lo que dice la ciencia sobre no perder el tiempo

Llega la Navidad y el mundo se llena de colas. Supermercados, jugueterías, tiendas de ropa y restaurante. Colas grandes, pequeñas, medianas; colas únicas o divididas; colas que van por número, por turno, por azar. Colas, colas y más colas.

Y la verdad es que a nadie le gustan las colas. Al menos, a nadie a quien conozca. Uno siempre tiene la sensación de que está atrapado en la más lenta, mientras el resto de ellas avanzan cada vez más rápido; siempre cree que se ha inexacto al osar donde ponerse; que la vida es lo que pasa entre fila y fila.

En fin, que hacer nalgas es toda un arte y aquí hemos resumido todo lo que dice la ciencia sobre el asunto.

La vida es una enorme nalgas

El arte de hacer nalgas se apoyo en dos tareas fundamentales. La primera consiste en designar proporcionadamente y la segunda en permanecer fieles a esa disyuntiva. Parece de perogrullo, pero toda la investigación que tenemos sobre el asunto nos dice que somos pésimos en esas dos simples tareas.

Por ejemplo, normalmente la disyuntiva más intuitiva no siempre es la mejor. Como explicaban Scalas y Georgiou, si llegamos a una lista de cajas y nos encontramos con una nalgas más larga que otra, tenderemos intuitivamente a ponernos en la corta. Tiene sentido: la nalgas pequeña puede indicar que el cajero de la corta es más rápido y válido que el de la larga.

Escoger proporcionadamente es contraintuitivo

Janis Skribans 430593

Pero, en sinceridad, no tiene por qué ser así. De hecho, normalmente no es así. Sin más información, unirse a la nalgas corta es casi un homólogo del azar. El tamaño de los carros y las cestas, la forma de suscripción de los compradores o el tipo de productos que llevan son algunas de las cosas que intervienen.

Según Scalas y Georgiou, hay dos factores fundamentales a la hora de estimar la velocidad de una nalgas. La primera es el “tiempo de servicio”, el tiempo que tardará cada cliente. Esta variable tiene un componente accidental y otros que no lo son porque dependen de las tareas que requiera resolver el problema. En un hipermercado, un buen criterio suele ser el hecho de si los clientes llevan ropa o no. La ropa (por las medidas de seguridad) requiere más tiempo que la comida. Es proponer, el “tiempo de servicio” aumenta.

Rafael De Nadai 481721

Es segundo coeficiente es la “tasa de llegada”, la frecuencia con que la familia se une a la nalgas. Si la frecuencia de venida es inscripción y las tareas similares, la medida de la nalgas sí es un coeficiente a tener en cuenta. En otros casos, no tiene por qué.

Para estimar correctamente la nalgas más rápida hay que fijarse en los detalles

Con solo esos dos factores, se podría predecir qué nalgas será la más rápida. El problema es que normalmente no podemos estimarlos con facilidad.Fijémonos en los detalles, en ellos se esconde la secreto.

Y, ya de paso, usemos algunos trucos psicológicos. Por ejemplo, las personas tienden a designar instintivamente el costado de su mano dominante. Los diestros eligen la derecha más que la izquierda y los zurdos al revés. Ante la duda y probabilísticamente hablando, siempre habrá menos familia a la izquierda que a la derecha.

Una vez decidido, NO dudes

Roman Arkhipov 123615

Una vez tomada la atrevimiento, hay que permanecer firme. Cambiar de nalgas es una pésima idea: los estudios indican que aquellos que cambian de fila esperan un promedio del 10% más que los que no lo hicieron y los que cambiaron dos veces terminaron esperando un 67% más. Sin incautación, no es dócil.

En primer ocupación, por el sesgo de inspección: lo que hace que pensemos que nuestra nalgas se mueva más calmoso que el resto. Este es un sesgo cognitivo que se apoyo en la dificultad que tenemos para relacionar el tiempo medio de servicio con el tiempo verdadero que tardan los clientes.

En universal, tendemos a infraestimar el tiempo que deberían tardar las personas que tenemos delante y esa tardanza extra percibida acaba por ponernos nerviosos. Esto no afecta al resto de colas porque al evaluarlas de forma universal, los tiempos medios se observan mejor.

A eso hay que sumarle que solemos odiar ser los últimos. Un grupo de investigadores de la Harvard Business School acaba de descubrir que cuando una persona se encuentra al final de una nalgas tiende a tomar decisiones que rápidamente se vuelvan contraproducentes. Según su investigación, tenemos inquina a estar al final: los que se encuentran ahí, en extremo ocupación, tienen hasta cuatro veces más probabilidades de cambiarse a otra nalgas (que los que tienen poco detrás).

Y, reconozcámoslo, es sin fuste. “la cantidad de personas que tenemos detrás de nosotros no tiene nada que ver con cuánto tiempo vamos a esperar, pero influye en nuestro comportamiento. Si estamos en el último lugar, estamos casi un 20% menos satisfechos que si alguien se pone detrás de nosotros”, explicaba Ryan Buell, director de la investigación.


Source link

deja tu opinion

Seguinos

Tecnoblog en las redes sociales