Cómo tiñen de verde el Río Chicago para celebrar el día San Patricio (y por qué comenzaron a hacerlo)

Cada 17 de marzo Chicago tiñe de un intenso color verde su río para celebrar el día de San Patricio. La costumbre no es nueva. Lleva haciéndose ausencia menos que desde 1962. Lo más excéntrico de la historia es que la idea comenzó con una sustancia pensada para que el río estuviese honesto.

Corrían los albores de la plazo de los 60, y el Río Chicago era una albañal. El corregidor de la ciudad, Richard J. Daley, declaró una cruzada para tratar de devolver la vida al río, y el primer paso para ello era acotar a las empresas que contaminaban. Para ello trazó un plan ingenioso: verter fluoresceína en diferentes puntos del río.

La fluoresceína es un colorante orgánico usado ampliamente en diferentes pruebas médicas. La sustancia (un polvo de color naranja) se torna de un vistoso color verde delante los cambios bruscos en el PH. Trabajadores del agrupación de fontaneros de la ciudad comenzaron a verter la sustancia en el río y, efectivamente, la fluoresceína sirvió para delatar a los que ensuciaban las aguas.

Aspecto concentrado de la fluoresceína. Foto: Wikipedia

En 1961, Stephen Bailey (miembro del agrupación de fontaneros de la ciudad y amigo de la infancia de Daley) tuvo una idea mientras veía a un trabajador verter la sustancia en el río. Esa idea era, por supuesto, teñirlo completamente de verde para celebrar San Patricio.

La primera vez que lo hicieron, en 1961, vertieron 100 libras (45 kilos) del compuesto y las aguas se quedaron verdes una semana. En los abriles sucesivos rebajaron la dosis a 25 libras (11 kilos) para que el río permaneciese verde solo durante un día.

La festiva propuesta se encontró con las quejas de colectivos ecologistas. Tras varios abriles de debate, el consistorio accedió a cambiar la fluoresceína por un tinte de origen vegetal biodegradable. Su fórmula, por cierto, es secreta.

Cada día de San Patricio, a las 09:15 de la mañana, técnicos del agrupación de fontaneros de Chicago en dos barcos vierten el compuesto en el río y lo dispersan. El propósito dura exactamente cinco horas, tiempo más que suficiente para que locales y visitantes lo celebren con unas cuantas pintas de cerveza.


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