Los bots que luchaban contra los trolls

José Luis (@senorbot), es padre y marido, políticamente incorrecto, programador y orgulloso focoforero. Eso dice su cuenta de Twitter, pero es todo mentira. José Luis es un bot.

Uno muy singular, diseñado para sembrar el caos entre los trolls y tratar de que gasten sus fuerzas en él y no en usuarios inocentes. Marina Vega, una chavea asturiana responsable de su creación, quería contender contra esos trolls en Twitter, y ha conseguido un resultado sorprendente. Otros bots surgieron en el pasado para combatir a esos usuarios tóxicos en Twitter, y esta es su historia.

José Luis es solo el principio

Como indican en El Confidencial, esta chavea programadora de 24 primaveras estaba harta de esos trolls de Twitter, así que decidió utilizar sus conocimientos para crear este bot que no hacía más que dar cuerda a ese tipo de usuarios que solo buscan el enfrentamiento y la polémica.

Lo hizo tras la polémica que hubo con el evento Gaming Ladies, como explicaba en esta entrevista en Canino. El resultado fue José Luis, un perfil que demuestra lo obediente que parece crear un bot y suplantar la identidad de una persona existente para todo tipo de escenarios. El bot, programado en Ruby, hace uso de una almohadilla de datos que permite que actúe y responda cuando detecta ciertos términos, y las respuestas están almacenadas en ficheros JSPN.

Las conversaciones y respuestas de José Luis no son perfectas, claro, y cuando no reconoce el contexto del mensaje y no sabe qué replicar exactamente, genera una frase aleatoria. O más adecuadamente generaba, porque Twitter ha bloqueado su cuenta por considerarla ‘spam’, y aunque es posible ver su actividad y Marina puede escribir tuits manualmente, la actividad cibernética del bot está desactivada.

Marina está tratando de reactivar su funcionamiento siguiendo las directrices de Twitter y el código que ha transmitido espacio a este bot podría publicarse próximamente, pero esta chavea desarrolladora quiere trabajar un poco más en él porque José Luis podría no haberlo dicho todo aún.

Lo que lees en internet puede influirte, da igual que lo haya dicho un bot

El esfuerzo de esta chavea programadora es en efectividad parte de un movimiento que se inició hace primaveras y que demostraba que los bots pueden influir en el comportamiento de los humanos en las redes sociales.

Bots1

Un buen ejemplo lo tenemos en Botivist, un exposición de Microsoft Research que tenía como objetivo conseguir que los usuarios que usaban Twitter como altavoz para quejarse de la corrupción que existía en el mundo contribuyesen con ideas y compartiesen esas ideas con otros. Algunos usuarios se quejaron de la implicación de un bot en este tipo de debate, pero el objetivo final se logró: “descubrimos que Botivist era capaz de animar a la gente a ir más allá de la simple queja contra la corrupción”, afirmaba uno de sus creadores.

Eso asimismo quedó licencia en estudios como el de Kevin Munger, que analizó formas de relajar los mensajes racistas de usuarios en Twitter con un bot que asumía distintas personalidades: “si simulaba ser un hombre blanco con un gran número de usuarios, acababa reduciendo los mensajes racistas del usuarios tras cierto tiempo. Si el bot simulaba ser un hombre negro o tenía pocos seguidores, sus intervenciones no se podían calificar como exitosas”.

Esa influencia en el debate e incluso la forma de pensar de usuarios humanos fue asimismo aprovechada de una forma insólita el año pasado. Aunque es inverosímil calcular el impacto existente de aquel suceso, se ha descubierto que bots desarrollados por Rusia para efectuar en Twitter lograron que el luces de las telediario falsas durante las elecciones de 2016 en Estados Unidos fuera aún mayor.

