La historia tiene todos los rudimentos de una producción de Hollywood: un dictador norcoreano, un secuestro y Godzilla. Pero esto no es una película, sino la verdadera historia de cómo el inclinación por el cine llevó a Kim Jong-il a secuestrar un director para crear películas norcoreanas de las que sentirse orgulloso.

Kim se convirtió en un apasionado del cine cuando tenía 19 abriles. Visitaba los estudios de Pyongyang para ver películas y pasar revista sets. Hasta se enamoró de una actriz, según algunas fuentes, la cual obligó a dejar a su consorte para radicar con él. En su vida coleccionaría más de 20.000 copias de películas de todo tipo, desde Elizabeth Taylor a James Bond, que solamente él estaba calificado a ver.