“Estamos midiendo la actividad cerebral como lo hacíamos en los años treinta”: Christopher James (IEEE)

El escaparate del Institute of Electronic and Electrical Engineers (IEEE) del Mobile World Congress, en comparación con los enormes stands de LG o Huawei, no era gran cosa. Sin confiscación llamaba la atención su experiencia con antiparras de existencia posible: las usabas con un ordenador-mochila de MSI que te colocabas en la espalda e interactuabas con objetos que dichas antiparras reconocían para “enriquecerlos” virtualmente.

Esa demo era sólo la superficie de poco mucho más importante, el primer paso en dirección a lo que ahora mismo sigue considerándose ciencia-ficción: utilizar interfaces de existencia posible sólo con la mente. Y de momento puede parecer poco impensable, pero se está investigando y para departir del tema acordamos una breve charla con uno de los responsables del IEEE en este campo: el profesor Christopher James.

James es profesor en ingeniería biomédica y neurocientífico, y trabaja en el crecimiento de este tipo de interfaces a partir de descifrar las señales que emite nuestro cerebro para convertirlas en órdenes que entienda una interfaz digital. Todo mediante encefalogramas, y con el objetivo primario de ayudar a los pacientes con discapacidad que no puedan moverse por sí mismos para luego ampliar a aplicaciones más globales.

“Aún no podemos abandonar teclados y ratones”

Equipamiento Los equipos para obtener mediciones de suscripción calidad aún son grandes y caros.

¿Qué hace un diestro en electroencefalogramas en el Mobile World Congress? Este mundo y el vuestro están aparentemente muy separados… ¿En qué estás trabajando?

La verdad es que tienes razón con lo de los mundos separados… el IEEE se especializa mucho en analizar la actividad cerebral humana. Pero el ángulo que tengo yo y que conecta eso con el Mobile World Congress es que intento que se pueda cronometrar esa actividad cerebral en casa.

Una de las dolencias con las que trabajo es el llamado Síndrome del Enclaustramiento, una dislocación cerebral horrible que impide que el paciente pueda comunicarse. Usamos herramientas como la interfaz cerebro-ordenador para que esos pacientes puedan comunicarse con el mundo exógeno usando electroencefalografía. Y esto puedes hacerlo relativamente adecuadamente en una clínica utilizando infraestructura de suscripción tecnología, pero que cuesta puede costar de 70.000 a 100.000 libras esterlinas. Las posibilidades de sobrellevar eso al mundo exógeno son muy pequeñas y complicadas.

“Lo que queremos es transformar todo ese equipamiento en algo móvil para poder tomar medidas donde queramos”

Lo que queremos es transfigurar todo ese infraestructura en poco móvil para poder tomar medidas donde queramos, de una forma fiable pero además ocasión. Eso es obviamente una ámbito muy específica, un hornacina. Pero puedo internacionalizar diciéndote que como mi trabajo se centra en el cerebro y el comportamiento, y es en ese comportamiento donde el mundo del móvil entra en terreno. Queremos poder ver cómo se encuentra o cómo se comporta un paciente remotamente.

Un ejemplo sencillo de esto pueden ser las pulseras y podómetros de Fitbit, aunque es una aplicación muy simple. Lo que a nosotros nos interesa es observar el comportamiento de las personas en casa, en su propio dominio con una serie de mecanismos. Nos interesan los wearables para poder hacer esas medidas, y además nos interesa el Internet of Things para cronometrar cosas como el uso del agua colocando sensores en las tuberías de algún paciente que quiera poder ser independiente y poblar solo. Lleva eso a la electricidad e incluso podemos detectar cuando un paciente enciende la cafetera, el lavaplatos… agrupación todo esto con los datos de los wearables y deja que pase un poco de tiempo y obtienes datos muy interesantes.

Así que tu fuerte se ha centrado en cómo procesar la actividad electromagnética del cerebro y en un plan de interfaz cerebro-ordenador. Ante la presentación de cascos comerciales, ¿En qué punto de crecimiento estamos? ¿Podemos prescindir ya de cosas como el ratón o el teclado?

Ya hay cascos comerciales disponibles, y eso es una buena anuncio porque significa que puedes obtener electroencefalogramas por un precio relativamente bajo. El problema con lo que hay ahora es que los electroencefalogramas que obtienes no son de mucha calidad, los datos que obtienes no son muy buenos ni las localizaciones siquiera. Es un aparición, pero aún no hemos llegado al punto de que esos cascos sean totalmente fiables. Aún no podemos desatender teclados y ratones.

Estamos en un punto en el que todavía se aplica la regla de “si se puede hacer con el músculo, mide antes la actividad del músculo que la del cerebro que es más fácil”. Pero con los avances en la nanotecnología, tarde o temprano sobrepasaremos esto gracias a una mejor calidad de los electroencefalogramas.

“Conocemos la actividad de nuestro cerebro pero eso ni significa que lo entendamos”

Casco Eeg Un afortunado interactúa con una interfaz gráfica a través de un casco que mide su actividad cerebral.

¿Aparte de esa calidad de los electroencefalogramas, hay más problemas que nos encontramos a la hora de ‘procesar’ y ‘descifrar’ la actividad electroencefálica?

Ya conocemos muchas cosas de nuestro cerebro midiendo su actividad, pero eso no significa que entendamos el cerebro. Aún no hemos descifrado todos sus secretos apartado de unos pocos trucos como poder detectar cuando un paciente imagina que mueve un mecenas. Queremos mejorar para poder hacer acciones más elaboradas, pero la tecnología además tiene que hacerlo.

