cuando el cine de superhéroes puede ser trepidante, concienciado e innovador

No hace desatiendo ser muy observador para comprobar que al fan del nuevo mainstream, al seguidor voluntarioso de las películas de superhéroes, al antiguo friqui ahora reconvertido en dictador del satisfacción, no le agradan demasiado las novedades. Desde trastear en el canon de ‘Star Wars’ a hurgar en una cosmogonía que, por definición, dada su múltiple autoría y su prolongación en el tiempo, tiene que ser mutante e inestable: la superheroica. Paradójicamente -o quizás no posteriormente de haberse llevado tantas collejas por rarito-, al fan no le gusta la innovación.

Por eso, es imprevisible aprender cómo caerá entre el público-tipo esta ‘Black Panther’, tan poco épica, tan pequeña a su modo en comparación con la pomposidad a veces cargante de otras películas Marvel. No solo la reto de Marvel y Ryan Coogler, director y coguionista, es harto atrevida en términos de representación de minorías: adicionalmente, la película tiene un ritmo y una ambientación modesta en comparación con los viajes galácticos o los poderes capaces de poner en alerta a toda una ciudad de películas de otros Vengadores.

Aqui, casi toda la película transcurre en Wakanda, el ficticio país africano oculto a los luceros del mundo y gobernado por T’Challa (un Chadwick Boseman consumado, que despide carisma y un canción regio impresionante). Camuflada como una región “de granjeros”, en verdad es un país avanzadísimo tecnológicamente gracias a poseer en monopolio un mineral único, el vibranium (material del que está hecho el escudo del Capitán Amárica), con el que han rematado convertir esa zona de la espesura africana casi en una ciudad del futuro.

Esa ambientación, de la que se sale muy puntualmente para una trepidante encargo en Corea del Sur (el preciso visaje Marvel al mercado oriental) o para apuntes momentáneos y los flashbacks de rigor en Estados Unidos, es la que da personalidad a la película. Y da todavía un respiro al espectador cansado de rascacielos, bases subterráneas y oficinas del futuro. Pero Wakanda consigue ser poco más que un condición raro: es la excusa para el cambio de modelo en el reparto.

Que no es un logro nimio: nunca se había estrenado una película con el calibre y el presupuesto de ‘Black Panther’ con un reparto íntegramente de raza negra. Y no lo hace contemplando los conflictos de Wakanda “desde fuera”: ‘Black Panther’ no acento de dilemas raciales, de la incursión del hombre blanco en los territorios vírgenes de África, no acento de racismo ni colonialismo, sino de conflictos adentro de la misma raza, distintos posicionamientos en cuanto a su herencia político y cultural. Algo, insisto, insólito en una producción de esta envergadura

Sobre todo porque el contexto es el de una película de superhéroes. Una particularmente perfectamente narrada, adicionalmente: su mensaje pacifista, conciliador pero a la vez diferenciador y orgulloso, se desarrolla entre peleas, conflictos y demás parafernalia del especie. Aquí, adicionalmente bañado de un agradable, muy pop y muy desmitificador (esa especie de M bondiana, descreída y faltona interpretada por Letitia Wright…) canción de película de espías. ‘Black Panther’ no tiene cero que envidiar al resto de películas de la casa en ese sentido.

Una aventura que se preocupa de cubrir espacios hasta ahora vacíos

Y de la misma modo, ‘Black Panther’ hace un espléndido papel (más efectivo que ‘Wonder Woman’ en ese sentido, de hecho) al dotar a las mujeres que rodean a T’Challa de personalidad e independencia. Desde la agresiva pelotón positivo (comandadas por una demoledora Danai Gugira) a la mencionada hermana del héroe a la que da vida Wright, pasando por una agente independiente y concienciada interpretada por Lupita Nyong’o o la matriz del Rey, un personaje con sus propios conflictos perfectamente encarnada por Angela Bassett. Ninguna hace de damisela en peligro, y más de una, de hecho, costal las castañas del fuego al héroe.

Que todos esos rudimentos, por desgracia una deformidad en el cine de Hollywood, funcionen de forma natural, en un mundo que es así, es lo que verdaderamente da vida y personalidad a ‘Black Panther’. Otros ejemplos son un tosco satisfecho de matices y que no merece tal rótulo, el jornalero Erik Killmonger (extraordinario Michael B. Jordan), o el amigo de T’Challa interpretado por Daniel Kaluuya -quizás uno de los personajes más ambiguos y desaprovechados de la película-. Todo encaja gracias a que, por una vez, no estamos frente a una película con héroes de una alcoba o con conflictos Más Grandes Que La Vida sino, paradójicamente para ser una aventura ambientada en una monarquía selvática inexistente, con una película que plantea dilemas cercanos

Quizás el único problema de ‘Black Panther’ es que las secuencias de argumento no tienen ni la elegante sorna de ‘Ant Man’‘ o ‘Guardianes de la Galaxia’, ni la espectacularidad a varias bandas de las películas de los Vengadores. Coogler se pierde un poco en las escenas de combate multitudinario como la que cierra el film (el peor momento de la función, aunque eso no es ninguna novedad en el Universo Marvel), y los pertenencias digitales que dan corporeidad y movimientos sobrehumanos a Pantera Negra son a veces un poco artificiales.

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Son detalles. Entre el magnífico diseño de producción que genera una Wakanda colorista y plausible (y que baña la película de deliciosas y muy cuidadas referencias al folclore y la civilización africana) y las estupendas coreografías de combate y persecuciones que nos brindan secuencias maratonianas como la que se desarrolla en Corea, ‘Black Panther’ está técnica y visualmente muy a la cúspide del resto del MCU.

Pero con eso ya contábamos: lo que es un impacto de primera categoría es el resto: no estamos acostumbrados a que una película Marvel sea tan socialmente relevante, tan robusto y tan pertinente. El mérito no solo es de un Coogler al que definitivamente hay que seguir muy de cerca tras Creed y ésta, sino de una Marvel que decide sospechar por lo diferente.

Y sí, seguimos sin estar para cero seguros de que equiparable descarga de black power vaya a contentar a todos los fans, a los medios, a los medianos y a los mediocres, pero que nadie se confunda: la luz está en la dirección a la que está mirando esta pantera negra.


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