Cómo una enfermera que se tiraba pedos en la sala de operaciones inspiró un insólito estudio investigador 

Esta es la historia de una enfermera que no podía resistirse en la sala de operaciones y acababa tirándose pedos con cierta frecuencia. La constancia de esta mujer por despabilarse soluciones acabó en un estudio investigador sobre la naturaleza contaminante (o no) de los pedos en un hospital.

Por razones obvias, en este pequeño relato se ha obviado el nombre de la enfermera, quién siempre quiso permanecerse en un segundo plano cuando la investigación comenzó.

¿Son los pedos contaminantes?

Principios del 2001 en Camberra, Australia. En los últimos meses el problema de la enfermera se hizo más espacioso. Ya no eran unos pedos silenciosos que escasamente suscitaban miradas. La enfermera sabía que en el quirófano donde se trataban numerosas operaciones a vida o asesinato los doctores la miraban mal.

La ataque flatulenta de los primeros días había poliedro paso a una más sonora, y lo que es peor, de intenso olor hasta el punto que debía alejarse de la zona de cirugía para intentar no dejar vestigio. La gran preocupación de aquella profesional era si su incontinencia podría ser motivo de contaminación en una zona que por razones obvias debía estar limpia.

¿Qué hizo? La mujer acudió al doctor Karl Kruszelnicki y le explicó sin tapujos sus dudas. Kruszelnicki se dio cuenta de que no tenía una respuesta a la evidente sencilla pregunta de la enfermera. El doctor se puso a su vez en contacto con un colega, el bacteriólogo Luke Tennet, y juntos idearon uno de los experimentos más legendarios que se recuerden. El fin: probar si los pedos son o no contaminantes para las salas de un quirófano.

Tennet convenció a un colega para que fuera el “hombre de campo”. Lo primero que debía hacer era tirarse un pedo con toda la fuerza que pudiera, un pedo vestido (con los pantalones) a 5 centímetros exactos de una placa de Petri sobre la que someterían los resultados. En segundo emplazamiento debía desnudarse de cintura para debajo y realizar una segunda ataque flatulenta, con las mismas fuerzas que el primero y a la misma distancia de 5 centímetros.

Una vez que terminó, el hombre se subió los pantalones y uno y otro doctores esperaron para ver qué pasaba. Al día ulterior dieron con un hecho insólito. Durante la tenebrosidad, el segundo pedo del hombre (desnudo) había acabado emerger en la placa de Petri unos grumos visibles de dos tipos de bacterias que generalmente se encuentran sólo en el intestino y en la piel. Curioso, porque el pedo que había pasado a través de la ropa no había causado ninguna bacilo.

El experimentación fue probado una segunda vez obteniendo los mismos resultados. Los doctores habían resuelto que la ropa actuaba como un filtro cuando determinado se tiraba un pedo. Según los doctores:

Nuestra deducción es que las bacterias de la segunda placa de Petri fueron causadas por el propio flato, y el anillo de salpicaduras en torno a fue causado por la velocidad del pedo, el cual sopló las bacterias de la piel y las lanzó en el plato. Parece, por lo tanto, que el pedo puede causar infecciones si el emisor está desnudo, pero no si está vestido.

Aún así, los resultados del experimentación no deben considerarse alarmantes, ya que nadie de los dos tipos de bacterias es perjudicial. De hecho, son similares a las bacterias “amistosas” que se encuentran en el yogur.

No ganaron un Premio Nobel por su estudio, pero sí resolvieron una de esas dudas que nadie se atreve a preguntar. Hoy y gracias al culo del amigo del doctor Tennet, sabemos que los pedos pueden contaminar si salen “en libertad”, sin filtro alguno, aunque sus bacterias no sean perjudiciales para nosotros. [NCBI]


Source link

deja tu opinion

Seguinos

Tecnoblog en las redes sociales