Google Pixel 2 XL: análisis, opinión y precio

El drama de la calibración

Las primeras reseñas del teléfono —procedentes de Estados Unidos, mayoritariamente—, señalaban que el Pixel 2 XL hacía uso de una calibración de pantalla muy escueto respecto a otros teléfonos de la competencia. En The Verge, por ejemplo, podíamos observar lo posterior:

En el Pixel 2 XL, los colores lucen tan “muteados” que muchos usuarios de Android a los que le he enseñado el teléfono la encuentran desagradable.

La respuesta oficial de Google frente a esta serie de críticas era firme: con el Pixel 2 XL quieren premiar la neutralidad y el realismo de los colores. De ahí que su calibración sea menos saturada y “viva” que en otros teléfonos de la competencia.

La política adoptada por Google es, sin duda, un paso excelente. En Hipertextual ya criticamos teléfonos como el Galaxy Note 8 o Galaxy S8+ por hacer uso de calibraciones de pantalla agresivas que sobresaturan cualquier color representado por la pantalla. Que Google apueste cabal por lo opuesto es claramente la opción correcta. No obstante, hay un matiz que Google omite en su comunicado oficial, y es la calibración de los tonos rojos.

Tras realizar varias pruebas al teléfono, es relativamente sencillo comprobar cómo este espectro cromático luce poco menos saturado de lo ideal. La diferencia es mínima, pero, para el ojo humano, el adeudo de saturación en el color rojo se percibe con veterano facilidad que en otros casos.

Google ha donado su ayuda a torcer, ha entregado una alternativa que no es alternativa y ha dejado el perfil de color diferente con los mismos rojos inertes de siempre.

¿Cuál habría sido la alternativa ideal para este pequeño problema? Perfeccionar la representación del espectro cromático correspondiente a los tonos rojizos mediante una puesta al día de software.

¿Cuál ha sido la respuesta de Google frente a estas críticas? Lanzar un nuevo modo de color (opcional y habitable en la sección de Ajustes) que eleva drásticamente la saturación de todo el espectro cromático y acerca la pantalla del Pixel 2 XL a la de otros teléfonos como el Galaxy Note 8 —cuya agresiva e irreal calibración de pantalla ya criticamos en su respectivo descomposición—. En otras palabras: Google ha donado su ayuda a torcer, ha entregado una alternativa que no es alternativa y ha dejado el perfil de color diferente con los mismos rojos inertes de siempre.

La calidad, los controles y las múltiples irregularidades de la pantalla

Además de las críticas a la calibración de la pantalla, el Pixel 2 XL además ha sufrido juicios negativos respecto a la calidad del propio panel, que está fabricado por LG en el caso del hermano veterano. ¿Qué problemas se han detectado y cuáles son persistentes?

Quemados y retenciones de imagen

Como en todas las pantallas OLED, la del Pixel 2 XL es propensa a sufrir retenciones de imagen y quemados. Esto ocurre cuando ciertas imágenes estáticas se muestran en la pantalla durante tiempos prolongados de tiempo, quedando “marcadas” sobre el panel y manteniéndose visibles en cualquier situación.

En el caso del Pixel 2 XL, esto ocurre con más facilidad de lo habitual, y una de las dos unidades de Pixel 2 XL que he podido probar durante los últimos días se vio afectada por este problema. Concretamente, fue la mostrador de navegación inferior —siempre presente indemne en la reproducción de vídeo— la que quedó marcada sobre la pantalla.

Google ha arrojado una puesta al día de software que integra algunas tecnologías destinadas a predisponer este tipo de sucesos. La medida reducirá, sin duda, la probabilidad de que estos problemas emerjan en otras unidades de Pixel 2 XL. No obstante, la efectividad es que se negociación de un problema intrínseco del panel OLED que LG fabrica, y estos “parches” vía software son solo medidas preventivas que buscan mitigar la pérdida durabilidad de esta pantalla.

Otras compañías como Samsung y Apple además integran ciertos sistemas preventivos en sus teléfonos con pantallas OLED, pero sus paneles, por naturaleza, ya muestran una veterano durabilidad y resistor frente a este tipo de fenómenos.

