Cómo conseguir estar menos pendiente del móvil según lo enganchado que estés

La relación que nos une a la tecnología que nos rodea debería estar siempre guiada por el principio de que nosotros la controlemos a ella, y nunca al revés. Llevar un smartphone, que es en definitiva un ordenador en miniatura, en el faltriquera nos ha amplio un mundo de posibilidades: desde conversar con el otro flanco del mundo y seguir la presente al minuto hasta formarse cualquier cosa que se nos ocurra o trabajar en cualquier sitio, en cualquier momento.

Todo son ventajas… si aprendemos a relacionarnos con nuestro móvil de una forma sana. Eso significa tener el control de cuánto y cuándo lo usamos y asimilar prescindir de él cuando queramos. Si necesitas un poco de ayuda con esto, porque te has puesto como propósito estar menos irresoluto del móvil pero te está costando cumplir, queremos echarte una mano para que lo consigas.

No, no es una suma

Empecemos aclarando algunos conceptos: el enganche al móvil, aunque positivo, no es una suma. Llamarlo así, explica aquí el psicólogo Eparquio Delgado, así crea confusión en torno a lo que es en realidad la suma, una patología psicológica formal y acertadamente definida que debe cumplir con tres factores: un patrón de uso problemático de una sustancia, un síndrome de parvedad con síntomas físicos y el avance de una tolerancia que empuja a aumentar las dosis cada vez más.

Una suma es una patología psicológica formal y acertadamente definida que cumple tres factores: un patrón de uso problemático, un síndrome de parvedad y una tolerancia que empuja a aumentar la dosis

En el caso del uso del móvil solo se cumple el primero de esos factores, el del patrón de uso problemático, pero no hay en este caso ni un síndrome de parvedad ni una tolerancia que nos haga aumentar la dosis.

Aquí entra en grupo la palabra nomofobia, el supuesto terror a dejarnos el móvil en casa que sería ese síndrome de parvedad que nos causa dejarnos el móvil en casa, quedarnos sin formación o desconectarnos de cualquier otra forma. La nomofobia no es, como la claustrofobia, por ejemplo, un concepto aceptado y estudiado científicamente, sino poco creado en un estudio demoscópico britano para estimar la ansiedad de los usuarios cuando se alejan de su móvil.

Tampoco hay una tolerancia al uso del móvil. Al igual que ocurre con internet, carencia más caer en nuestras manos le damos un uso excesivo hasta que pasada la novedad, regulamos su uso a niveles razonables. Es poco apropiado por lo tanto llamarlo adicción.

¿Cuándo es un problema?

Como decíamos antiguamente, el problema aparece cuando la tecnología te controla a ti y no al revés. Si el uso que le das a tu móvil interfiere en tus relaciones personales, si no te deja descansar lo suficiente o no puedes disfrutar de actividades que no involucren un teléfono móvil, entonces es cuando tienes un problema. A veces es tan sencillo como darse cuenta de ello y para que deje de serlo.

Para muchos padres, el problema es el enganche de sus hijos, chavales que se pasan el día con el móvil en vez de comunicarse con ellos o estudiar. Notas que caen en picado y la infracción es del móvil.

Lo más productivo en este caso es entender qué hacen los adolescentes con el móvil, porque la esencia puede estar ahí más que en el propio teléfono. No conviene olvidar que las redes sociales y de transporte es la forma corriente en la que se comunican hoy muchos jóvenes, y que aunque resulte preocupante para los padres, no tiene por qué ser poco problemático.

Eso no quiere sostener que no se deban establecer normas de uso y responsabilidades a la hora de educar a los más pequeños en el uso de estas tecnologías. Siempre será más sencillo fijar unas normas que se deban cumplir desde el principio (que no interfiera con el sueño y el estudio, por ejemplo) que intentar amurallar o cortar el uso más delante.

¿Por qué nos enganchamos?

La dopamina nos empuja a inquirir y consumir estímulos nuevos, lo que nos convierte en curiosos y nos lleva a formarse cosas nuevas

Que no se deba tachar suma no significa que no exista un enganche.
Varios estudios señalan a que la dopamina es la culpable. Esta sustancia es la que nos empuja a inquirir y consumir estímulos nuevos constantemente, lo que nos convierte en curiosos y nos lleva a formarse cosas nuevas. A su vez, los centros cerebrales del placer nos causan satisfacción cuando lo conseguimos y hacen que nos quedemos tranquilos durante un tiempo.

El problema es que el primer instinto es más robusto que el segundo, a veces lo sobrepasa o silencia, de forma que la exigencia de estímulos nuevos nunca se ve satisfecha, y eso puede meternos en un tirabuzón constante de búsqueda de novedades que no conseguimos frenar.

Y eso es poco que el móvil nos pone muy a mano. Vale un scroll para percibir nuevos tuits, ver nuevas fotos o encontrar cualquier cosa interesante en Google. Si por otra parte de eso añadimos el atractivo de acción-respuesta (subo una foto a Instagram y espero los likes de mis contactos), tenemos la tormenta perfecta para enredar todo el día echando mano a la pantalla.

