Cómo seguir quemando carbón en nombre de las energías renovables

No es fácil ser verde“, decía The Economist hace unos abriles hablando precisamente de la Energiewende alemana. La ‘Transición energética’ que venía de Berlín y se convirtió en la promesa de que incluso uno de los países más contaminantes del Europa podía soñar con un futuro verde. Pero los sueños acaban siempre encontrándose con la efectividad.

Y esa efectividad es que pese a los objetivos de alcanzar el 80% de renovables en 2050, en 2016 (seis abriles a posteriori de que se iniciara la transición) más de la parte de la energía alemana sigue dependiendo directamente de combustibles fósiles y las emisiones de CO2han vuelto a subir en 2016. ¿Ha fracasado la Energiewende? ¿Qué podemos educarse de la organización alemana?

La paradoja alemana

Paradoja. Ese el término que mejor describe cómo es posible que el país donde nació el ecologismo político sea, cincuenta abriles a posteriori, uno de los países que más emisiones producen. Ha llegado a ser líder mundial en la producción de dos tipos de energía: la solar y la producida por carbón.

En el año 2000, el gobierno de verdes y socialdemócratas puso en marcha una iniciativa para forzar a los proveedores energéticos a aumentar el suministro renovable en los siguientes 20 abriles, la Energiewende. Eso, y el hecho de que quemaran carbón como si no hubiera un mañana, convirtió a Alemania en un ejemplo para todo el mundo.

Alemania (a diferencia de Francia y su uso intensivo de la energía nuclear) positivamente tenía un problema de emisiones de carbono, por lo que el desafío de acometer “Transición energética” en una de las potencias industriales del mundo y sin perder productividad era positivamente interesante.

El paraíso verde…

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Y decidieron creer esforzado: la energía renovable no ha dejado de subir (incluso por encima de la media europea) desde entonces. El problema es que lo ha hecho de forma descoordinada. Como hemos explicado otras veces, creer por las energías renovables es más que instalar turbinas eólicas y placas solares.

En 2015, el ideal de Alemania (la zona que concentra la anciano producción de energía eólica) produjo 4.100 gigavatios hora que no se pudieron utilizar. Suficiente para atestar un 1.2 millones de hogares durante un año.

El gobierno germánico no entendió que el tipo fundamental de la transición energética es la reforma de la red eléctrica. Y, cuando lo entendió, se dio de bruces con la contestación social: la gran autovía energética que debía organizar el país lleva abriles en vía muerta por problemas políticos y sobrecostos salvajes.

Los más de mil millones de gastos de mantenimiento derivados del excesivo nivel de energía que tiene la red doméstico son todo un problema y es una de las cosas que explican que haya redes inteligentes privadas (como SonnenCommunity) que estén ayudando a optimizar la energía de todo el país.

…que sigue quemando carbón

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Nada de esto impidió que en 2011 y tras el desastre de Fukushima, se anunciase el cierre definitivo de ocho centrales nucleares. Ese obturación se culminará en 2022, pero apagar la central de Grafenrheinfeld ya tuvo un impresión directo sobre el nivel de emisiones de dióxido de carbono. Unas emisiones que siguen subiendo.

Sin energía nuclear y sin reparar la red, Alemania sigue quemando carbón en nombre de las energías renovables. Hoy por hoy, las distintas variedades del carbón siguen estando por encima del 40% y, solo ellas, representan casi un tercio de las emisiones del país.

Cada día que pasa, hay más dudas sobre la Energiewende alemana y los rumores de que el Gobierno va a encontrarse obligado a frenarla son cada día más fuertes. Pero sea como sea, sí que parece claro que casi 20 abriles a posteriori, la organización de transición energética ha sido un fracaso y que, como dicen los verdes finlandeses, sin energía nuclear es muy difícil recortar las emosiones en un corto periodo de tiempo.


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