Para dar un poco de contexto extra:

  • Dos Pixel 2 XL con retenciones de imagen. Durante las últimas semanas han pasado por mis manos dos unidades diferentes de Pixel 2 XL. La primera de ellas tenía la pantalla defectuosa —emitía destellos de luz cuando estaba apagada—. La segunda parecía ser perfecta, pero además se vio afectada por cierta retención de imagen. Con la primera mecanismo pasé unos tres o cuatro días. Con la segunda llevo una semana y media. En uno y otro casos se negociación de periodos de tiempo muy cortos como para mostrar síntomas de retención de imagen.

  • Un Galaxy Note 8 con casi dos meses de uso y cero problemas. Desde primeros de septiembre uso un Galaxy Note 8, además con pantalla OLED. Como era de esperar, ningún representación de retención de imagen por el momento.

Tintados azules

El panel OLED del Pixel 2 XL además sufre de un fútil tintado cerúleo cuando se observa desde ciertos ángulos. Esto además ocurre con otras pantallas OLED como la del iPhone X, pero, a diferencia del producto de Apple, en el Pixel 2 XL es demasiado palpable como para ser poco despreciable.

Otros problemas menores

El OLED que LG fabrica para el Pixel 2 XL además ha exhibido en múltiples situaciones ciertos problemas de semejanza y cereal.

Si se muestra un fondo blanco, por ejemplo, algunas unidades del Pixel 2 XL muestran diferentes tonalidades a lo espléndido de la superficie. En mi mecanismo, esos tonos son el verde y el naranja.

Si se muestra un fondo agrisado, algunas unidades del Pixel 2 XL muestran cierto cereal, en división de representar la imagen de forma uniforme y totalmente plana.

Los dos Pixel 2 XL que he probado representaban la misma imagen de una forma muy diferente.

Por extremo, los dos Pixel 2 XL que he probado representaban las imágenes de una forma muy diferente. Las temperaturas de color variaban sensiblemente y la saturación de ciertos colores además.

Todo apunta a que LG no calibra individualmente los paneles del Pixel 2 XL, lo que causa heterogeneidades entre los diferentes paneles y, por consiguiente, provoca que dos (o más) unidades de un mismo teléfono representen la misma imagen de forma diferente.

¿Cuál es el pleito, en términos generales, de la pantalla?

El panel OLED del Pixel 2 XL muestra dos serios problemas y otros tantos de último importancia. Los más relevantes son los relacionados con la retención de imagen (que se produce con demasiada velocidad) y la calibración. Los menos relevantes —y casi imperceptibles para la veterano parte de la población—, son aquellos relacionados con la heterogeneidad del panel, el cereal y el fútil tintado cerúleo.

De todo esto se pueden obtener varias conclusiones:

  • El panel es indigno de un producto de su categoría. La letanía de problemas mostrados por esta pantalla es demasiado larga como para tratarse de un teléfono de 950 euros, arrojado en 2017 y cuya competencia directa es el iPhone X y el Galaxy Note 8.

  • La tecnología OLED de Samsung es superior a la de LG. Que el Pixel 2 pequeño (y los productos de la competencia) no sufran los mismos problemas que el Pixel 2 XL no es una casualidad. La tecnología OLED de Samsung es superior a la de LG, y con el Pixel 2 XL ha quedado demostrado.

  • Viejos problemas del OLED. Todo lo que emerge en torno a de la pantalla del Pixel 2 XL además emergió durante abriles en torno a de las pantallas OLED de Samsung. ¿Cuál es la diferencia? Que ellos han evolucionado progresivamente hasta alcanzar un nivel utópico con el Galaxy Note 8. Mientras tanto, LG sigue fabricando pantallas OLED con los mismos viejos problemas —y el V30 parece ser un ejemplo más de ello—.

  • ¿Es una pantalla terrible? En efectividad no. Puedes estar perfectamente con ella y valorar el resto del teléfono. Simplemente no ofrece una calidad conforme a los estándares de su grado.

El otro talón de Aquiles: el perfecto y la construcción

Hasta el momento en el que Google me entregó el Pixel 2 XL, los dos teléfonos que ocupaban mis bolsillos eran el Galaxy Note 8 y el iPhone 7 Plus (Jet Black, adicionalmente), dos de los mejores teléfonos que se han arrojado al mercado durante los últimos 18 meses.

Ambos son sólidos, robustos e impregnan en la mano una sensación de superioridad y calidad que muy pocos productos logran alcanzar. En el caso del iPhone 7 Plus, eso sí, sus gruesos marcos le hacen reparar poco más antiguo que al teléfono de Samsung, pero en ningún momento deja de sentirse premium o superior. Tal y como haría un Aston Martin DB9 o un Rolls Royce de la plazo pasada.

