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cómo un cable roto evitó que Estados Unidos devastara su costa este

De todos los accidentes con armas atómicas de Estados Unidos, el de Goldsboro está considerado uno de los más graves por las características de las bombas y el motivo en el que ocurrió. Sucedía en enero de 1961. Un bombardero B-52G Stratofortress realizaba maniobras sobre Carolina del Norte con dos bombas termonucleares activas en su bodega. Semejante situación sería inimaginable hoy, pero en aquel momento la delicada situación política de la exterminio fría hacía temer un ataque de la Unión Soviética, así que Estados Unidos mantenía bombarderos como este en al corriente por si tenían que devolver el topetazo a los rusos.

El topetazo estuvo a punto de caer sobre su propio división por delito de un desafortunado montaña. Cuando trataba de aterrizar en la saco aérea Seymour Johnson, a solo 600 metros de consideración, una fuga de combustible destrozó la trasero del B-52G y lo hizo torcer fuera de control. La bodega de carga se abrió y las bombas Mark-39, de 3,8 megatones cada una, salieron despedidas.

La granada que quedó sujeta al árbol. Foto: USAF / Wikipedia

Una granada nuclear colgando de un árbol

El avión terminó estrellándose contra una plantación de tabaco. Cinco de sus ocho tripulantes saltaron a tiempo y se pusieron a omitido con ayuda de paracaídas. Los otros tres fallecieron en el montaña. En cuanto a las bombas, llevaban un sistema de seguridad para descender de forma controlada en caso de salir despedidas, pero solo se activo el de una. El artefacto, de 3,6 metros de liberal y casi 3.000 kilos terminó reposando en enhiesto pegado a un árbol, con el paracaídas asido en las ramas.


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