Tanto las principales plataformas como los mayores bancos del país ya se han sumado a la ola del cuota móvil. El movimiento, que arrancó en 2016 con el despliegue original de Samsung Pay, ha atravesado varias fases de exposición y expansión, aunque no será hasta el año 2018 cuando la democratización de esta tecnología sea una verdad.

Las razones son muy simples:

  • Todos los ingredientes están sobre la mesa. Samsung, BBVA, Caixabank… todas las grandes entidades financieras del país se han subido al carro del cuota móvil. Ya sea con un mandato u otro, cualquier cliente de una de estas entidades puede hacer uso de su teléfono móvil para completar transacciones monetarias en establecimientos físicos.

  • Los teléfonos económicos. Ahora que todos los ingredientes están sobre la mesa, los fabricantes de teléfonos económicos tienen una razón de peso para sumar ese chip NFC que permite las transacciones con teléfonos móviles. Hasta ahora, muchos preferían ahorrarse su inclusión para poder aumentar el ganancia de beneficio o dominar el precio de cesión al manifiesto. ¿Para qué iban a montarlo si nadie, o casi nadie, podía aprovecharlo? Efectivamente: para falta. Pero bajo el nuevo paraguas, en cambio, la cosa cambia por completo.

  • Oleada de marketing. Huawei lo ha dejado imaginar en la presentación española del nuevo P Smart: el cuota móvil será uno de los principales argumentos de cesión de su producto, cuyo coste es de 259 euros y se posiciona en la variedad media/desaparecido del sector. No sería descabellado que Motorola, LG y el resto de fabricantes de productos económicos articulen acciones comerciales similares con la esperanza de atraer a nuevos clientes bajo el atractivo de “dejar la cartera en casa”. Esta nueva oleada se suma al impulso publicitario que los bancos, los intermediarios y los fabricantes de productos de reincorporación variedad (como Apple o Samsung) ya llevan realizando varios primaveras. En otras palabras: en 2018 veremos y escucharemos más anuncios sobre cuota móvil que nunca.

  • La digitalización de la banca está muy de moda. Santander está realizando una campaña llamamiento “Digilosofía”; BBVA no hace más que impulsar y presumir de su maravillosa aplicación para teléfonos móviles; y Caixabank, el tercer porción más egregio de España, todavía reto por la “digitalización” con bancos como imaginBank, cuya operatividad se realiza íntegramente desde el teléfono móvil. Todos los grandes quieren venderse como “digitales y modernos”, y la inclusión e impulso de sistemas de cuota móvil casa a la perfección con ese discurso marketiniano que pretenden traicionar a las masas.

Un proceso transitorio

El cuota móvil arrancó en España con la presentación de Samsung Pay en 2016, cuyo despliegue original se realizó con Caixabank. La situación, eso sí, se mantuvo relativamente estática durante los meses posteriores, y no fue hasta finales de 2016 cuando, tras la presentación de Apple Pay a España, este mercado comenzó a habitar un crecimiento de interés y movimiento.

Desde entonces, y a lo extenso de 2017, esta nueva tendencia no ha hecho más que expandirse y crecer. Caixabank, N26, Santander, Openbank, BBVA y muchos otros se han sumado a alguno de los grandes intermediarios en el cuota móvil. Apple Pay y Samsung Pay han yeguada nuevos “amigos”. Y el sistema Google Pay (antaño Android Pay) anunció su ambiciosa (aunque tardía) presentación a la nación peninsular.