Consejos para principiantes

Hemos dividido los consejos de este artículo en dos partes. Empezaremos por los consejos, digamos, light para aquellos que no consideren esto un gran desafío y simplemente quieran algunas ideas que les ayuden a diligenciar mejor su relación con el móvil.

1. Replantéate las notificaciones

Una notificación con imagen, sonido y tembleque es una indicación de atención atractivo, y allí acude la tuya cada vez que entran. Si tienes varias redes sociales activas, eso puede ser con una frecuencia excesiva.

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Dedica un momento a pensar si necesitas asimilar en qué momento tus contactos dan like a tu última foto de Instagram y si la respuesta no es “inmediatamente” (en cuyo caso te recomendamos sobrevenir al segundo división de consejos), piensa si no estarías mejor desactivándolas, o al menos quitándoles el sonido y la tembleque.

2. El móvil, boca debajo o fuera de la sagacidad

Si cumples con el paso precursor y silencias todas las notificaciones que no sean imprescindibles, proxenetismo todavía de dejar el móvil en un sitio o posición en el que no veas la pantalla mientras estás haciendo otras cosas. Así oirás si entra poco que consideres tan relevante como para dejarle el sonido activado, pero no estarás desviando la sagacidad cada vez que se ilumine la pantalla.

3. El modo noctívago todas las noches

Una cosa absurda es que el móvil te finta tiempo o calidad de sueño, poco que puede ocurrir si lo tienes vibrando o encendiéndose unido a tu cara por las noches. Activa el modo noctívago antiguamente de tumbarse y déjate de whatsapps mientras duermes.

4. Déjatelo en casa de vez en cuando

Pocas cosas hay tan urgentes que no puedan esperar un rato, así que prueba a salir de casa de vez en cuando sin el móvil. Verás como con la costumbre la experiencia pasa de ser poco angustiosa a totalmente liberadora.

5. Acostumbra a tus contactos

Todos tenemos un amigo que a veces tarda horas en reponer a un mensaje. Sabemos que es así y nos acostumbramos. Si tenemos poco urgente que decirle probamos llamando, pero si no, lo aceptamos tranquilamente y no pasa carencia. Si te lo propones, tú puedes ser ese amigo. Solo tienes que acostumbrar a tus contactos a que tus respuestas pueden demorarse, y no pasará carencia.

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6. Algunas apps pueden ayudarte

Forest es mi favorita. Selecciona el tiempo en que quieres estar sin mirar el móvil, y si lo consigues, habrás hecho aparecer y crecer un bello arbolito. Actívala de nuevo y cultiva un pequeño bosque cada día. Por cada árbol ganas por otra parte unas monedas y cuando juntas suficientes puedes comprar una especie distinta de árbol para que tu bosque sea más variado. Existen otras apps basadas en el mismo concepto, examen la que más te guste.

Consejos para enganchados recalcitrantes

Si has probado con todo lo precursor y no hay forma porque tu enganche es más robusto, te proponemos algunas ideas más, a ver si conseguimos ayudarte.

1. Pasa del modo noctívago, ve directo al modo avión

El modo avión dejará tu móvil totalmente desconectado: ni una notificación, ni una indicación, carencia. Apuesta por ello por las noches y todavía durante las comidas, así no estarás irresoluto del teléfono.

2. Evita admitir el móvil encima

Si para ti ponerlo boca debajo no es suficiente, evita incluso llevarlo encima. Búscale un sitio en la oficina o en tu casa y déjalo allí mientras permanezcas en ellas. Así no sentirás la tentación de echarle un vistazo cada tres minutos.

3. Busca otros dispositivos

Si utilizas el móvil todavía como reproductor de música, volumen electrónico o consola, deja de hacerlo. Aunque sea un poco más engorroso, utiliza otros dispositivos para escuchar música, percibir o envidiar, y así evitarás distracciones si te llega una notificación mientras estás haciendo esas actividades.

4. Borra las aplicaciones inútiles

Reduce la capacidad de distracción de tu móvil borrando las apps que no son en realidad avíos: apps de compras, juegos, de fotos con miles de filtros… Cada uno tenemos las nuestras, y aunque pueden ser interesantes, si lo que quieres es aminorar el tiempo que pasas mirando a la pantalla, haz inocencia a fondo.

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5. Llama en vez de escribir

Utilizar el teléfono en vez de escribir parece poco del pasado, pero de hecho tachar es una buena forma de aminorar el tiempo y la atención que dedicamos al móvil. En vez de escribir y estar irresoluto de la respuesta que puede dar pie a una conversación más prolongada, coge el teléfono, pira y zanja el asunto en unos pocos minutos.

6. Dale tu teléfono a otra persona

Lo ideal es que consigas controlar el tiempo que pasas con el teléfono tú solo, pero si te cuesta, sobre todo al principio, pídele a alguno (tu pareja, tu compañero de trabajo o tus padres) que te eche una mano custodiándote el teléfono durante varias horas al día.

Fotos | iStock
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