que nos queda por recorrer y alejarla de la tentación de abandonarse la utensilio más potente que ha existido nunca para eliminar buena parte del sufrimiento humano.


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