Las retorcidas maneras en las que nuestro cerebro nos engaña para hacernos creer en teorías conspiranoicas

De igual guisa, el sesgo de confirmación es el que nos hace rebotar como interlocutores a las personas que tratan de sacarnos de nuestro error. Es el responsable de que, si crees en teorías de la conspiración, automáticamente pienses que yo no soy una fuente fiable por tratar de convencerte de lo contrario en este post. La causalidad intencional del primer punto se encargará, encima, de hacerte pensar que en sinceridad queremos convencerte de ello porque somos parte activa en la conspiración.

Sesgo de proporcionalidad

Nuestro cerebro tiende a establecer un compensación entre causa y intención. En otras palabras: las causas pequeñas tienen artículos pequeños, y las causas grandes tienen artículos grandes. Cuando no encontramos ese compensación, nuestra mente tiende a despabilarse causas adicionales para equilibrar el problema.

Proyección de cualidades

Nuestro cerebro tiende a proyectar sus propios miedos y cualidades negativas en los demás. Es el mítico “Cree el ladrón que todos son de su condición” (lo que, de paso nos hace retornar al punto de atribución causal). Curiosamente, este comportamiento es el que hace que personas que creen en una teoría de la conspiración ataquen fervientemente otras que no concuerdan con la suya.

Miedo

El miedo no es un sesgo de confirmación, pero es el catalizador que dispara todos los demás. Tenemos miedo de lo que no comprendemos adecuadamente. Tenemos miedo de que nos hagan daño a nosotros o a nuestros seres queridos. Tenemos miedo de no tener el control, y de ser vulnerables.

El miedo espolea al cerebro para que busque significados y patrones a nuestro aproximadamente porque retener lo que está pasando es lo único que nos puede quitar el miedo. Nos hace distinguir que estamos preparados y alerta en espacio de esperando un contratiempo que no sabemos siquiera de dónde vendrá.


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