Solo 20 minutos. Ese intervalo de tiempo fue más que suficiente para darme cuenta de que el teléfono que sostenía en mis manos podría ser, sin duda alguna, el mejor Android de 2017.

La sorpresa, por mi parte, era mayúscula. Google hizo un trabajo utópico con el primer Pixel, pero el gran avance de LG, Huawei y Samsung durante este año dibujaba un panorama muy difícil para una compañía que, pese a sus increíbles medios, solo lleva un año fabricando productos de este tipo.

Con solo 20 minutos ya es posible apreciar que este Pixel 2 XL es, posiblemente, el mejor teléfono Android de 2017.

¿Qué ofrece este Pixel 2 XL que no encuentres en teléfonos como el Galaxy Note 8 o el LG V30?, preguntaréis ahora mismo. Y la respuesta es tan simple como “atención al detalle”. Eso mismo que priva al Galaxy Note 8 de alcanzar la perfección es lo mismo que Google sí parece suceder tenido en cuenta para estos Google Pixel 2 XL. Algunos de esos detalles esencia:

  • Uniformidad. Controlar al milímetro el software y el hardware de tu teléfono brinda múltiples beneficios, y en el Google Pixel 2 XL se aprecian con facilidad. Las interfaces son más homogéneas, la fluidez es casi permanente y los diferentes utensilios que componen el conjunto muestran una cohesión que ningún otro teléfono Android puede equiparar.

  • Fidelidad. Un detalle muy exclusivo fue el alegría y la búsqueda de la fidelidad. La pantalla del Google Pixel 2 XL no sobresatura ni negociación de tachar la atención del consumidor; premia el realismo. Y eso es poco que ni LG ni Samsung —que incluso emplean paneles OLED— respetan. Lo mismo ocurre con la cámara fotográfica, que este año es mejor que nunca.

  • Más allá del teléfono. El teléfono de Google es solo una habitación más internamente de un ecosistema de productos y servicios. Si apuestas por esa tribu, la interconexión es fantástica, y solo Apple puede equiparar esa experiencia tan pulida.

A estos tres importantes detalles hay que sumar lo nuclear: componentes de primer nivel, la última traducción del sistema operante Android y una conjunto que promete satisfacer las deyección del becario en cualquier situación. Todo, como conjunto, ofrece una de las experiencias más sólidas de 2017.

Lo excelente y lo peculiar

El aspecto más relevante de este Google Pixel 2 XL es la cámara fotográfica, que alivio en prácticamente todo a su predecesor y tiene muchas opciones de convertirse en la mejor que hemos conocido en un smartphone hasta ahora.

Las condiciones lumínicas que Google ofreció a la prensa durante el evento de presentación no fueron las óptimas para poner a prueba sus capacidades fotográficas, pero los primeros resultados son muy prometedores.

Mención exclusivo merece el modo retrato, que hace uso de un único sensor y ¡solo con software! es capaz de ofrecer unos resultados muy buenos. El blur es natural, suele detectar aceptablemente los bordes y el desenfoque es más progresivo que en otros teléfonos. Además, está acondicionado tanto con la cámara delantero como con la trasera, por lo que las selfies incluso pueden presumir de esa fantástica profundidad de campo.

¿Es este modo retrato mejor que el desarrollado por Apple y otras compañías?, preguntaréis muchos. Y la respuesta, honestamente, es difícil de formular. Google ha hecho un utópico trabajo con sus algoritmos, pero posicionarla por delante o por detrás del resto de soluciones requiere una serie de pruebas de maduro profundidad —y que llegarán en su correspondiente disección, cómo no—.

El diseño es sobrio, práctico y un poco inerte.

El otro aspecto destacable del Google Pixel 2 XL es el diseño. En persona luce mucho mejor que en fotografías, y la traducción negra —que no llega a España— es infinitamente más atractiva que la traducción blanca y negra —a la que muchos ya han aguado como “dominó”—.

Más allá de eso, el Pixel 2 XL es un teléfono con un diseño sobrio, práctico y un poco inerte. No transmite demasiado y siquiera atrae miradas. Y eso, en un teléfono de 959 euros, no es poco que juegue precisamente a su amparo.

Un buen producto no es suficiente

Observando este nuevo teléfono como negocio y no como producto, hay varias cosas a considerar:

  • El poderío de Google. Detrás del Pixel 2 XL está una de las compañías con maduro capitalización cotizable del mundo. La cantidad de medios puede contribuir a una mejor respuesta.

  • La distribución. En algunos mercados tendrá unidades limitadas, y en algunos como Estados Unidos o España solo se podrá conseguir con un único cirujano. Los productos de la competencia, en cambio, se venden hasta en los quioscos. Esa error de exposición juega muy en su contra.

  • El posicionamiento. La marca Google es una de las más valiosas del mundo, según la revista Forbes. Pero Google tiene por delante un difícil duelo que consiste en hacer que los consumidores “estándar” reconozcan la palabra “Google” como “fabricante de smartphones“. ¿Cómo se logra eso? Con buenos productos y, sobre todo, con un marketing magnífico.

  • La competencia. En consonancia con el punto preparatorio, Google tiene el gran duelo de convencer a los usuarios “estándar” de que su producto es tan sólido (o quizá más) que otros más populares como el Galaxy Note 8 o el iPhone X. De lo contrario, cualquier persona con 1.000 euros de presupuesto acabará decantándose por los productos de la competencia, con más itinerario en el sector.

En pocas palabras: el Google Pixel 2 XL es un teléfono utópico, y tiene muchas opciones de coronarse como el mejor Android de 2017. No obstante, convertirse en un éxito de ventas es una tarea mucho más compleja que hacer un buen producto. Las estrategias de distribución, publicidad y marketing son esencia, y cabal ahí es donde Google parece tener mucho trabajo (aún) por hacer.