Cómo el restos de un vagabundo en España cambió la historia de la conflicto y engañó a Hitler

Esta es la historia de un restos sucio en una playa en el sur de Huelva y cómo ese cuerpo acabó siendo parte importante en el desenlace de la Segunda Guerra Mundial. Aquel hombre en la costa de España se convirtió en una de las grandes mentiras en el conflicto agresivo. Una que engañó al propio Hitler.

La historia da eclosión una mañana de 1943, en un día soleado en la costa española,con una playa solitaria y la presentación de un pescador a la zona donde tendría área el hallazgo. A partir de entonces, recuerden, carencia es lo que parece.

El cuerpo en la playa

Carnet del Major Martin, Wikimedia Commons

Ocurrió el 1 de mayo de 1943 al amanecer. El pescador se había acercado a la playa como todas las mañanas, pero ese día ocurrió poco inesperado. A lo remotamente parece observar un cuerpo en la orilla. Cuando llega hasta la zona el hombre descubre un restos al que parecía que lo había deslizado la marea.

Aquel hombre muerto estaba vestido con ropa marcial británica y un guindola. Además, a su flanco tenía un maletín que estaba encadenado a su cuerpo. Aparentemente la víctima había tenido un desnivel de avión en el mar, su cuerpo fue trasladado al puerto regional y poco luego fue reportado a los oficiales nazis estacionados en la ciudad de Huelva.

Luego comenzaron las investigaciones. Por sus posesiones personales lo identificaron como el Mayor William Martin, un capitán y comandante en los infantes de la acuarela positivo británica. Los agentes locales de la Abwehr (inteligencia alemana) que se encontraban allí decidieron examinar el contenido de las notas que aquel sujeto llevaba consigo.

En el interior, adjunto con los posesiones personales del tipo, los nazis descubrieron una correspondencia personal entre el teniente militar Sir Archibald Nye, vicepresidente del Estado Mayor, y el militar Harold Alexander, comandante inglés en el ideal de África. La carta describía los detalles secreto de los planes de los Aliados para invadir el zona de los nazis. Parecía que la suerte favorecía a Alemania… aunque el descubrimiento iba a resultar poco diferente para las expectativas alemanas.

Foto encontrada del militar Martin. Wikimedia Commons

Unos días luego el cuerpo fue entregado al ejército inglés y enterrado con honores militares en Huelva. Los británicos además exigieron la devolución de los documentos encontrados haciendo hincapié en la discreción oportuno a la naturaleza sensible de los mismos. El gobierno de España se vio obligado a replicar porque el país era técnicamente frío en la conflicto, aunque simpatizaban con la causa carca.

Los documentos fueron devueltos a los militares británicos trece días luego, pero no antiguamente de que los agentes de la Abwehr alemana abrieran cada una de las cartas selladas, fotografiaran todo el contenido del maletín y sellaran los sobres para no arrojar la sospecha de que el contenido de la carta había sido descubierto.

Los nazis dan por bueno el hallazgo

Un empleado de la Abwehr trabajando en el Servicio de Radio Secreta. Wikimedia Commons

Aquella evidencia fotográfica se llevó a Berlín, donde las imágenes fueron cuidadosamente analizadas. Desconfiando que pudiera ser una artimaña, la inteligencia alemana examinó los posesiones personales del oficial con todo fasto de detalles. Pero lo cierto es que sus posesiones incluían un gran número de artículos que la hacían muy positivo. Artículos preciados como una fotografía y numerosas cartas de sexo de su novia, un ocio de llaves, entradas usadas ​​hacía poco para un espectáculo en el teatro o una ejecución de hotel.

La investigación acabó sugiriendo que los artículos eran genuinos y. luego, que el Mayor William Martin y los documentos sobre su persona eran auténticos. Una segunda carta en posesión del restos -la del Jefe de Operaciones al Comandante en Jefe en el Mediterráneo- contenía un texto que indicaba que el Mayor Martín llevaba una carta demasiado sensible para ser enviada a través de los canales normales, de ahí la condición para que volara.

