Graban por primera vez el rugido del pez león, una de las especies más peligrosas para la costa del Caribe

Foto: Wikipedia

Durante décadas, los pescadores del pacífico han contado historias sobre los gruñidos del pez arrojado, pero la ciencia no les han cubo mucho crédito. Ahora, un comunidad de investigadores ha rematado por primera vez discernir el “rugido” de este pez, uno de los más territoriales, voraces y peligrosos del Mar Caribe.

Intrigado por las historias, un equipo de científicos de la Universidad de Carolina del Norte ha pasado cinco días grabando con micrófonos de entrada sensibilidad a un comunidad de estos peces en un tanque. El resultado ha sido la primera prueba del rugido que emiten estos peces, una especie de tamborileo acompañado de un zumbido que suena así.

Lo que los investigadores no tienen tan claro es cómo usan los peces arrojado este sonido. La frecuencia del golpeteo parece incrementarse cuando los animales se sienten inquietos o agitados. La principal hipótesis del estudio es que los peces usan ese sonido con el objetivo de amenazar a otras especies para que no entren en su circunscripción, pero es preciso investigar más para comprobarlo.

¿Para qué necesitan los biólogos comprobar si los peces arrojado en realidad rugen? La respuesta está en la condición de eliminar su presencia. Se da la circunstancia de que el pez arrojado (Pterois antennata) no es nativo del Mar Caribe. Su origen está en los océanos Pacífico e Índico, pero se ha extendido con celeridad a otras aguas. En las costas de Florida, por ejemplo, el pez arrojado es una especie invasora extremadamente territorial y agresiva que se ceba en peces y crustáceos locales. Un estudio realizado en las Bahamas demostró que un solo pez arrojado es capaz de consumir con el 80% de alevines y peces juveniles en su circunscripción.

Sus espectaculares aletas, adicionalmente, inyectan un ponzoña que hace que tenga muy pocos depredadores naturales. La picadura del pez arrojado es extremadamente dolorosa para el ser humano, aunque no es mortal por sí misma. Suele provocar parálisis respiratoria, insuficiencia circulatoria, y fiebre. Los síntomas remiten en unos días.

Lograr entender los gruñidos del pez arrojado y cómo se comunica con otras especies podría servir para desarrollar un método que ahuyente a estos depredadores en las aguas en las que no son bienvenidos [Wiley Online Library vía New Scientist]


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