No parece que Twitter lograra parar el problema a tiempo, pero quien sí está trabajando en ello es Twitch. La plataforma para compartir partidas de videojuegos está teniendo su particular “infierno troll”, con canales que acaban siendo tomados por trolls para contaminar la conversación y desviar la atención del descanso o la partida para centrarla en mensajes racistas o sexistas. Twitch desarrolló un ejército de bots para monitorizar esas discusiones y alertar al huésped de ese canal cuando alguno ha publicado una palabra o comentario ofensivo. A partir de ahí es ese beneficiario que comparte su transmisión el que decide qué hacer con ese beneficiario.

Los bots como armamento contra los trolls de Twitter

Esos mismos principios fueron aprovechados por Nora Reed, una programadora y instigador de Nuevo México que acabó desarrollando un par de bots en Twitter (@opinions_good y @good_opinions) para expedir mensajes como “el feminismo es bueno” o “creo que Donald Trump es horrible”.

A partir de ahí estudió el comportamiento de aquellos que veían estos mensajes, y como ella misma concluía “lo que he descubierto sobre esa gente —tanto los que hablan con mis bots como los que hablan conmigo— es que ninguno de ellos están realmente interesados en la conversación. Tienen ideas preconcebidas sobre la gente que habla sobre los temas por los que buscan y argumentos enlatados que quieren usar, y solo buscan la oportunidad de escupírselos a los extraños”:

Hay más ejemplos singulares. Sarah Nyberg creó su propio bot, llamado Liz (@Arguetron) con el mismo propósito que Marina cuando creó a José Luis: conseguir que los trolls desviasen su atención y esfuerzos a un bot para no atacar a otros usuarios humanos de Twitter. Usar un nombre afeminado para la cuenta logra hacerla aún más “apetitosa” para los trolls. Tanto que algunos trolls acaban incluso tirándole los tejos al bot para confederarse con ella (o “ello”, más adecuadamente).

Los trolls que inundan las redes sociales se centran asimismo a menudo en hacer ataques racistas y antisemitas. En Twitter algunas de esas personas simulan pertenecer a alguno de esos grupos que quieren despellejar para comenzar a asegurar verdaderas barbaridades sobre ellos.

Un periodista roñoso llamado Yair Rosenberg llevaba tiempo estudiando este aberración en el que neo-nazis acababan haciéndose advenir por judíos que aprovechaban Twitter para despellejar a los suyos con todo tipo de frases antisemitas. El periodista acabó pasando a la acción y conexo a un desarrollador creó un bot de Twitter llamado Imposter Buster que detectaba esas suplantaciones de identidad para denunciarlas en esta red social.

Bots para todo y para todos

Mi compañera Anna Martí ya señalaba a finales del año pasado cómo en Twitter tratan de restringir el uso de estos bots, y normalmente lo logran gracias a que estos desarrollos se delatan a sí mismos por ciertas peculiaridades: acciones demasiado instantáneas, gobierno de seguidores y seguidos o la propia actividad del bot (que te reconoce que lo es) son algunas de ellas.

Tay

Esos bots han ido demostrando en Twitter su capacidad, pero asimismo lo difícil que es conseguir que las conversaciones se mantengan adentro de lo regular tanto ética como moralmente. Aquí tenemos un ejemplo del desastre en el que pueden concluir estos proyectos como Tay, aquel bot creado por Microsoft con el objetivo de conversar de todo con todo el mundo en Twitter que acabó siendo retirado por sus sorprendentes mensajes racistas.

Esa fiebre por el exposición de bots fue protagonista el año pasado para muchas de las grandes de la tecnología: de repente tener un chatbot en aplicaciones de transporte instantánea y servicios de soporte se convirtió en poco casi obligatorio, y asistimos a la creación de diversos chatbots que lamentablemente demostraron no estar a la altura.

Es evidente que ese era solo el punto de partida. Los bots que nos permiten interactuar a través de mensajes en una conversación se irán volviendo más y más capaces de prolongar una conversación prudente, y de hecho será interesante ver cuánto tardan (porque la pregunta no es ya si lo lograrán) en suplantar a la perfección a los humanos a la hora de darnos conversación.

En Xataka | En el futuro será la línea de comandos: sobre los bots como las nuevas apps y el chat como el gran interfaz


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