Esta simulación computerizada te deja ver por adentro el terrorífico corazón de un supertornado

El 24 de mayo de 2011, una supertormenta de categoría 5 en la escala Fujita asoló Oklahoma. La apodaron El Reno. Casi seis primaveras posteriormente, un equipo de meteorólogos ha conseguido crear una simulación realista de aquel monstruo para poder estudiar (y quizá predecir) la formación de otros como él.

El objetivo del esquema no era aparentar solo aquél devastador tornado, pero es un buen ejemplo por la cantidad de datos que existen sobre él. La meta del equipo de Leigh Orf en el Instituto Cooperativo de Estudios por Satélite es aparentar las condiciones bajo las que se forma una supercelda, que es el nombre que reciben las masivas tormentas giratorias que se crean en algunos lugares del mundo como el medio oeste de Estados Unidos.

Para aparentar las entrañas de este supertornado que dejó una vestigio de destrucción de 101 kilómetros con, 9 muertos y más de 161 heridos, los investigadores lograron alcanzar al superordenador Blue Waters, situado en el Centro de Aplicaciones de Supercomputación de la Universidad de Illinois.

La máquina ha trabajado con las condiciones reales que se registraron durante la formación y ampliación del supertornado, tales como las temperaturas de la columna de viento adentro de la tormenta, la presión atmosférica, la humedad o la velocidad del rumbo. Blue Waters tardó más de tres días en calcular una simulación del tornado con todas las posibles desviaciones. Un PC doméstico hubiera precisado décadas.

Los datos que arroja la simulación son interesantes. Las superceldas van generando pequeños tornados que al fusionarse, dan velocidad a un remolino principal que acaba siendo el supertornado.

Simultáneamente, hay una corriente de viento refrigerado por la tromba que parece impulsar el aberración principal como si fuera una especie de sifón. Esta corriente se candela Chorro de vórtice en el sentido de la corriente (SVC por sus siglas en inglés) y nunca llega a tocar el tornado principal, aunque parece ser el origen de su fuerza. El próximo paso de los investigadores es perfeccionar aún más la simulación y poner los datos al resonancia de otros meteorólogos [vía University of Wisconsin-Madison]


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