El insólito experimento ruso que comenzó hace 60 años y que puede convertir al zorro en un animal de compañía

Vulpes vulpes. AP

Año 1959, Lyudmila Trut inicia una serie de viajes por toda Siberia. Cada parada significa la cita de una nueva estancia de zorros, aunque no búsqueda pieles, búsqueda un zona donde dar inicio a un insólito plan: crear un animal doméstico tan dócil como el perro más agresivo y tan astuto como el zorro plateado de Siberia.

Cuando todo comenzó Lyudmila trabajaba como pasante del genetista Dmitry Belyaev. La pulvínulo del investigador era que los seres humanos en la caducidad ya habían estimado a los lobos y otros animales para la docilidad. Belyaev decía que su selección químico se saltaba ese camino evolutivo cerca de la domesticación.

El genetista explicaba que podía ir más allá. Si hasta ese momento los perros eren el ejemplo más claro de la domesticación de los animales por el hombre, él iba a iniciar un proceso de creación de una población de zorros domésticos.

Domesticando al zorro

Zorro plateado. Wikipedia Commons

En la decenio de 1950 sufrir a final este tipo de ideas era un trabajo peligroso, y no sólo porque los zorros muerden y pueden datar a ser extremadamente violentos. En 1948 la Unión Soviética proscribió la investigación genética. Un ingeniero agrónomo, Trofim Lysenko, había conseguido su propósito en su lucha contra la agricultura genética.

Según explicó Trut en su trabajo How To Tame A Fox, con Stalin como coligado Lysenko lanzó una cruzada para desacreditar el trabajo en genética, en parte porque “la prueba de la teoría genética de la progreso lo expondría como un fraude”, decía Trut.

Aquello significó que muchos perdieran sus empleos y otros fueran encarcelados o incluso asesinados, como le sucedió al propio hermano de Belyaev. Por esta razón el genetista encubrió sus experimentos sobre la domesticación bajo el pretexto de mejorar el negocio de la cría de pieles.

Obviamente el trabajo era perfectamente desigual. Los investigadores comenzaron a realizar pruebas sobre el temperamento de unos 100 zorros plateados de Siberia al año. Aproximadamente una docena de los zorros, aquellos levemente más tranquilos que la mayoría, fueron criados anualmente.

Zorro rojo domesticado. Wikimedia Commons

Los primeros resultados mostraban que algunos de estos zorros eran un poco más “aceptables” que otros (según el discernimiento del investigador). Esa pequeña diferencia convenció a Belyaev para continuar con el tentativa. Fue entonces cuando reclutó a Trut para sufrir a final un software de cría más prócer.

Después de nominar una estancia en Novosibirsk, Trut llevó una docena de los zorros plateados más tranquilos del plan preliminar. Luego eligió el 10% de los zorros más tranquilo en la nueva estancia de cría, tanto para aumentar el número de animales como para aumentar la complejidad genética. De hecho, y como contraposición, Trut comenzó a criar zorros agresivos para compararlos con los domesticados.

Seleccionaba a aquellos más “dóciles” según la forma en la que respondían cuando se abría la prisión. Los más “amistosos” eran escogidos y salvados de una asesinato segura para convertirse en pelliza. Así fueron pasando generaciones, supuestamente cada vez más dóciles y domesticados. De cada nueva coexistentes se volvían a elegir un 10% para la futuro. Según Trut:

La descendencia que exhibe las respuestas agresivas y el miedo fue eliminada de la población positivo en tan sólo dos o tres generaciones de selección.

Zorro ruso domesticado. Wikimedia Commons

Llegados a la cuarta coexistentes comenzaron a producirse hechos inesperados. De repente, tenían delante sí al primer zorro nacido que meneaba la nalgas al contacto con un ser humano e incluso era capaz de rozar. Luego apareció el primero con las orejas caídas, con lo que conseguían dos de las grandes características de los animales domesticados. Según explica Trut en su trabajo:

Fue un proceso sorprendentemente rápido donde comprimimos en unas pocas décadas un proceso que lógicamente dura miles de primaveras. Pasaron los primaveras y en el año 2005 creamos una población de zorros domesticados genéticamente, la única que hay en el mundo, sólo habían pasado 50 generaciones.

Belyaev murió en 1985 y desde entonces Trut ha liderado el plan. En su trabajo explica que no sólo existieron cambios físicos o de comportamiento, todavía afectó a la neuroquímica del cerebro de los zorros, todos con niveles más altos de serotonina (uno de los posibles inhibidores de la conducta agresiva de los animales).

Vulpe vulpe. Wikimedia Commons

Ella ha mantenido vivo el sueño de Belyaev décadas. El trabajo ha demostrado que esta selección por sí sola todavía puede producir una serie completa de otros cambios (colas rizadas, orejas caídas o rasgos faciales juveniles) que se han denominado como síndrome de la domesticación. De hecho, con la ayuda de la genetista Anna Kukekova, Trut está buscando los genes implicados en este proceso.

Además, el plan vende algunos de los zorros como mascotas para percibir cuartos, aunque se podría argumentar que no están totalmente domesticados. Los zorros pueden menear sus colas e incluso frotarse el vientre, pero la propia Trut dice que todavía no siguen órdenes como los perros.

Sea como fuere, es harto increíble. Lo que a los seres humanos de la Edad de Piedra les tomó cientos o miles de primaveras (para domesticar a los lobos), este insólito tentativa va camino de conseguirlo en casi nada medio siglo. [Scientific American, Wikipedia, NewScientist]


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