Con el paso del tiempo, pasé de adscribir como “sobrio” a “impropio de su categoría”

Cuando Google me hizo entrega del Pixel 2 XL, en cambio, la sensación fue muy diferente. Sí, monta un delantero con marcos más reducidos, el diseño es relativamente diferente y en la mano es uno de los teléfonos más cómodos de usar que he probado en el extremo año. El problema que mis manos y mi cerebro estaban percibiendo se encontraba en los materiales y el perfecto genérico del producto, al que, con el paso del tiempo, pasé de adscribir como “sobrio” a “impropio de su categoría”.

Hay un mundo muy amplio entre el inerte policarbonato del Pixel 2 XL y las atractivas curvas que adopta el cristal en el Galaxy Note 8 o el increíble ámbito de espada inoxidable que presenta el iPhone X de Apple. Y lo mismo sucede con detalles menores como la forma en la que el cristal se funde con el resto del cuerpo o la solidez que transmite en la mano.

Cuando agarras en una mano el Galaxy Note 8, el iPhone X o el iPhone 7 Plus y comparas ese feeling con el del Pixel 2 XL, te das cuenta fácilmente de lo inferior que es este producto en términos de construcción y perfecto. No transmite cero, no se siente como un producto superior y, sobre todo, no está en la misma faja que los teléfonos con los que quiere competir.

Cuando un consumidor invierte una suma tan inscripción de boleto, prórroga obtener la experiencia más rica posible. La construcción, los acabados y la estética del producto son una parte fundamental de ese conjunto, y el Pixel 2 XL, desafortunadamente, está en un escalón por debajo de lo que sus principales rivales pueden ofrecer.

Lo maravilloso: el software, la cámara y la experiencia de uso

Dejando al ganancia la pantalla y la construcción del teléfono, todo lo demás acabó siendo tal y como intuí en aquella toma de contacto durante el evento de Londres: maravilloso.

El trío de ases que conforman el Snapdragon 835, los 4 GB de memoria RAM y el expertise de Google en el campo del hardware hacen que este Pixel 2 XL sea el teléfono Android con mejor experiencia de uso que nones se ha fabricado.

Las animaciones son más consistentes y suaves que en otros teléfonos, los tiempos de carga son muy reducidos y la respuesta frente a cualquier input del legatario es casi instantánea. Solo productos como el OnePlus 5 habían llegado tan suspensión en 2017.

En tests de rendimiento sintéticos —que miden la potencia bruta del hardware— el Pixel 2 XL se ve superado por los tres últimos teléfonos de Apple (iPhone 8, iPhone 8 Plus y iPhone X). Todos ellos montan el SoC A11 Bionic, cuya superioridad ha sorprendido a todos en el sector —incluso a Qualcomm—.

¿Es tangible esa superioridad técnica del iPhone X frente al Pixel 2 XL? En definitivo. El chip A11 del iPhone es una auténtica maravilla tecnológica, pero esa amplia superioridad que registra en los tests sintéticos es, en el día a día, imperceptible. Ambos teléfonos ofrecen una experiencia fantástica y conforme a un producto de su grado. Solo en unos abriles —cuando uno y otro teléfonos envejezcan y las demandas de potencia aumenten— se hará tangible la superioridad técnica del A11 Bionic.

Más allá de la potencia y del rendimiento del teléfono, hay que elogiar la homogeneidad de interfaces que presenta el Pixel 2 XL. Cambiar entre apps tan diversas como Gmail, Todoist o Ajustes es casi indoloro gracias a un ajustado respeto a las guías de diseño que Google adjunta con cada lectura de Android.

En otros teléfonos, como el Huawei Mate 10, la diferencia de interfaces (entres las de Google, las de terceros y las del propio fabricante) son tan abruptas que perjudican a la experiencia de uso del teléfono. Es una maña que genera confusión, denotan desidia de atención al detalle y, en términos generales, devalúa el valía del producto. En el Pixel 2 XL, gracias a Dios, no ocurre lo mismo.

Google ha heredado en este Pixel 2 XL la función squeeze que vimos en el U11 de HTC. La compañía taiwanesa, por aquel entonces, permitía configurarlo para acciones muy concretas, pero ninguna de ellas acababa de cobrar sentido y aventajar practicidad auténtico. Google, en cambio, ha optado por una alternativa mucho más sensata y eficaz: utilizar la función squeeze para editar el asistente de voz de Google.

