el veganismo no deja de crecer en un mundo en el que la carne sigue siendo la reina

Ayer, Salvados emitió un programa muy polémico sobre la industria de la carne en España (y, por extensión, el mundo). Como de costumbre cuando se tratan temas alimentarios en televisión, el software es una fusión de datos en los que se combinan cuestiones ciertas y preocupantes con informaciones tendenciosas (o directamente falsas).

Sin retención, voluntaria o involuntariamente, Jordi Évole ha señalado un punto central del debate nutritivo de los próximos abriles: el caso (medioambiental, váter y ético) a crédito ceñir el consumo de carne. Cada vez hay más expertos que ponen término de caducidad a las dietas carnívoras y creemos que es hora de tratar de entender cómo un movimiento político minoritario se ha transformado en una revolución social.

De movimiento político a estilo de vida

Miika Laaksonen

El veganismo va más allá de engullir carne: se proxenetismo de una opción de vida que rechaza todas las formas de explotación animal. El término fue acuñado por Donald Watson en 1944 para diferenciarlo del ‘vegetarianismo’. En esencia, ya sea por motivos éticos, medioambientales o de salubridad, los veganos rechazan el consumo de carne y el uso de productos de origen animal en sentido amplio (pieles, cosméticos, etc…).

Bruce Sterling, el célebre escritor de ciencia ficción, escribió en 2002 un libro que trataba de identificar algunas de las tendencias que transformarían los siguientes 50 abriles de la historia de la humanidad. Una de sus secciones estaba dedicada a los “nuevos movimientos políticos”:

Hay más o menos una docena de características que definirían un nuevo movimiento político del siglo XXI, antaño que nulo este movimiento necesitaría una ideología genuinamente nueva (…) que no necesita parecer política en el sentido tradicional, podría parecer tan tonta y excéntrica como al principio parecía el feminismo.

Podría llevarnos algún tiempo darnos cuenta de que los padres del movimiento no son seres estrafalarios, que incluso, han pensado profundamente sus temas y son serios sobre sus cuestiones. Con el paso del tiempo podrían encontrarse ganando importantes discusiones y atrayendo adherentes intelectualmente serios.

Mi sensación (y se proxenetismo, por supuesto, solo una sensación) es que el movimiento antiespecista es uno de esos movimientos “excéntricos y estrafalarios” que pueden convertirse en detonantes de cambios radicales en nuestras sociedades.

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Pero, esto es solo la medio de la historia. La socióloga Nina Gheihman ha estudiado que efectivamente, en un primer momento, el veganismo novedoso estaba estrechamente adherido a la ideología del movimiento por los derechos de los animales. Pero, en pocos abriles, ha trascendido ese contexto y se ha ido transformando en un “movimiento de estilo de vida” al que se le han sumado preocupaciones ambientales y sanitarias.

Según Gheihman, esto ha cambiado profundamente la estructura del movimiento: generando una industria emergente de productos de consumo y conocimiento, encima del acción directa político. Y, a la instinto de los datos, parece que el modismo ha surtido objeto.

El imparable crecimiento del veganismo

Clem Onojeghuo 381201 Clem Onojeghuo

Un vistazo a los datos nos señala que el veganismo está creciendo rápidamente sobre todo en los páises más desarrollados. Un informe de 2017 señala que el 6% de los consumidores norteamericanos se declaran abiertamente veganos, lo que supone un crecimiento del 500% desde 2014.

En Alemania, hasta un 44% por ciento de los consumidores señalan que siguen una dieta “baja en carne” frente al 26% de 2014. En Israel, un 5% de la población es vegana (y Tel Aviv es considerada una de las capitales del mundo vaco de carne).

En España, los datos (algo anticuados), señalan que un 3% de la población se define como vegetariana, aunque hay [algunos datos parciales](161% los pedidos a domicilio en el postrero año) que nos invitan a pensar en una tendencia similar. En Reino Unido, en los últimos 10 abriles, el crecimiento de veganos se estima en un 350%.

El número de veganos y vegetarianos está creciendo significativamente en todo el mundo

Y, como era de esperar, ese crecimiento se concentra muy significativamente en los más jóvenes. Casi la medio de todos los veganos (el 42%) tienen menos de 34 abriles frente al 14% de ellos que se concentran entre los mayores de 65.

Eso ha ido de la mano que un crecimiento en la sensibilización del impacto del consumo de carne y un modismo de muchos consumidores en torno a productos ecológicos y/o sostenibles. El divisor váter todavía tiene una importancia: los estudios señalan cada vez más directamente los problemas médicos derivados de una dieta basada en la carne (Etemadi, Sina y colaboradores, 2017).

No comeremos carne, pero no lo notaremos

Charles Deluvio 456804 Charles Deluvio

Sin retención, frente a los argumentos éticos, ambientales y sanitarios persiste en divisor ‘hedónico’. Es opinar, el “placer (y la experiencia) de comer carne” es difícilmente sustituible por otros productos. Esto es poco que explica en buena parte esa brecha de antigüedad.

arne cultivada

Ahí la tecnología tiene mucho que opinar para desterrar la imagen aburrida de los bistecs de tofu. Sobre todo, porque no sólo es cosa de vegetarianos: el 36% de los norteamericanos ya prefieren alternativas a la cuajo a la cuajo misma. La revolución alimenticia está en marcha y no hay que irse a la carne cultivada para verlo.

Beyond Meat, Clara Foods, Perfect Day, Imposible Foods o Terra Via… las empresas dedicadas a diseñar productos sustitutivos que ‘imiten’ organolépticamente a los de origen animal se cuentan por decenas. Y los progresos son efectivamente sorprendentes: Mark Bittman, periodista gastronómico del New York Times, dijo que “no notarás la diferencia entre esto y pollo real. Al menos yo no pude y es el tipo de cosas que hago para ganarme la vida”

Aunque la carne no deja de crecer

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Hoy por hoy, los vegetarianos representan un mercado anual de 84.600 millones de dólares. Sí, se estima que el mercado de productos veganos crecerá significativamente en todo el mundo con países como China (17,2%), Emiratos Árabes (10,6%) y Australia (9%) a la inicio.

Y eso ha hecho que muchas industrias cárnicas empiecen a tomar posiciones en el ámbito. A modo de ejemplo, en 2016, Tyson Foods, la empresa cárnica más excelso de Estados Unidos, compró un cinco por ciento de Beyond Meat, una pequeña Start up dedicada a diseñar productos de proteínas vegetal que imita a la carne (un sector en el que Bill Gates ha puesto 75 millones).

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Y sin retención, la producción de carne no ha dejado de crecer en ningún momento. En 2009, se produjeron 272.7 millones de toneladas de carne, tres veces más de las que se produjeron en 1970. Es una tendencia firme, clara e incontestable impulsada, sobre todo, por los países asiáticos que han ido incorporado grandes capas de la población a lo que podríamos aldabear “dietas occidentalizadas”.

De nuevo, aparece aquí una paradoja, los veganos crecen en los países industrializados (y entre las clases altas de los países en exposición), pero el consumo de carne aumenta un ritmo mucho longevo de lo que cabría esperar en ese contexto.

Con las tasas de crecimiento que vemos y los inicipentes movimientos a favor de establecer impuestos a la carne, no es difícil imaginar un futuro cercano donde el veganismo sea mayoritario en los países desarrollados. De la misma forma, no parece probable que el consumo de carne a nivel mundial se frene a corto plazo. Es más que un cambio nutritivo, es un profundo cambio cultural.


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