‘La Zona’ demuestra que en España se puede combinar thriller, drama y post-apocalipsis (y sobrevivir)

Rara vez una película post-apocalíptica manejo… bueno, sobre el post-apocalipsis. A menudo es una simple excusa argumental para susurrar del aislamiento, la soledad, el futuro de la especie humana, para exhalar mensajes ecologistas o plantar odas al “to er mundo e güeno” o al “merecemos morir todos”, según lo bordes que sean los responsables de esa ficción. ‘La zona’, que ni siquiera es una serie post-apocalíptica pura, no es una excepción.

‘La zona’ narra cómo, tres primaveras luego de un contratiempo nuclear en Asturias, Héctor (Eduard Fernández), policía que sobrevivió al desastre pero no así su tribu, se reincorpora al cuerpo para investigar un homicidio en una zona aún cerrada y cercana al reactor nuclear. Alrededor de él orbitan otros personajes. Por ejemplo, Julia (Alexandra Jiménez), una médico marcial que atiende el estado de refugiados y afectados por el suceso, y cuyas relaciones personales se ven afectadas por el suceso.

O Zoe (Alba Galocha), una adolescente que hace contrabando por las zonas prohibidas, en una de las muchas pistas falsas que la serie da en su comienzo acerca de cuál será su auténtico tema. Poco más se puede contar sin entrar en tema spoilers, pero en los primeros episodios, a los que hemos tenido paso, la trama se desvela muy poco a poco y mostrando una telaraña de relaciones tejida a partir de la tragedia.

De hecho el reparto, que completan Emma Suárez, Carlos Bardem y Juan Echanove, ni siquiera llega a tener protagonismo o siquiera aparecer, en algún caso, en los primeros capítulos. Es una buena muestra del compromiso de Movistar+ con los creadores, Jorge y Alberto Sánchez-Cabezudo, que no han tenido que ceder a los peajes habituales en las superproducciones televisivas y sacar pronto a pasear por pantalla a las estrellas. Aquí todo está supeditado a la narración, y por eso mismo los 50 minutos de duración de cada episodio se respetan escrupulosamente.

Es estrafalario cómo poco tan obviamente benéfico para un thriller como la concisión, la tensión continua, la descripción certera de ambientes y personajes, se pasa a menudo por parada en la ficción televisiva española para reverenciar el rendimiento publicitario. En ‘La zona’ eso no pasa, y los hermanos Sánchez-Cabezudo repiten el buen hacer de la elogiadísima ‘Crematorio’ midiendo muy proporcionadamente los tiempos y la intensidad.

Tensión muy proporcionadamente medida

Decíamos que ninguna ficción post-apocalíptica (ni siquiera la que usa sus tropos como un simple coqueteo, como ésta) deje solo del post-apocalipsis. ‘La zona’ hace honor a esa regla usando los primeros capítulos de la serie para delinear los conflictos de los personajes, siempre vinculados de un modo u otro al desastre nuclear en Asturias que flota como un aparición sobre toda la obra.

‘La zona’ combina thriller, cine de catástrofes, road movie y drama sentimental, y es esa mezcla lo que la hace funcionar y le da empaque.

Cuando aparece el medio ambiente criminal, la serie va combinando (al menos en los primeros episodios) la investigación policial con una trama secundaria que podría ser de infectados caníbales (o no) y, cómo no, con el trasfondo trágico de los protagonistas. Quizás ahí es donde cojee ligeramente la producción, con ese exceso de mochila emocional con el que parecen cargar todos los personajes. Pero ‘La zona’ juega con valentía esa carta y (de nuevo, al menos en los primeros capítulos), no chirría por el exceso de dramatismo. Su combinación de géneros, donde se dan la mano el thriller (no centrándose solamente en la resolución del homicidio, sino entrando en temas más políticos, como quién se beneficia económicamente de una tragedia), el cine de catástrofes y la road movie, más el necesario medio ambiente de estudio de personajes, ayuda a animar su efectividad.

La producción de ‘La zona’ por parte de Movistar está a la cumbre de la apetencia del plan: excelentemente proporcionadamente rodada, con pertenencias digitales notables pero realistas y proporcionadamente disimulados, con gran variedad de escenarios y ambientes… la serie hace ostentación de su condición de superproducción, pero en un tono muy dispar a como, por ejemplo, hace TVE con sus series de estilo histórico.

Es pronto para establecer una serie cuya trama se va a desenredar a lo holgado de ocho episodios, pero es precisamente la continuidad y regularidad que hemos detectado en los primeros los que nos permiten vaticinar un exposición al que valdrá la pena prestar atención. Lo mejor que se puede sostener de una serie basada en ir desplegando sus secretos poco a poco como ‘La zona’ es que consigue persistir la atención del espectador.

Pese a su solemnidad y a confundir en ciertos momentos el sentimentalismo con la complejidad, la seriedad de ‘La zona’ hace que un planteamiento antes poco cercano como el de un desastre nuclear en España (ya no hay reactores en el finalidad de la península), se contemple como factible. La excelente dirección de actores y la espectacular ambientación (en exclusivo, las desoladas áreas afectadas por la desgracia) hacen el resto. De momento, seguimos en la zona.


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