Apretar el teléfono es, anejo con las palabras “Ok Google”, el método más indoloro para activar Assistant. El primero, para cuando tienes el teléfono en la mano. El segundo, para cuando reposa sobre una mesa. Y uno y otro, en sus respectivos escenarios, son mucho mejores que perdurar presionado durante unos segundos el renuevo home.

Bajo el capó del Pixel 2 XL se encuentra una cacharros con poco más de 3.500 mAh de capacidad y un sistema de carga rápida (sobre USB-C, por cierto) que eleva la autonomía del Pixel 2 XL a una nueva faja —respecto al maniquí preparatorio—.

Sin ser increíble como la del Mate 10 y sus 4.000 mAh de capacidad, la autonomía del Pixel 2 XL es en realidad buena, y cumple sin duda con lo que se prórroga de un producto de su precio. Llegar al final del día es muy sencillo —incluso en jornadas más extensas— y el sistema de carga rápida ayuda a ceñir los periodos que pasa conectado a una toma de corriente.

Para finalizar este descomposición, el plato musculoso del menú: la cámara. Google ha hecho un gran acento en las capacidades fotográficas del Pixel 2 XL, tanto en la presentación auténtico como en las acciones comerciales que está articulando en torno a del teléfono. Presumen de un modo retrato utópico (que hace uso de una única cámara), un sistema de disparo HDR+ que enriquece cualquier fotografía y un sistema de estabilización de vídeo superior a cualquier producto de la competencia?

La informe buena es que la veterano parte de lo que Google anuncia a porrazo de atabal y platillo es, en efectividad, cierto. La cámara del Pixel 2 XL es una de las mejores del sector, y lucha directamente con la del iPhone X por el trono de “mejor cámara fotográfica de 2017”.

La cámara del Pixel 2 XL es una de las mejores del sector.

La secreto de su éxito es el modo HDR+, un fragmento de software que enriquece cualquier fotografía tomada con la cámara principal del teléfono. Muy resumidamente: el Pixel 2 XL toma una fotografía “normal” y, en los segundos posteriores, el software restablecimiento el resultado aplicando un proceso propio. Eleva la exposición de las zonas oscuras que lo merecen, reduce la exposición de las zonas quemadas y negociación el ruido y la saturación de una forma muy acertada.

La inclusión de sistemas de estabilización, la comprensión de su vidrio y el gran sensor fotográfico que incorpora, adicionalmente, contribuyen a que las tomas nocturnas sean muy luminosas y carentes de ruido. Frente a otros teléfonos de la competencia, no hay ninguna duda: el Pixel 2 XL tiene la mejor cámara del mercado —con el permiso del iPhone X—.

El único punto cenizo de esta propuesta fotográfica es la temperatura de color, que en ciertas escenas tiende a ser poco más cálida de lo ideal. Afortunadamente, es un ajuste fácilmente alterable con cualquier editor fotográfico —como Snapseed, VSCO, etc.—.

Mención particular merecen los modos retrato del Pixel 2 XL, que hacen uso de una única cámara —a diferencia de la competencia— y se apoyan sobre una infinidad de algoritmos que detectan los sujetos y aplican niveles de desenfoque de forma progresiva.

El modo retrato del Pixel 2 XL funciona con una sola cámara, y el resultado es muy sorprendente.

Los resultados, en términos generales, son muy sorprendentes, y superan con creces a los que ofrecen otros productos como el Mate 10 o incluso el Galaxy Note 8. No obstante, en este apartado hay un rey indiscutible, y ese es el iPhone de Apple.

Frente al producto de la manzana, el Pixel 2 XL mantiene la compostura y resuelve de una forma muy válido los bordes de los sujetos. También aplica un tipo de desenfoque muy natural y atractivo para los fanales, poco que otros no han acabado aún.

En cambio, donde el Pixel 2 XL se desvanece frente al modo retrato de los iPhone es en la progresividad del desenfoque. Cuando la campo se complica y hay varios sujetos a diferentes distancias, el iPhone tiende a detectar mejor la cercanía de cada pájaro y aplica un desenfoque continuo en función a ello. El Pixel 2 XL además lo hace, pero no siempre lo hace de forma eficaz.

Disparo final: el modo retrato además está habitable en la cámara delantero, y funciona casi tan admisiblemente como en la cámara posterior.


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