Annabel Jones, productora de ‘Black Mirror’

¿Son visionarios? ¿Consumidores de alucinógenos? ¿Mentes retorcidas sin más? Es una pregunta recurrente que nos hacemos sobre los creadores de las ideas para cada capítulo de ‘Black Mirror’, que estrenará su cuarta temporada en Netflix a el 29 de diciembre de este año.

Tuvimos tiempo para sentarnos con varios de esos responsables de ideas locas: Charlie Brooker, creador y escritor de ‘Black Mirror’, y Annabel Jones, productora.

La primera pregunta era sobrado obvia, ¿no?

Cualquier parecido con la ingenuidad es una mera casualidad

Un espacio en el que seguir viviendo y socializando luego de la asesinato (“San Junípero”), un primer ministro teniendo relaciones sexuales con un desaseado mientras se retransmite por televisión en todo el mundo (“Himno Nacional”) o un familia de abejas robóticas causantes de un holocausto (“Odio nacional”). Son algunas de las premisas ya exploradas en anteriores temporadas de Black Mirror.

¿De dónde viene la inspiración para estas distopías? Nos asegura Charlie Brooker, creador de la serie:

No recurrimos a los periódicos o leemos titulares para inquirir cómo sería el enfoque Black Mirror de una nueva. Cuando hicimos “Waldo” acabó pareciendo inconscientemente que cubríamos lo que estaba pasando con Trump, pero fue por desnivel. La ahora no es nuestro punto de partida para las historias, aunque sí nos da cierto contexto de en torno a dónde podríamos dirigirnos.

Nos reconoce que el punto de partida es una pregunta en torno a ellos mismos: “¿qué no hemos hecho todavía?” En el caso de la nueva temporada, por ejemplo, veremos un episodio por primera vez totalmente en blanco y infeliz (“Metalhead”) y otro que tiene espacio en el espacio (“USS Callister”). “Y eso no lo habíamos hecho hasta ahora, así que misión cumplida”, sonríe Charlie.

“Nadie podría trabajar a gusto en Black Mirror si no le gustase la tecnología”, Charlie Brooker

“La cosa es que no acabemos haciendo historias predecibles. Y para eso está la variedad”, añade Annabel Jones, productora de ‘Black Mirror’. Continúa: “La anterior temporada nos hizo ganar confianza para probar cosas nuevas y nos dimos cuenta de que ‘Black Mirror’ no tiene que ser siempre nihilista o distópico”.

Ante la pregunta de si no tienen miedo de sentirse profetas del mundo a través de una serie de televisión, uno y otro se miraron a los fanales y fue Annabel la que respondió:

No estamos tratando de predecir el futuro, incluso aunque lo consigamos por desnivel (risas). Tratamos de contar historias interesantes y para ello hace error que parezcan relevantes, supongo.

Trabajar en ‘Black Mirror’: forenses tecnológicos

Gran parte del éxito de ‘Black Mirror’ tiene que ver con lo realista que parecen las historias que cuentan. Además del poso más filosófico o trascendental que plantean, es raro que ningún episodio no nos deje con esa sensación de que lo que hemos gastado puede terminar pasando en el mundo existente.

Y según nos confiesa Charlie Brooker, la tecnología, que es el eje impulsor de todas las tramas (‘Black Mirror’ se refiere al cristal infeliz de todo dispositivo que tenga una pantalla), juega un papel crucial:

Gran parte de nuestro trabajo es, en ingenuidad, diseño de producto. Nos involucramos mucho en el aspecto de los dispositivos, de las interfaces que los personajes usan porque, al final, lo que queremos es que, incluso aunque sean dispositivos utópicos o muy futuristas, que sigan la razonamiento de cómo serían si fueran reales. Por ejemplo, en el nuevo episodio “Arkangel” vemos un dispositivo que es muy high tech, pero la forma en la que los personajes acceden se siente muy ordinario, es como una especie de iPad, no como una tablet transparente desde la que salen hologramas y cosas que no existen.

Black Mirror Arkangel

Y Annabel apunta:

Queremos que los dispositivos se sientan auténticos. Si mostráramos una tecnología ostentosa o difícil de comprender, no empatizarías tanto ni con los dispositivos ni con lo que estamos contando. Todo lo que mostramos lo analizamos como si fuéramos forenses.

¿A qué se refiere con “como si fuéramos forenses? “Pasamos mucho tiempo analizando interfaces reales y cómo podrían ser en el futuro que presentamos”, asegura Charlie. “Nadie podría trabajar a gusto en Black Mirror si no le gustase la tecnología”.

“Si mostráramos una tecnología ostentosa o difícil de comprender, no empatizarías tanto ni con los dispositivos ni con lo que estamos contando”

En la variedad está el gozo

Black Museum Black Mirror

Annabel nos vende la cuarta temporada de Black Mirror como una en la que habrá “gran variedad de historias, tonos y géneros”. Aparte del citado episodio basado en el espacio (cuya inspiración cultural queda sobrado clara, ¿verdad?), o del capítulo en blanco y infeliz (que, encima, será el más corto de todo Black Mirror hasta la vencimiento), hay una historia (“Arkangel”) que dirige Jodie Foster.

Según Charlie Brooker:

Es un episodio que tournée en torno a la idea de la relación que tenemos los padres con la tecnología y nuestros hijos, y lo tentador que sería poder usar el dispositivo que se ve en el episodio. Parece invencible, de hecho. Creo que todos podemos imaginarnos con ese dilema de usarlo o no usarlo, pero acabaríamos encontrando un motivo para hacerlo. Y Jodie lleva siendo un personaje manifiesto desde que tenía 3 o 4 abriles, así que tenía mucho sentido que se encargara ella de dirigirlo.

Sin hacer spoilers, podemos ir en cabeza poco sobre el resto de episodios: hay uno figura en Islandia que negociación sobre un dispositivo que permite ceder a tus saludos puros (“Crocodile”), otro sobre lo que podría ser el futuro Tinder (“Hang the DJ”) y otro con el formato tres historias en un capítulo (“Black Museum”), como ya exploró el peculiar de Navidad “White Christmas”.

Así que, sí, la cuarta temporada de ‘Black Mirror’ es más variada, pero sus seis nuevos episodios no dejan de golpearnos con futuros distópicos que algún día pueden hacerse ingenuidad, aunque sea por desnivel como apuntaba Annabel. Y eso es lo inquietante.

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