Por tanto, las potencias del Eje habían tropezado con una información extremadamente valiosa de la que no tenían conocimiento los Aliados. Una carta que indicaba exactamente qué playas de las potencias del Eje necesitarían aumentar para repeler a los invasores aliados. El documento además discutía detalles secreto de la “Operación Husky”, un plan unido secreto para invadir la Europa carca a través de Cerdeña, Córcega y Grecia. Por posterior, además se describía un plan para preparar un fingido ataque a Sicilia -el área donde Alemania esperaba que los Aliados atacaran- como una forma de alejar a las fuerzas alemanas del área positivo donde iba a tener área la invasión.

La carta acabó en manos de Hitler, quién dio luz verde a la hecho sobre la almohadilla de la información revelada. Así, el 12 de mayo se envió una orden donde todo lo relacionado a Cerdeña tenía prioridad sobre lo demás. Los alemanes desviaron un gran número de defensas desde Sicilia hasta los puntos indicados de entrada hostil, incluyendo una batallones adicional de las SS, varias divisiones Panzer, Patrulleros o dragadores de minas.

Sin confiscación, cuando llegó el día del ataque, todo estaba relativamente tranquilo en las playas de Cerdeña, Córcega y Grecia. Los alemanes se habían tragado un bulo, un patraña pulido y diseñado para alejar las defensas nazis del efectivo objetivo unido: Sicilia.

Y por si había alguna duda, el Mayor Martín, el restos incompatible en la playa, en absoluto existió.

Operación carne picada

La loca idea de plantar falsos documentos militares sobre un hombre muerto y dejarlos caer en manos de los alemanes fue concebida por el teniente Ewen Montagu en la inteligencia naval británica. En efectividad, su plan era una variación de una idea preliminar propuesta por el teniente de aviación Charles Cholmondeley, del servicio de contrainteligencia MI5.

Cholmondeley había sugerido que una radiodifusión podría ser colocada adjunto a un soldado muerto cuyo paracaídas debía ser colocado de forma que pareciera poseer fallado, lo que proporcionaría a los aliados un canal para la desinformación al enemigo. Ocurre que su plan se consideró poco práctico, así que se decidieron por la “obra” de Montagu, un plan al que llamaron operación Mincemeat.

¿Cómo lo hicieron? Lo primero que hizo el equipo de Montagu fue conseguir el cuerpo de un hombre de 34 abriles que había muerto recientemente por pulmonía y cuyos pulmones ya contenían licor como el de un hombre abortado. La comunidad del fallecido concedió permiso para usar el cuerpo con la condición de que la identidad del hombre nunca fuera revelada.

A medida que aquel cuerpo esperaba congelado su momento para la hecho, la vida ficticia del Mayor William Martin fue fabricada con todo fasto de detalles. Como vimos, el restos tendría notas que lo identificaban, llaves, cartas personales y otras posesiones.

Charles Cholmondeley y Ewen Montague. Wikimedia Commons

Con el fin de explicar por qué el hombre se encontraba encadenado a su maletín, el equipo de Montagu plantó pruebas que indicaban que el comandante Martin era un tipo distraído pero responsable, incluyendo facturas vencidas e incluso una plástico identificativa de reemplazo. Visto así, pensaron, aquel hombre podría ser la clase de persona que se encadena a un maletín atiborrado de documentos sensibles para evitar su pérdida durante el planeo.

Así, el 28 de abril de 1943, el Mayor Martin fue colocado a lado del submarino HMS Seraph en un recipiente de arma blanca distinto cargado de hielo seco. La tripulación partió cerca de la costa española donde era probable que un ciudadano del país en línea con el Eje localizara el cuerpo y lo reportara a las autoridades.

Después de dos días en el mar, el submarino surgió cerca de la costa de España a las 3:30 de la mañana. Creyendo que aquel contenedor pesado contenía un equipo meteorológico secreto, los miembros de la tripulación lo llevaron a la cubierta con mucho cuidad. Ahí, en la oscuridad, el teniente Norman Jewell, el comandante del Seraph, explicó la encargo y juró a todos los hombres secreto y franqueza.

