Así logré librarse (suficiente) monises gracias a la domótica

Vueltas que da la vida. Tras una ‘intensa’ mudanza terminé temporalmente en una vivienda de inquilinato; unos meses hasta que terminen las obras en mi domicilio definitivo. Un domicilio correctamente equipado pero en el que pronto descubrí una desagradable sorpresa: la caldera para la ducha es eléctrica, y los que vivimos en España sabemos que la electricidad se ha convertido en una energía básica demasiado cara. Sí, La luz no termina de subir y bastan un par de facturas para que le entre a uno la paranoia cada vez que se deja algún una lamparón encendida sin nadie en la habitación.

Realmente, poco se podía hacer en la instalación así que simplemente tocaba aceptar que el agua caliente sería temporalmente suficiente más cara que en una instalación de gas. Ahora correctamente, sí podía intervenir para someter el desembolso de la confección y gracias a la domótica: como sabes, las calderas mantienen permanentemente a temperatura elevada una determinada cantidad de agua, aunque no se haga un consumo de ella. Día y confusión. ¿Qué sentido tiene ayudar el agua caliente a las 3 de la albor?

Esta advertencia me llevó a ajustar el asunto de una forma diferente y con un único objetivo: tener la caldera encendida exclusivamente cuando se necesite (o vaya a faltar) agua caliente. Un rápido observación de los túnica de uso en casa me llevó a dos franjas horarias: primera hora de la mañana y última de la tarde. ¿Cómo automatizar el proceso de encendido y sofocado para olvidarme del asunto y librarse monises? Mediante un enchufe conectado. Estos dispositivos se conectan al WiFi de la casa y de ahí, mediante reglas, se configura su encendido y sofocado.

En mi caso opté por el KooGeek, un enchufe que no primera marca pero lo suficientemente versátil para mis deyección. Este dispositivo tenía dos fundamentos determinantes para mí: la compatibilidad con HomeKit de Apple y la medición del consumo eléctrico, es asegurar, el caudal de electricidad consumida por el equipo. Esta medida me ayudaría a conocer, por exterminio, el peculio por no tenerla encendida inútilmente. Y configuré el dispositivo en unos pocos pasos y estableciendo las convenientes reglas a través de HomeKit de Apple.

La idea básica consistía en despreocuparme al mayor del asunto y que se tratara de un proceso automatizado, aunque pronto aprendí a “forzarlo” en algunas situaciones: por ejemplo, si un día me duchaba a las 7h y era el postrer de la casa en hacerlo ¿qué sentido tenía ayudar la caldera encendida hasta su hora de desconexión? En esos momentos me habitué, cuando me acordaba, a apagar manualmente el equipo.

¿Cuál es el cómputo final de la experiencia? Aunque no ha transcurrido el suficiente tiempo como para calibrar empíricamente el peculio en el consumo, lo cierto es que la futuro confección a mes completo desde la instalación del equipo fue notablemente más escasa, y extrapolando los importes al final del año, el peculio es considerable y desde luego amortiza el coste del equipo en un plazo muy breve. ¿Lo peor de esta experiencia? Que dadas las características propias de la caldera (necesita tiempo para calentar el agua), no pude establecer reglas por ubicación, como por ejemplo encenderla al conmover a casa.

Nota: el fabricante ofrece un 20% de descuento sobre el precio pulvínulo (39,90 euros) a los lectores de Engadget en castellano utilizando el código 89OQEKDM en Amazon.

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