¿Qué podemos esperar en los próximos abriles? ¿Estamos cerca de poder controlar cualquier dispositivo electrónico con solo nuestro pensamiento?

Creo que ayer que eso tendremos un híbrido, poco como un casco. Me lo imagino por ejemplo en un charnela, donde juegues con el teclado y el ratón pero un casco te dé una interfaz extra para hacer ciertas acciones. Pero a día de hoy no tenemos la velocidad como para que las interfaces cerebro-ordenador no sean más que una ayuda. Pero puede ocurrir un tiempo en el que eso mejore.

Con implantes, por ejemplo, podemos tener datos de mucha más calidad. ¡Pero me da que no muchos gamers van a querer ponerse implantes en el cerebro!

“Estamos midiendo la actividad cerebral del mismo modo con el que lo hacíamos en los años treinta”

¿Qué otras innovaciones tecnológicas nos puede dar la ingeniería neural?

Creo que en un sentido, no. Depende de cómo interpretemos las señales del cerebro y de si cambiamos el modo de hacerlo con nuevos descubrimientos. Piensa que estamos midiendo la actividad cerebral del mismo modo con el que lo hacíamos en los abriles treinta.

Podríamos ver este tipo de interfaces cerebrales como complemento de los smartphone del futuro o hay ambiciones incluso de exceder ese nivel y datar a ser poco completamente independiente?

En impacto, ahora mismo algunos de estos dispositivos necesitan estar emparejados con un teléfono. Pero poco a poco la electrónica se va haciendo más pequeña, más rápida, ahora los circuitos pueden ser flexibles e incluso puedes imprimirlos. Personalmente creo que en el futuro usaremos implantes, pequeños y seguros que se puedan hacer fácilmente. Que vayan haciendo mediciones sin necesariamente enviarlas, que lo hagan sólo cuando sea necesario.

De momento usamos el teléfono para compendiar nuestros datos de sanidad. ¿Convierte eso al smartphone en un dispositivo médico? En cierto modo, sí.

“El problema de plataformas que dan datos médicos como Fitbit es que aparecen y desaparecen”

Realidad Virtual Objetos El IEEE muestra a los visitantes las posibilidades de interactuar con objetos reales “enriquecidos” con la existencia posible.

Ahora parece que ha llegado el momento de la existencia posible: aunque las iniciativas de sanidad llevan ya bastantes abriles en marcha no acaban de tirarse. Tienen un papel fundamental en las fobias y en otros trastornos emocionales, pero ¿qué más puede aportar la existencia posible a la sanidad? ¿En qué se está trabajando?

Lo veo en la educación, para que los alumnos aprendan con cosas como las operaciones quirúrgicas virtuales. O que esas operaciones sean reales, y que los alumnos puedan ver cómo se hacen a través de una interfaz posible como si las estuvieran haciendo ellos mismos.

También lo veo en casos en los que un paciente tiene que hacer rehabilitación, gamificando la experiencia para motivar más a determinado que ha sufrido un casualidad. Con la existencia posible estás inmerso en el proceso de curarte y puedes acelerarlo. Y puede ser además más divertido, y haces las cosas mejor cuando son divertidas.

¿Cuándo veremos estas aplicaciones en nuestro día a día? Parece que es poco que nunca llega.

Desde un punto tecnológico ya estamos ahí, ya hemos llegado. Lo que tenemos que hacer es hacer de la experiencia poco con lo que podamos hacer deporte u otras actividades. ¿Dos abriles? ¿Cinco abriles? Yo creo que por ahí podemos tirar. Y si nos ceñimos a ejercicios clínicos de rehabilitación, la tecnología ya nos permite más o menos a que el paciente pueda hacerlo desde casa.

“¿Hasta cuándo tenemos la garantía de que los pacientes van a usar algo?”

El mundo de los wearables sanitarios parece a punto de explotar: quizá la longevo traba sean los requisitos de las agencias sanitarias. ¿Estamos a las puertas de una revolución como nos suelen opinar?

Las instituciones no saben cómo tratar esto todavía, pero al mismo tiempo creo que los gobiernos y los departamentos de sanidad necesitan regularizar todo esto. Un ejemplo es el de la NHS británica, que necesita despabilarse una forma de “estandarizar” todos los datos que generan los dispositivos tecnológicos de sanidad.

Y el problema de plataformas como Fitbit es que llegan y se van: ¿hasta cuándo tenemos la señal de que los pacientes van a usar poco? Ahora mismo, si te has medido poco con una pulsera Fitbit durante tres meses tu médico va a ignorar todos esos datos. Pero si tuviéramos ese en serie del que te hablo, podríamos estar delante esa revolución que dices. Habría tecnologías caducas, llegarían nuevas… pero todo se ceñiría a esos estándares. Aún tenemos a demasiados gobiernos y a demasiadas empresas intentándolo hacer a su guisa.

Tantos datos son un gran procedimiento, pero ¿están nuestros sistemas sanitarios preparados para poder usarlos? ¿O acabaremos encontrándonos con las mismas prácticas de siempre disfrazadas de ‘data-based’?

La respuesta corta es no. No tenemos aún la infraestructura suficiente como para poder soportar todo eso.

Imágenes | Digitalarti, Lisa Brewster
En Xataka | ¿Qué fue de la revolución que nos prometía la realidad virtual?


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