Ese fue el momento en el que el cuerpo del comandante Martin fue sacado a la cubierta, espacio donde estaba equipado con su chaleco guindola y encadenado a su maletín. Los hombres leyeron el Salmo 39 y lanzaron el cuerpo al mar esperando que la corriente lo llevara hasta la orilla. Como además vimos en la primera parte del relato, una vez que el cuerpo fue descubierto las solicitudes de Gran Bretaña para el regreso del maletín ayudaron a completar la ilusión de que había información sensible contenida en el mismo.

El cuerpo de Martin. Wikimedia Commons

Además y con el fin de promover el patraña, Montagu hizo arreglos para que el nombre del comandante Martin fuera incluido en la venidero serie de bajas británicas que aparecían en los diarios. Cuando los documentos fueron devueltos a los británicos dos semanas más tarde, el examen microscópico reveló que los alemanes habían franco y resellado las cartas. Además, las transmisiones alemanas descifradas indicaron que los nazis estaban moviendo sus fuerzas para defender Cerdeña, Córcega y Grecia. Una aviso que provocó un breve carta al mismísimo Winston Churchill para informarle del éxito: “Mincemeat Swallowed Whole” (se han tragado toda la carne picada).

De esta forma llegamos al 9 de julio de 1943, momento en el que las fuerzas aliadas lanzaron la verdadera y positivo Operación Husky, la misma con la que golpearon el extremo sur de Sicilia.

¿Qué ocurrió? Que rápidamente conquistaron la isla encontrando muy poca resistor, regalado que la anciano parte de las fuerzas alemanas habían sido alejadas de la zona.

La situación durante las dos semanas siguientes fue surrealista, con los alemanes tratando de anticiparse a los desembarcos de Husky en Cerdeña y Grecia… que nunca llegaban. Cuando se dieron cuenta de que habían sido engañados ya era demasiado tarde, las fuerzas alemanas no tuvieron oportunidad de reagruparse con fuerza y se retiraron a Messina. En un mes toda la isla de Sicilia ya estaba bajo control Aliado.

Conclusión

Cementerio donde se encuentra el cuerpo de Martin (Glyndwr). Wikimedia Commons

El patraña de Montagu fue ejecutado a la perfección y tuvo un éxito brillante. La hecho resultó muy valiosa para la causa de los aliados, dándoles el control de una ubicación estratégicamente importante y contribuyendo indirectamente a la caída de Mussolini. Debido a la importancia de la operación, Montagu fue distinguido con la Orden Militar del Imperio Británico, e incluso más tarde escribió un compendio sobre la operación bajo el título de The Man Who Never Was.

La única duda que nos queda por resolver es la de la identidad del Mayor William Martin. Durante abriles se ha especulado y se han regalado varias investigaciones tratando de identificar su efectivo nombre. En el año 1996 fue Roger Morgan, un historiador inclinado, el que decía poseer descubierto a Glyndwr Michael como el restos que patraña a Hitler. Se trataba de un vagabundo galés que murió luego de ingerir ponzoña de rata y luego de sufrir una pulmonía. De hecho, la tumba del cementerio de Huelva lleva el nombre de William Martin y luego se ha añadido el nombre de Glyndwr Michael como inspección a su bordadura.

Sin confiscación, no todo el mundo está de acuerdo con esta lectura, principalmente porque hay piezas que no acaban de encajar. Por ejemplo el tiempo transcurrido entre la homicidio positivo de Glyndwr y la ejecución de la operación.

Sea como fuere, lo único cierto es aquel plan insólito de los británicos dejando un cuerpo a la mar para engañar a los alemanes resultó todo un éxito. Hoy, ha pasado tanto tiempo que es posible que nunca sepamos con exactitud su efectivo nombre. Y quizás siquiera precio tanto.

Su comunidad siempre supo que, como fuera que se llame, fue un héroe para su país.


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